El fundador del socialismo argentino, Juan B. Justo, supo plantear a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, como hipótesis que el desarrollo del movimiento obrero solo podía ser concebido mediante una continua línea de reformas sociales y democráticas que dieran ciudadanía a los trabajadores en la sociedad burguesa.

Facundo Aguirre @facuaguirre1917
Martes 25 de agosto de 2015
Para ello llamaba a organizar a la clase obrera en sindicatos y cooperativas que serían la carnadura del proyecto socialista, mientras se erguía como defensor del librecambismo en la economía. No se diferenciaba en ello del socialismo reformista que se imponía en Europa en oposición al marxismo revolucionario y que en 1914 votaría los créditos de guerra haciendo de la Segunda Internacional, un instrumento político del patrioterismo imperialista.
No es el objetivo de este articulo rastrear la suerte del socialismo reformista argentino, pero es necesario recordar que el mismo se transformó con el surgimiento del peronismo en un paraguas progresista de la UCR, el frente gorila antiperonista y de los gobiernos dictatoriales que se sucedieron desde 1955 en adelante - incluido el genocidio - bajo la dirección de (Norte) Américo Gioldhi (similar devenir tuvo el Partido Comunista Argentino, donde militaba Orestes Gioldhi, hermano del dirigente socialista). Y que ya desde entonces abandonó todo intento de ser un reformismo obrero para transformarse en una fuerza anclada en el pequeño-burguesía.
Con la caída de la dictadura genocida y la restauración democrática de 1983, todo un sector de la intelectualidad que se pasó de la apología de la guerrilla a la construcción de la teoría de los dos demonios y la profesión de fe democrática, surge la idea de superar definitivamente al peronismo con una UCR social-democratizada que es lo que expresaba el alfonsinismo y su idea del tercer movimiento histórico.
“Con la democracia se come, se educa y se cura”, eran las módicas banderas que ofrecía el viejo partido gorila en su faceta progresista. Su impacto fue tal que influyó incluso dentro del peronismo que con la Renovación cafierista intentó su propia social democratización y destacó un progresismo de origen peronista que va a ser protagonista del Frepaso en los ’90. El alfonsinismo hizo agua capitulando frente a los carapintadas y los grupos económicos.
En la década menemista el progresismo argentino expresó una oposición al llamado menemato que actuaba como agente directo del imperialismo en nuestro país, desde las banderas de la transparencia y honestidad administrativa, sin cuestionar la entrega nacional, la destrucción de los derechos laborales o la convertibilidad.
El progresismo argentino, encarnado en el Frepaso, pasó a autotitularse centroizquierda y tuvo su hora de gloria luego de la capitulación del alfonsinismo con el Pacto de Olivos. Sin embargo esta centroizquierda progre nutrida de ex dirigentes peronistas y stalinistas reciclados, expresó entonces una oposición servil a los intereses del gran capital y el imperialismo.
Su suerte fue sellada porque terminó coronando a un radical conservador y neoliberal como Fernando De la Rúa, quien pagaba sobornos para lograr la flexibilización laboral y huyó en helicóptero de una rebelión popular provocada por el hambre del pueblo pobre y el saqueo de los ahorros de las clases medias, el 20 de diciembre del 2001.
Muchos de los dirigentes del viejo FrePaSo militan ahora en las filas del kirchnerismo quien atrajo a su seno a una gran parte de las fuerzas desperdigadas del centroizquierda. Hoy el centroizquierdismo kirchnerista fogonea a un menemista como Scioli como continuidad del "proyecto". El centroizquierdismo de origen radical-socialista, con Elisa Carrió a la cabeza, siguió un curso de fracasos y acuerdos oportunistas que los condujo al curso actual donde se encuentran como fogoneros ideológicos del republicanismo de la nueva derecha argentina.
Margarita Stolbizer y su frente con Libres del Sur y el PS no es la excepción. Acompañó todos y cada uno de los zigzagueos del centroizquierdismo opositor al kirchnerismo y solo se alzó contra la derechización cuando vieron que los acuerdos con el PRO amenazaba con borrarlos para siempre del mapa político. Aún así no se salvaron. Stolbizer apenas estuvo por encima del FIT quien viene en ascenso como fuerza política y el Frente de Víctor De Gennaro y Patria Grande, que se proponían bloquear el crecimiento de la izquierda clasista, quedaron fuera de juego.
Stolbizer centró su campaña en la consigna “Igualdad y transparencia”, buscando recuperar parte del voto radical anti-PRO. Pero dicha campaña en poco se diferencia de los discursos ideológicos de Carrió y su republicanismo de la nueva derecha. Se alío con el PRO en varios distritos, su máximo punto de apoyo fue el socialismo de Santa Fe salpicado por sus estrechas relaciones con el narcotráfico y la policía de gatillo fácil, acepto el apoyo electoral de Martín Lousteau un hombre que es parte del frente Cambiemos, llamó a acordar con los fondos buitres y fue ajena a todo movimiento de protesta social de la clase obrera y el pueblo pobre. Su objetivo era llegar a una franja del radicalismo que como bien dice el periodista Pablo Stefanoni, es más mítico que real en la cultura política de las clases medias argentinas.
El centroizquierdismo argentino selló su suerte con una combinación de cobardía política y capitulaciones frente a la derecha. La incapacidad histórica del pensamiento progresista argentino se basa en esperar transformar a los viejos partidos de la burguesía argentina. De esta manera siempre terminó al servicio de políticas reaccionarias.

Facundo Aguirre
Militante del PTS, colaborador de La Izquierda Diario. Co-autor junto a Ruth Werner de Insurgencia obrera en Argentina 1969/1976 sobre el proceso de lucha de clases y política de la clase obrera en el período setentista. Autor de numerosos artículos y polémicas sobre la revolución cubana, el guevarismo, el peronismo y otros tantos temas políticos e históricos.