Desde la ultraderecha periférica al Kremlin hasta la más occidental se han destacado como aliados de Putin. Abascal también mostró su apoyo al dirigente ruso y Vox se financió con dinero ruso.
Lunes 7 de marzo de 2022
La complacencia de los tradicionales partidos estalinistas y rojipardos con Putin ha favorecido a la ultraderecha europea posicionarse en contra de quien era su mejor amigo. ¿Arrepentimiento? En absoluto. Simple lavado de cara, porque apoyar a Rusia tras esta agresión a Ucrania da mala prensa.
Resulta irónico que una de las banderas que utilizara Putin fuera la de «desnazificar» Ucrania, cuando él ha sido el principal alentador de la ultraderecha en Europa (y en América si recordamos su apoyo a Donald Trump). Prácticamente no hay ningún dirigente de extrema derecha que no haya demostrado su apoyo y admiración por el autoritarismo del líder ruso.
Marine Le Pen, cabeza de Agrupación Nacional en Francia, partido abiertamente racista y de extrema derecha, hasta hace poco mostraba su acuerdo con Rusia. Le Pen declaró en 2018 que, respecto de Ucrania, su opinión coincidía con la de Putin. De igual modo, se ha visto obligada a quitar de su programa y de los folletos, de cara a las elecciones presidenciales de este año, las fotos en las que aparece estrechando lazos con el presidente ruso. Esta amistad es más material que unas fotos: en 2017 Le Pen recibió 9,6 millones de euros de un banco ruso para financiar su campaña política.
Su compatriota Éric Zemmour, líder de partido Reconquista, organización más abiertamente ultraderechista que la de Le Pen, alababa a Putin como líder autoritario. Llegó a decir que en Francia hacía falta un caudillo como Putin que «se ponga a la cabeza de un antiguo imperio e intente enderezarlo». De igual manera, señaló a Putin como el principal defensor de los valores tradicionales, refiriéndose a las políticas autocráticas de Putin, a su defensa de la familia tradicional, a su oposición al aborto y a los colectivos LGTBI, etc. Irónico como poco si pensamos que el mismo líder ruso que quiere la extrema derecha por estas políticas reaccionarias es protegido por rojipardos y los partidos estalinistas más tradicionales en toda Europa.
En Italia, Salvini, además de mostrar abiertamente su admiración por Putin con camisetas de su cara, firmó en 2017 un acuerdo de cooperación con Rusia Unida, partido del presidente ruso. De igual modo, la justicia italiana sigue investigando a Salvini por haber recibido varios millones de mano de agentes rusos en el hotel Metropol de Moscú.
Viktor Orbán, presidente de Hungría, íntimo aliado de Santiago Abascal, impulsó junto con Putin y el presidente brasileño de extrema derecha Bolsonaro, una alianza política. Una alianza que se materializó con la vinculación financiera entre Hungría y Rusia desde que Orbán llegará al poder, como las concesiones al banco ruso Sberbank en Hungría o la entrada del Banco Internacional de Inversiones, acusado de ser un brazo del Kremlin.
En el Estado español, Abascal no es menos. En la cumbre de extrema derecha del pasado 29 de Enero en Madrid no hizo ningún comentario contra Putin. Se limitó a firmar un comunicado estándar de condena de la guerra, un comunicado abstracto y muy complaciente con Putin, cuya única condena (timorata, por otro lado) a la agresión rusa vino de parte de la extrema derecha polaca. Abascal, antes de condenar a Rusia, no ha tardado, de la mano de su socio Orbán, en atacar a la Unión Europea por ser la causante principal del conflicto. De hecho, la condena a la guerra no ha sido para Abascal una condena a Putin, sino una condena a Pedro Sánchez y a sus aliados de UP, a quienes acusa de ser prorrusos, y al grupo de Puebla, un foro de dirigentes de izquierdas en contra de la guerra y a favor de las sanciones a Rusia.
Esta postura no sólo es una instrumentalización de la guerra con fines políticos. Es que Vox ha sido el partido más cercano a Putin del panorama español. Cierto que no ha sido una colaboración tan abierta. Abascal, de hecho, se negó a entrevistarse con Putin en 2019, según dijo en una entrevista, por prudencia política. Pero la proximidad es evidente en todos los terrenos.
Desde el punto de vista ideológico, Vox es un partido calco de los valores que defiende Putin: defensa de las tradiciones, fortalecimiento del Estado nacionalista, apoyo al militarismo, ataque constante al feminismo y a los colectivos LGTBI, políticas xenófobas, racistas e islamófobas… En este último sentido, Abascal citó a Putin refiriéndose al yihadismo: «Os iremos a buscar al fin del mundo y, allí, os mataremos».
Abascal no es el único dirigente que se ha mostrado afín a Putin. Juan Sergio Redondo y Carlos Verdejo, cabezas de Vox en Ceuta, también defendieron a Putin y la entrada militar a Ucrania, afirmando que «el enemigo no está en Rusia. Eso es lo que nos quieren hacer creer los poderes globalistas promotores de la agenda 2030».
Sin embargo, en lo material también hay vínculos y colaboraciones. El principal apoyo económico de Vox es HazteOir, asociación de extrema derecha conocida por sus campañas homófobas y anti-feministas. La vinculación es tan evidente que una búsqueda ligera basta: el presidente de HazteOir, Ignacio Arsuaga es íntima de Abascal, quien ha sido premiado por HazteOir. De igual modo, esta organización cuenta entre sus filas a muchas personalidades de Vox, como Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio, quienes han colaborado en manifiestos de la asociación.
HazteOir tiene una versión transnacional llamada CitizenGo, que realiza congresos y actos de tono ultraconservador de todo el mundo. Esta organización defiende la familia tradicional, ataca a los movimientos feministas, denuncia el aborto, etc. Un informe en torno a la financiación de estas asociaciones ciudadanas de extrema derecha destapa que el grueso de su capital económica proviene de distintos lobbys de grupos de ultraderecha. Desde 2009 hasta 2018, recibieron 707,2 millones de euros, de los cuales 188,2 fueron donados por la Federación Rusa. Del resto, más de 437 millones provienen de fundaciones de extrema derecha en Europa, y el resto de fábricas ideológicas de Estados Unidos.
En lo que respecta a los rusos, Vladimir Yakunin y Konstatin Malofeev son los principales magnates detrás de la financiación. Es sobre todo este último quien ha apoyado de forma más directa a CitizenGo a través del directivo de la asociación Alexey Komov. Un detalle curioo es que, aunque Malofeev sea el principal financiador de esta organización, entre los apoyos económicos de CitizenGo también están David Díaz Álvarez (del grupo Eulen), y Miguel Villar Mir, político y empresario investigado en la Operación Lezo, amigo de Juan Carlos I, comprador fraudulento del cuadro de Goya que era de Esperanza Aguirre y uno de las principales manos financieras que sostienen a Vox.
Volviendo a Malofeev, es presidente de una fundación ultraconservadora, Fundación San Basilio el Grande. Esta fundación ha llevado a cabo actos y congresos homófobos y antifeministas. Entre otras cosas, hizo una campaña televisiva contra los homosexuales en Rusia, así como patrocinar distintas páginas web de desinformación, de conspiraciones y de bulos para fortalecer la ultraderecha europea.
La vinculación con Vox es a través de HazteOir. Es pública la comunicación de su presidente, Ignacio Arsuaga, con Malofeev para pedir dinero al oligarca ruso. De igual modo, no sería extraña una financiación de las organizaciones de derechista por parte de Malofeev si tenemos en cuenta su vinculación con Komov. De igual modo, otras organizaciones europeas han financiado las campañas de HazteOir; dinero que, no sería de extrañar, terminara nutriendo a Vox. La vinculación entre HazteOir y Vox con Malofeev, al menos, es patente.
De todo esto podemos, al menos, concluir dos cosas. La primera, y más evidente, es la estrecha relación que los círculos próximos a Putin tiene con la extrema derecha europea, que a través de un laberinto de fundaciones y asociaciones terminan financiando a partidos políticos como Vox. La aparente preocupación de Abascal por los prorrusos en el gobierno no es más que una maniobra para ocultar los lazos entre Putin y Vox y su principal financiador, HazteOir.
En segundo lugar, se nos abre una reflexión que no podemos ampliar respecto al apoyo que Putin cosecha en la izquierda. ¿Cómo pueden ciertos grupos declarase de izquierda cuando están apoyando una política autocrática, ultraconservadora, que ataca a la autodeterminación de un pueblo y cuya mayor afinidad política es con la extrema derecha y sus valores?
Si algo demuestra estos traspasos económicos entre el Kremlin y la extrema derecha es que no se puede apoyar ni los intereses imperialistas de la OTAN, los cuales son defendidos por el grueso de los partidos oficiales del Estado Español (entre ellos PSOE, UP) ni tampoco la labor reaccionaria que cumple Putin en Ucrania y que abanderan tanto los rojipardos y estalinistas como la extrema derecha.
No hay salida progresiva de la mano de quienes tratan de convertir Ucrania en una semicolonia y una gran base militar de OTAN. La necesidad de una lucha contra la ocupación no subordinada al imperialismo europeo y estadounidense, unida a la lucha contra la guerra y el régimen de Putin en Rusia y un fuerte movimiento contra la guerra y antiimperialista en Europa, es cada día más urgente.