El próximo jueves 27/8 se presentará el libro “La revolución traicionada” en el marco del 75 aniversario luctuoso del gran revolucionario ruso exiliado en México, que llevó a los trabajadores al poder. Necesitamos conocer sus ideas y su lucha.

Miriam Hernández, trabajadora de la UNAM Trabajadora del STUNAM
Martes 25 de agosto de 2015
Meses antes de su asesinato, Trotsky escribió su Testamento. Sus palabras son para todos nosotros: “La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente.”
Y esas palabras tienen un significado especial para las y los trabajadores, quienes hacemos que el mundo funcione: en las líneas de producción de las fábricas, en el transporte, en los servicios, como las telecomunicaciones, la salud y la educación.
En el caso de las y los trabajadores de la UNAM, nuestra labor garantiza la limpieza de las instalaciones de la universidad, la realización de todo tipo de trámites, las operaciones de las bibliotecas y la hemeroteca, el dictado de clases.
Somos objetos de explotación: no nos dan voz para intervenir ante importantes hechos de la UNAM, como la próxima elección del rector, cuestión que denunciamos acá. Sólo tenemos la obligación de mantener en funcionamiento a la principal universidad del país, a cambio de salarios muy bajos.
Nuestros días se reparten entre el trabajo, viajes agotadores desde nuestros hogares hasta la UNAM y hacer malabares para llegar de alguna manera a la quincena. Con suerte nos quedan algunos momentos para convivir con amigos, compañeros y familia.
Pero hay otra realidad posible: nosotros podemos construir nuestro destino, agrupando a la juventud, los pueblos originarios, la comunidad sexodiversa y otros sectores oprimidos para hacer la revolución y terminar con la explotación capitalista. Y entre todos, construir una vida libre de las penurias que hoy soportamos a diario, esa vida hermosa de la que Trotsky nos habló.
A pesar de que los medios masivos de comunicación se empeñan en adormilarnos, a pesar de que nos quieren hacer creer que trabajar mucho y ganar poco es nuestro destino y no se puede cambiar, que la vida es un sendero de espinas para quienes vendemos nuestra fuerza de trabajo, somos las y los trabajadores quienes hacemos la historia. La hemos hecho con nuestras luchas, con nuestros muertos.
Pero hay muchos que se encargan de borrar todo eso, de ocultarlo, de impedir que llegue a nosotros. Y los libros de historia hablan muy poco de nosotros, cuando hablan. Todo el tiempo los intelectuales a sueldo de la burguesía tratan de cortar nuestra memoria histórica.
Frente eso, necesitamos sacar lecciones de nuestras experiencias, presentes y pasadas. León Trotsky, uno de los dirigentes de la Revolución Rusa, elaboró numerosos escritos sobre las luchas de la clase obrera en distintos países del mundo, como el libro La revolución traicionada.
Y son estas reflexiones las que se plasmaron en la estrategia y el programa de los revolucionarios, el Programa de Transición, que parte de las necesidades que tenemos las y los trabajadores y los sectores oprimidos de la sociedad y plantea salidas que tienden un puente hacia la revolución.
Trotsky, el revolucionario sin fronteras
Trotsky vivió sus últimos años en México. El gobierno de Lázaro Cárdenas le otorgó el derecho de asilo. Mientras estuvo acá, Trotsky estudió y elaboró muchos textos sobre América Latina y nuestro país, sobre la potencialidad de la clase obrera y los obstáculos que enfrentaba.
En sus escritos explicó la necesidad de que las organizaciones obreras, en especial los sindicatos, mantuvieran la independencia política del Estado. ¿Por qué? Porque el Estado está subordinado a los intereses de los capitales internacionales y del imperialismo estadounidense.
En países como México, explicó Trotsky, la lucha contra el imperialismo es clave, pero no vendrá de los empresarios nacionales, sino de nosotros mismos, de la clase trabajadora, la única que no tiene intereses materiales que la subordinen a los gobiernos estadounidenses.
Trotsky también sostuvo que era necesario que los trabajadores sindicalizados –que somos cada vez menos– tendiéramos la mano a nuestros hermanos de clase que no están en sindicatos, para construir la unidad que nos hará más fuertes.
Pero el brazo de Stalin –que estaba en contra de la extensión internacional de la revolución y que en México a través de Lombardo Toledano y el PCM mantuvo la subordinación de la clase obrera al gobierno de Lázaro Cárdenas– era tan largo, que lo alcanzó hasta Coyoacán. Y un agente estalinista, Ramón Mercader, asesinó a Trotsky en su casa de la calle Viena, la casa que hoy es el museo que guarda su memoria.
Se cuenta que más de 300,000 personas, la mayoría, trabajadores y campesinos, fueron a despedirse del gran revolucionario ruso. Fue el funeral más numeroso de un extranjero en México. Y fueron a despedirlo porque aun cuando no conocían todas sus ideas, sí sabían que era un hombre que estuvo del lado de los explotados y los oprimidos del mundo.
Hoy su legado está vivo: en quienes luchamos por poner en pie un partido mundial revolucionario de los trabajadores, como el Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS).
Como el Partido de Trabajadores Socialistas (PTS), nuestro partido hermano en Argentina, que está escribiendo una nueva historia de cómo pueden aportar los trotskistas a la clase trabajadora.
Porque lograron que las ideas revolucionarias cobren vida por la acción de nuestros hermanos, los trabajadores de Lear, de Madygraf, de Zanon. Que lucharon por la recuperación de sus sindicatos de manos de la burocracia vendida a los empresarios y el gobierno. Que lucharon por la independencia política del Estado y los partidos de los ricos y los poderosos. Y así pueden enfrentar los despidos, las suspensiones y ante la amenaza de cierres de fábrica, en el caso de Zanon y Madygraf, las pusieron a funcionar bajo control de los trabajadores. Y aun cuando su lucha es inmensa, las y los obreros revolucionarios del PTS no se conforman con eso y muestran a sus compañeros el camino de la lucha política e internacionalista para acabar con la explotación de la humanidad.
Vale la pena conocer a Trotsky. Él confiaba por sobre todas las cosas, en la potencialidad revolucionaria de la clase obrera. Ni más ni menos que en nosotros.
Participa de la presentación del libro La revolución traicionada, este jueves 27 de agosto a las 18 hs., en el Museo Casa León Trotsky. Calle Viena 410, Coyoacán.