Se trata de un nuevo paso en la recomposición de las relaciones bilaterales, terminando con la histórica política norteamericana de fomentar la migración ilegal. No obstante, se mantiene la Ley de Ajuste Cubano de 1966.
Viernes 13 de enero de 2017
El recalentado proceso de traspaso de mando en Estados Unidos no deja de escalar. A pocos días de dejar la Casa Blanca, la administración Obama firmó el jueves 12/1 un histórico acuerdo migratorio con el gobierno de Raúl Castro.
El nuevo pacto consumió más de un año de largas negociaciones, desde que se restablecieron oficialmente las relaciones bilaterales entre ambos países. El mismo pone fin a la política norteamericana, conocida como de ‘pies secos, pies mojados’, que desde 1995 otorgaba la residencia provisoria inmediata a todo inmigrante cubano que pisara suelo estadounidense.
Desde aquél entonces el gobierno cubano reclamaba terminar con esa política destinada a desestabilizar la situación política de la isla. En este sentido, la directora para EE.UU de la Cancillería cubana, Josefina Vidal, saludó el acuerdo como "un importante paso en el avance de las relaciones bilaterales … dirigido a garantizar una migración regular, segura y ordenada".
La nueva norma también elimina el programa Parole, introducido en 2006 por el gobierno de G. W. Bush, que aceptaba profesionales cubanos que estuvieran residiendo en el exterior y quisieran exiliarse en EEUU. Se pretendía atacar las Misiones de salud y educación que desarrollan profesionales cubanos en la región, y alentar la fuga de cerebros de la isla.
Por su parte, Cuba se compromete a recibir a sus nacionales deportados por tratar de entrar ilegalmente a EE.UU., así como a "garantizar el derecho a viajar y emigrar de los cubanos y de regresar al país", tal y como establecen la leyes migratorias vigentes en Cuba tras la reforma implementada por Raúl Castro en 2013 que eliminó el "permiso de salida" y otorgó la posibilidad de retorno a quienes dejaron la isla de manera ilegal.
Trump
Sin embargo, hay dudas de si este nuevo acercamiento pueda sobrevivir a partir de que este 20 de enero asuma el gobierno Donald Trump. El electo presidente norteamericano, como parte de su política xenófoba y racista coincidiría con poner coto a los beneficios migratorios a los cubanos.
Para el presidente de la Academia de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard, Jorge Domínguez, la decisión, quizás la última de la Administración de Barack Obama respecto a Cuba, es "perfectamente consistente con las prioridades migratorias de Donald Trump", que incluso ha expresado su intención de revocar la Ley de Ajuste Cubano, creada en 1966 para dar asilo a los cubanos que huían de la Revolución.
Pero a la vez, el magnate no se ha cansado de manifestar su oposición a las medidas que viene tomando la administración demócrata que han suavizado el bloqueo económico y retomado relaciones diplomáticas después de décadas. Aferrado a la vieja política agresiva contra Cuba, exige que cada paso de relajación, debe estar acompañado de “cambios en el régimen político y los derechos humanos”.
Obama
Al igual que todas las medidas que ha ido tomando el gobierno de Obama respecto a Cuba, el acuerdo migratorio constituye un cambio histórico e implica el abandono de la fracasada estrategia de agresión y ahogo permanente a la isla para imponer el tan ansiado “cambio de régimen”, y la remplaza por una estrategia negociadora que implica un reconocimiento a la burocracia gobernante, para llegar al mismo objetivo, la vuelta al capitalismo y la sumisión al imperialismo.
Al mismo tiempo, y habiendo tenido las herramientas para hacerlo pese a la oposición republicana en el parlamento y el fuerte lobbie anticubano, Obama mantuvo el bloqueo económico que causó pérdidas económicas calculadas en torno a los 100.000 millones de dólares, la base militar ilegal de Guantánamo, y las exigencias sobre “cambios políticos” y “derechos humanos” que no son otra cosa que un chantaje a Cuba.
La Ley de Ajuste Cubano, eje de la política norteamericana hacia Cuba en asuntos migratorios, se mantiene y no será su administración la que deba emitir las 20.000 visas comprometidas en los nuevos acuerdos, y que en verdad habían sido pactadas en los acuerdos de 1994 y 1995 y los distintos gobiernos demócratas y republicanos nunca cumplieron.
De hecho, la presión migratoria desde Cuba viene en aumento y será un desafío para el nuevo gobierno. Ante el temor de que EE.UU. eliminara los beneficios migratorios, la llegada de cubanos a ese país se ha disparado en los últimos años: más de 63.000 emigraron el pasado año, mientras que en 2015 lo hicieron unos 43.000, un 78 % más que en 2014, la gran mayoría a través de la frontera con México.
La presidencia de Trump, aún antes de comenzar, se sigue llenando de problemas difíciles de resolver.