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Red Internacional
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DEBATE DE INVESTIDURA. Cuatro claves sobre Pedro Sánchez, Podemos y una investidura imposible

El elegido por el rey para intentar formar Gobierno se mostró convencido de que “no hay mayoría suficiente en este Parlamento para sumar un Gobierno de izquierdas”. Por ello, reclamó el apoyo a un “Gobierno del cambio y del diálogo”. Un discurso dirigido a Podemos que, sin embargo, no impedirá que el intento termine en un fracaso.

Diego Lotito

Diego Lotito @diegolotito

Miércoles 2 de marzo de 2016

Foto: EFE/JAVIER LIZÓN

1. En su discurso de investidura Sánchez recibió muchos aplausos, pero sólo de los suyos (incluida una buena parte, aunque no toda, de Ciudadanos). Por ello quizá encontró un momento para adular públicamente a su precario socio Albert Rivera, agradeciéndole “por su valentía y coraje”.

Sánchez buscó presentar su programa de gobierno pactado con Ciudadanos como un acuerdo “progresista”. Una operación poco creíble, no sólo porque sus socios son un engendro incubado por el Ibex-35 y defensores de una doctrina económica aún más neoliberal que la del PP. Sino porque el propio PSOE tampoco representa una opción progresista. Habló de negociaciones con Bruselas para graduar “el ritmo de reducción de déficit”, renuncias que “el ajuste se haga recortando más los gastos sociales”, reforma fiscal, y los típicos lugares comunes: planes de “emergencia social” y lucha contra la pobreza energética”, “plan de choque” contra el desempleo, medidas “contra el sobre endeudamiento y los desahucios”, y por supuesto, lucha contra la corrupción. Pero a las palabras bellas siguieron los límites: derogación de sólo cuatro puntos de la última reforma laboral (lo que incluye el abaratamiento del despido); eliminación de los “aspectos regresivos” de la Ley Mordaza manteniendo su articulado; una abstracta “revisión” del marco de relaciones entre iglesia y Estado; reforma constitucional para fortalecer la “estructura federal”, pero sobre la base de la defensa de la Constitución, la ley y la unidad de España. Por ello, a pesar de toda la monserga del “cambio y el progreso”, Sánchez convocó casi explícitamente a un voto por “el mal menor”: “hasta la peor de las medidas propuestas en nuestro acuerdo con Ciudadanos es mejor que un Gobierno de Rajoy”. Aunque un programa que en un 80% fue redactado por Ciudadanos difícilmente pueda llamarse un “mal menor”.

2. De todos modos, debatir sobre las propuestas del tándem PSOE-Ciudadano carece de sentido. Porque la investidura de Sánchez en los términos planteados en este primer debate es imposible ya que todo el resto de la Cámara ya anunció que le dará un portazo (el miércoles… y el viernes). El mismo Sánchez asume la derrota inevitable de esta primera sesión. Entonces ¿para qué se presentó al debate? “Si estoy aquí es porque no entendí el encargo del jefe del Estado como una invitación, sino como un deber ineludible”, dijo en su discurso. Pero esa es la explicación políticamente correcta.

Sánchez ha intentado un triple objetivo concatenado. Por un lado, “poner a Podemos ante sus contradicciones”, como dijo un dirigente muy próximo a la baronesa andaluza, Susana Díaz. Una operación que ya está claro que no dio resultado. Frustrada la vana esperanza de Sánchez de lograr la abstención de Podemos (y por supuesto también la del PP, una

hipótesis que no era del todo descartable

. Especialmente por sus propias debilidades como representantes de “lo nuevo”.

A diferencia del viejo reformismo de los ’70, como el que encarnó el PCE de Santiago Carrillo o el PCI de Berlingher –dos figuras a las que tanto Iglesias, Errejón como Garzón admiran-, ninguna de las dos formaciones neorreformistas tiene el encaje social que tenían los viejos partidos eurocomunistas. Un peso orgánico en el movimiento obrero y popular que fueron una baza fundamental para orquestar los “compromisos históricos” y negociar con los poderes fácticos para salvar por la vía reformista al capitalismo español, italiano y europeo.

Si todas las negociaciones que aún quedan por delante fracasan, el Estado español se abocará a nuevas elecciones, con lo cual se extenderá la crisis de los de arriba. Un interregno en el que los padecimientos de los de abajo, la mayoría obrera y popular del país, continuarán.

En ese marco, los trabajadores, trabajadoras y jóvenes que votaron a Podemos e Izquierda Unida con expectativas de “cambio” verán sus expectativas frustradas nuevamente. Por ello, si verdaderamente se proponen conquistar todas sus reivindicaciones sociales y democráticas, deberán plantearse la necesidad de retomar aquello que desde el Ibex-35, hasta el PSOE, Podemos y los sindicatos pretenden conjurar: la lucha en las calles, las fábricas, las escuelas y los barrios.

Una lucha opuesta a la “segunda Transición” que proponen Podemos e Izquierda Unida y que, si se plantea con los métodos de la lucha de clases y no las negociaciones de palacio, podría ser la base para la apertura de un proceso constituyente libre y soberano, en el que se pueda debatir todo y decidir todo.


Diego Lotito

Nació en la provincia del Neuquén, Argentina, en 1978. Es periodista y editor de la sección política en Izquierda Diario. Coautor de Cien años de historia obrera en Argentina (1870-1969). Actualmente reside en Madrid y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.

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