Con voces de María Pía López, Estefanía Pozzo, Celeste Mac Dougall y Andrea D’Atri.
Columna de Géneros y Sexualidades en El Círculo Rojo, el programa de La Izquierda Diario en Radio con Vos.

Celeste Murillo @rompe_teclas
Lunes 26 de noviembre de 2018 11:24
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Hay un pasaje del discurso de Cristina Kirchner en el foro organizado por CLACSO que tuvo mucha repercusión, incluso en los días que siguieron.
“No puede haber una división entre los que rezan y los que no rezan. División que no es nacional y popular. Es un lujo que no nos podemos permitir. Porque en nuestro espacio hay pañuelos verdes pero también hay pañuelos celestes. Tenemos que aprender a aceptar eso sin llevarlo a la relación de fuerzas”.
Las declaraciones de Cristina Kirchner reabrieron muchas discusiones y empiezan a darle una forma nueva a varios debates que ya existen en el movimiento de mujeres.
La primera es la analogía que eligió la expresidenta para hablar de la amplitud que cree que debe tener la alternativa para enfrentar a Macri y a la derecha: en esa analogía mezcló dos cosas que no están necesariamente relacionadas, rezar/no rezar – pañuelos verdes/celestes.
Esta comparación no fue criticada solamente por el movimiento de mujeres y la izquierda, también intelectuales que simpatizan con el kirchnerismo, como María Pía López (una socióloga y ensayista), que hizo esta reflexión sobre el discurso de Cristina Kirchner:
“Creo que Cristina cometió un error en afirmar la coexistencia de los pañuelos verdes y celestes en el movimiento, no porque sea falso, no porque no exista en cualquier movimiento político, gente que tiene posiciones contrarias como en este caso. Y eso hace a la heterogeneidad y a la posibilidad de pensar un movimiento masivo, democrático, amplio. Sin embargo hay ciertos puntos, como este, que tienen que ver con los derechos que no se construyen como posiciones iguales”.
“Hacer política es elegir alguna de las posiciones y afirmar aquella que tiene el sentido con lo que queremos que se tiña el movimiento, si uno los pone en igualdad de condiciones y las pone como equivalentes, como opiniones que pueden coexistir, se pierde de instaurar sobre eso el gesto de la política, que es seleccionar, que es expandir unas cosas sobre otras, que es poner en juego valores nuevos…”.
También hablamos con Estefanía Pozzo, que es periodista en Futurock y en el diario El Cronista, y nos decía esto sobre el discurso de Cristina Kirchner:
“Creo que es un mal ejemplo, porque no expresan posiciones religiosas únicamente, abarcan mucho más (...) El análisis en función de una coyuntura electoral, en un contexto de un gobierno muy regresivo para los sectores populares, es un juego político de un espacio político, es una jerarquización con un mensaje a sus propios militantes. Yo creo que el desafío es convertir todos los espacios, en espacios de disputa del feminismo”.
La crítica y la reflexión que proponen son interesantes, pero también es importante recordar que el peronismo tiene un patrón que se repite bastante con respecto al aborto legal y la relación con la Iglesia. No es un agrupamiento nuevo o figuras políticas nuevas que no sabemos cómo van a reaccionar.
Sin ir más lejos, durante sus 8 años de gobierno Cristina Kirchner fue una pieza clave: no solo privilegió la relación con la Iglesia católica sino bloqueó el debate personalmente, una política que, como charlamos en la entrevista con Horacio Verbitsky cuando estuvo en El Círculo Rojo, no es abstracta, tiene consecuencias trágicamente concretas: las mujeres pobres se mueren.
También conversamos con Celeste Mac Dougall, que es integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, que nos decía por qué cree que la comparación verde/celeste no es real y las consecuencias de la militancia de los sectores reaccionarios contra derechos básicos.
“Hay una falsa dicotomía, donde ella plantea que si alguien profesa alguna religión o incluso en términos personales no se practicaría un aborto, eso es igual a ser un militante antiderechos. Son antiderechos, fundamentalistas, conservadores, que expresan una tendencia política con muchísimo poder (...) No pensamos que sean identidades políticas similares y denunciamos la responsabilidad estatal y de los gobiernos de turno, anteriores, todos, en la no garantía de los derechos sexuales y reproductivos”.
El discurso de la expresidenta también vuelve a poner en debate el lugar de los reclamos de las mujeres en las agendas políticas de los partidos con bloques mayoritarios, especialmente estos últimos años en los que el movimiento de mujeres que fue uno de los actores políticos más importantes. En general, la actitud es de doble discurso, utilización política cuando es rentable y el privilegio de los intereses y alianzas políticas con la Iglesia católica cuando están en juego derechos fundamentales.
A estas voces críticas, no solo desde la izquierda y el movimiento de mujeres, sino que también suenan dentro del kirchnerismo y espacios que se referencian con él, algunos responden que “hay que saber construir mayorías”, y con eso quieren decir que hay que hay que ceder algo o evitar temas que dividan.
Si vamos a hablar de mayorías, es imposible no decir que muchos de los senadores y senadoras que fueron electos por el Frente para la Victoria en 2015, en 2018 votaron en contra del aborto legal, es decir, que son tan responsables como los senadores de Cambiemos en que el aborto siga siendo clandestino y sigan muriendo mujeres pobres.
Y recordemos que en 2015, muchas personas votaron al Frente para la Victoria contra Cambiemos y en un debate enorme como fue el del aborto legal, muchos de sus votantes vieron a esas legisladoras y legisladores coincidir con Cambiemos, las Iglesias católica y evangélica y los sectores conservadores. Una mayoría, como mínimo, endeble.
Tanto en Cambiemos como en todo el espectro del peronismo, el derecho al aborto legal, fue y es un debate que divide aguas, y evidentemente una pieza intercambiable. Por eso, encontramos en los dos bloques mayoritarios fracciones conservadoras y compromisos con la Iglesia católica. El único espacio político que debatió y votó unitariamente fue el Frente de Izquierda.
Con respecto a esto, conversamos con Andrea D’Atri (dirigente del PTS y fundadora de la agrupación Pan y Rosas)
“Es una amalgama funcional a sostener su política de alianza con la jerarquía de la Iglesia católica, con el Vaticano y ahora incorporando también a la jerarquía de la Iglesia evangélica (...) Del lado de los pañuelos verdes, vemos un movimiento social surgido desde abajo, que reclama la legalización del aborto para impedir que sigan muriendo mujeres pobres por consecuencias del aborto clandestino (...) Del lado celeste, no hay un movimiento del mismo sentido, lo que hay es un pequeño, minoritario pero poderoso lobby organizado desde arriba, desde las instituciones del régimen, como las jerarquías de las Iglesias católica y evangélica”.
El movimiento de mujeres es hoy un interlocutor ineludible, Cambiemos, el kirchnerismo y el amplio espectro del peronismo buscan, hacia 2019, una forma de dialogar con ese actor que está en los colegios, facultades, lugares de laburo, y más allá de no haber conseguido la ley en 2018, instaló un debate difícil de cerrar.
Esta discusión alrededor de los pañuelos podría ser uno de los primeros del año electoral que se viene. El derecho al aborto legal va a estar presente en la campaña y lo que volverá a estar sobre la mesa es si el movimiento de mujeres va aceptar no levantar la voz y va aceptar alianzas con instituciones y sectores sociales que obstaculizan el acceso a derechos elementales o volverá a exigir que se escuchen sus reclamos, en las calles, ahí donde su voz se escucha más fuerte.

Celeste Murillo
Columnista de cultura y géneros en el programa de radio El Círculo Rojo.