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Red Internacional
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OPINIÓN. Cursillo de demagogia: Pedro Sánchez y su “giro a la izquierda”

El ex líder del PSOE, y actual candidato a volver a serlo, sorprende con un supuesto “giro a la izquierda” en el que declara que el enemigo es el neoliberalismo.

Pere Ametller @pereametller

Sábado 25 de febrero de 2017

Foto: EFE

Pedro Sánchez fue defenestrado por los dirigentes del PSOE por querer mantener el “NO” a la investidura de Rajoy. Como él mismo denunció se trató de una maniobra que iba más allá del propio PSOE y en la que intervinieron los poderes fácticos del mundo de la gran empresa y los medios de comunicación.

Actualmente prepara su vuelta para liderar el PSOE. Para ello ha realizado varios actos con militantes del partido en diferentes ciudades. Recientemente ha presentado su proyecto en un acto en Madrid titulado “Por un PSOE autónomo, de izquierdas, coherente y creíble”.

En el documento presentado, denominado “’Somos Socialistas. Por una nueva Socialdemocracia”, se intenta vender la idea de un proyecto socialdemócrata renovado. Se admite el fracaso de la socialdemocracia y se entiende a los fenómenos como Ocupy Wall Street, Podemos, el 15-M o Syriza como una respuesta a los brutales ataques del neoliberalismo. No obstante, argumenta, estas no son respuestas creíbles ni factibles.

El documento es una recopilación de todas las buenas intenciones de la socialdemocracia de siempre. Ahora bien, y como era de esperar, a la hora de explicar cómo se alcanzaran todos estos objetivos niega el enfrentamiento con los capitalistas: “nuestra visión estratégica se centra en este período de transición. La transición hacia una sociedad postcapitalista ni será repentina, ni será violenta llevándose por delante el orden democrático; no es necesaria una revolución: lo que es necesario es favorecer a través de un régimen democrático enriquecido con mayor participación y capacidad de debate ciudadano, las reformas necesarias para que la propia realidad social camine en la dirección adecuada.”

La negación de la revolución es una de las características más importantes de la socialdemocracia, y uno de los principales vasos comunicantes de ésta con los nuevos fenómenos políticos de la izquierda reformista surgidos en estos años. A la hora de la verdad todas las medidas sociales que propone Pedro Sánchez son inaplicables en su conjunto y hasta el final bajo el régimen capitalista. De hecho, él mismo no ha podido ni evitar que su partido diese el gobierno a su máximo rival político, tal como define el documento.

No existe, ni puede existir, la plena democracia que propone Sánchez cuando una minoría de la población, en torno al 1%, controla la mayoría de los recursos económicos. Y como ya se ha demostrado en innumerables ocasiones a lo largo de la historia, como aquí en 1936, la burguesía siempre responde violentamente cuando se empieza a acabar con sus privilegios se ven seriamente amenazados.

Los que niega la revolución son cómplices de los capitalistas.. Y en el mejor de los casos, en épocas de crecimiento económico, redistribuyen pírricamente la riqueza sin solucionar nunca los grandes problemas del paro, la pobreza y las condiciones laborales. Cuando las cosas se ponen peor, como en 2008-2011, acaban aplicando las “únicas políticas posibles” para evitar el caos económico -salvar a los capitalistas a nuestra costa. Y si se desata la temida revolución hacen frente único participan activamente en aplastarla sangrientamente, como hicieron los socialdemócratas alemanes asesinando a Rosa Luxemburgo en 1918 o en el Estado español, junto a los estalinistas y republicanos, contra la revolución española en 1937.

De todas maneras esto no es nada nuevo, las derechadas del PSOE no constituyen “desvíos” en su política sino su ADN como representantes de los capitalistas desde el inicio de la democracia para ricos del 78. ¿Es verosímil esperar un “giro a la izquierda” del PSOE? Evidentemente no.

Solo hace falta tener un poco de memoria: Felipe González nos trajo la reconversión industrial, el terrorismo de Estado con los GAL, la entrada en la OTAN, las privatizaciones y reformas laborales regresivas. Zapatero en los inicios de la crisis aplicó sin paliativos las mimas recetas que el resto de gobiernos de la UE, rescatando a la banca, aplicando recortes, la reforma laboral y de las pensiones. Y cuando volvió a hacer falta, cambiaron el artículo 135 de la Constitución junto al PP de la noche a la mañana para garantizar el pago de la deuda por encima del gasto en servicios sociales. Todo, por cierto, con el voto a favor del entonces diputado Pedro Sánchez.

La consecución de los objetivos que se propone Sánchez, y muchos otros que se deja, solo son posibles mediante la organización y la lucha de la clase trabajadora y los sectores populares. Una lucha que debe tener una independencia política para defender siempre sus intereses como clase. Teniendo siempre presente que sus objetivos son incompatibles con los de los capitalistas. Algo en las antípodas del pensamiento de Sánchez y cualquier sector del PSOE, por lo que su propuesta y documento solo pueden ser tomados en cuenta como “curso magistral” de demagogia.