La segunda obra social más grande del país se cae a pedazos. Adultos Mayores es una de las áreas más comprometidas. Hablan cuidadoras domiciliarias y trabajadoras del Instituto.
Jueves 12 de mayo de 2016
Foto: Big Bang news
Nancy y Graciela son cuidadoras domiciliarias de adultos mayores. No son empeladas de IOMA pero trabajan para la obra social de los empleados públicos bonaerenses. En la puerta de la sede central del instituto, en la ciudad de La Plata, y luego de peregrinar por trámites siempre imposibles, hablan con La Izquierda Diario.
¿Cuál es la situación de servicio de Cuidadores Domiciliarios para afiliados de IOMA?
Nancy- La situación es de mucha precariedad. La mayoría somos mujeres que nos dedicamos al cuidado de adultos mayores, que hemos realizado los cursos como cuidadores, otras somos auxiliares en enfermería o asistentes en geriatría. Estamos cobrando con mucho atraso. La anterior gestión aducía esto a problemas con impuestos (monotributo, ingresos brutos) y recaía sobre nosotros la falta de pago.
Trabajamos con una autorización que emite IOMA para el afiliado. Con ella facturamos, entonces debemos ser monotributistas. Con esto se evita la relación de dependencia real. No tenemos vacaciones, ni obra social, ni ART. Es una forma de no hacerse cargo.
Mediante la resolución 5830/15 del Instituto se establece un máximo de 12 horas de lunes a sábados y lo que ganamos son $ 11.500. No nos pagan ni domingos, ni feriados. En el mejor de los casos las familias de los afiliados costean esto. Y el IOMA recién a partir de octubre de 2015 nos paga $ 40 la hora. Una miseria.
Graciela- Vivimos diariamente una odisea para poder cobrar. Las facturas se entregan en la sede de calle 6 entre 54 y 55. Llegan a esta sede central y en el 9° piso se liquida. Ahí al día de hoy llevan hasta 90 días de atraso.
Estamos organizándonos para reclamar de manera conjunta, porque en este piso a cargo de Nicolás Quinteros y la jefa de departamento María del Carmen Chiroli, que responden al Director General de Prestaciones de la nueva gestión de Nils Picca, nos piden “paciencia”, ya que con tan solo dos liquidadores es imposible por la cantidad de trámites que se haga en tiempo y forma.
Estamos cansadas de ir semanalmente. Ellos tienen que ocuparse de tener el personal necesario. Esto mismo lo hemos planteado en el Directorio de la obra social y siguen sin dar respuesta.
Una vez que ponen el número de remito en el piso 9° nuestros papeles van al 4° piso. Otros quince días o más de demora para la orden de pago. Cuando esto sucede, es el 5° piso quien libera esos pagos… ¿Y nuestras cuentas? Desde que se inicia el circuito de facturación hasta el cobro transcurren mínimo 60 días.
Pagamos alquileres, tenemos hijos a cargo y ¡pareciera que estamos pidiendo un favor! ¡Trabajamos y queremos que nos paguen!
Ambos testimonios pueden repetirse por decenas cada mañana con solo pararse a escuchar en las colas del 4°, 5° o 9° piso de la sede central del IOMA. Graciela y Nancy, como muchas otras mujeres y hombres prestadores de servicios para la obra social, están hartas de tanta burocracia administrativa, de tanto desinterés por parte de las autoridades que no proponen soluciones de fondo para este problema.
Voces del otro lado del mostrador
No son gerentes ni parte del directorio. Son trabajadoras de la obra social, muchas de ellas precarizadas también, que día a día ponen la cara ante los reclamos legítimos de afiliados y prestadores como las cuidadoras domiciliarias. La Izquierda Diario también conversó con ellas, preservando sus nombres por obvias razones.
¿Cómo viven esta situación ustedes cotidianamente?
¿Qué tipo de salida se le podría dar esta situación?
Y obviamente los afiliados que financian íntegramente la obra social también deben ser parte de la administración.