En el último día de la Universidad de Verano de la Fracción Trotskista, que tuvo lugar en el sur de Francia, se abrió un apasionante debate en torno al “Manifiesto de un Feminismo para el 99%". Andrea D’Atri, al mismo tiempo que subrayó su vaguedad estratégica, destacó las incipientes tendencias críticas y hacia un feminismo que se autodenomina anticapitalista, en numerosos países, que este Manifiesto quiere recoger.
Jueves 11 de julio de 2019 05:54
De Polonia hasta Argentina, España o Estados Unidos y Brasil, las mujeres estuvieron, estos últimos años, a la vanguardia de la reivindicación de sus derechos y de la oposición a gobiernos reaccionarios, por lo que se empezó a hablar de una nueva ola feminista.
En las últimas décadas se produjo una incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, en su mayoría en condiciones precarias; eso permitió que actualmente, las luchas por sus derechos se combinaron con las demandas relacionadas con el trabajo, dejando más a la luz el vínculo entre capitalismo y opresión patriarcal.
Un manifiesto político producto de la nueva ola feminista
Ante un público integrado, mayoritariamente, por militantes de la corriente internacional Pan y Rosas, con mujeres trabajadoras de diferentes sectores y países y con la traducción simultánea al francés y al alemán, Andrea D’Atri comenzó recordando el contexto de esta nueva ola feminista, particularmente inscripta en este Manifiesto redactado por tres académicas norteamericanas y publicado el pasado 8 de marzo. Como resultado de las acciones masivas del movimiento internacional de mujeres, este manifiesto cristaliza esas tendencias.
En primer lugar, cierta pérdida de hegemonía del feminismo neoliberal que acompañó a los planes de ajuste estructural. Sustituyendo con la promoción de derechos de inclusión de la "diversidad", a la lucha contra la opresión, este feminismo ha intentado legitimar la precariedad de la vida y de las condiciones de trabajo de las mujeres, aliándose al establishment y presentando el ejercicio de poder de mujeres como Angela Merkel o Hillary Clinton, como una victoria feminista del colectivo.
Luego, Andrea destacó el surgimiento de la “huelga de mujeres” como método de lucha. Aunque señaló que este concepto se ha convertido en una expresión muy amplia, ya que las burocracias sindicales pocas veces permitieron una verdadera acción huelguística, y el feminismo, a su vez, designa con el mismo nombre un conjunto de prácticas, desde la paralización del trabajo a la del consumo o las propias movilizaciones. Sin embargo, se preguntó si la recuperación de la palabra “huelga” por parte del movimiento feminista, no estaría expresando la creciente incorporación de las mujeres en la fuerza de trabajo mundial, donde actualmente constituyen cerca del 47%.
Un manifiesto anticapitalista que no se pronuncia sobre los neorreformismos
Volviendo al Manifiesto, Andrea D’Atri comenzó destacando algunos puntos de convergencia con este texto, especialmente en la descripción descarnada de la relación entre el capitalismo patriarcal y el racismo, la violencia contra las mujeres o el heterosexismo.
Sin embargo, señaló que el Manifiesto habla más por lo que calla que por lo que dice. De esta manera se refirió al párrafo que dice: “En el vacío producido por el declive del liberalismo, tenemos la oportunidad de construir otro feminismo…”, señalando que en política nunca hay “vacíos”, estrictamente hablando y preguntando a la sala, quiénes son los que en Europa están ocupando ese supuesto “vacío producido por el declive del liberalismo”.
Del mismo modo, hizo con la Tesis II del Manifiesto. Leyó el párrafo que convoca a todos los movimientos anticapitalistas para formar un feminismo del 99% que señala: “Este camino nos enfrenta directamente a las dos opciones políticas principales que el capital ofrece ahora. Rechazamos no sólo el populismo reaccionario, sino también el neoliberalismo progresista.” Y acto seguido preguntó a la sala: “¿A quiénes no menciona el Manifiesto, limitándose a mencionar sólo dos opciones?”
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Las compañeras y compañeros presentes mencionaron a Syriza, que fue presentada como la opción de la izquierda en el poder y hundió al pueblo griego en la miseria, a Podemos que se presentó como representante de los movimientos para terminar cogobernando con el partido socialimperialista del PSOE. Hablamos de La France Insoumise de Melenchon, que se presenta como un populismo de izquierda pero tan soberanista y antiinmigrante como lo hace la derecha. Es decir, el Manifiesto hace un silencio que ignora a estos sectores neorreformistas, incluyendo obviamente a Bernie Sanders en Estados Unidos, cuya candidatura por el imperialista y guerrerista Partido Demócrata, fue apoyada públicamente por las autoras del Manifiesto.
Una concepción amplia de la clase trabajadora y de sus alianzas
El Manifiesto, en diversos párrafos, se refiere a la centralidad de la clase trabajadora, cada vez más feminizada y racializada. Sin embargo, sus autoras, inscriptas en la Teoría de la Reproducción Social, aunque se encargan de señalar claramente que no consideran sólo clase trabajadora a les asalariades de la industria, utilizan diversas definiciones poco claras.
D’Atri mencionó que, desde la perspectiva de Pan y Rosas, consideramos a las amas de casa no asalariadas que contribuyen a la reproducción social de la fuerza de trabajo, como parte de la clase trabajadora. Sin embargo, si bien esto tiene una importancia muy significativa en el análisis sociológico, nuestra tarea no es solo analítica y descriptiva, sino política. Si queremos transformar revolucionariamente la sociedad capitalista, debemos señalar que, estratégicamente, las asalariadas y asalariados que manejan los principales resortes de la producción y los servicios que permiten la acumulación de ganancias, la circulación de las mercancías, etc., tienen un papel destacado que desempeñar en una posible insurrección. También señaló que ese papel crucial que le otorga su ubicación estratégica en la sociedad capitalista, no es suficiente, si la clase trabajadora no establece una alianza con otros sectores oprimidos, incluso con las clases medias empobrecidas por el capital.
En efecto, a pesar de su papel central, la clase trabajadora aparece, en el Manifiesto, diluida en un amplio 99% que, como puede deducirse, incluye también a sectores altos de la pequeñoburguesía, como también a burguesías nacionales que, en ocasiones, pueden tener contradicciones con el imperialismo, aunque sean quienes explotan la fuerza de trabajo en sus países. Al hacer invisible estas fracciones de las clases dominantes, el 99% del feminismo tiende hacia una lógica populista que sólo apunta al enfrentamiento con el 1% que concentra la mayor parte de las riquezas. Más que anticapitalista, termina ofreciéndonos un programa apenas antineoliberal.
Feminismo anticapitalista ¿sin estrategia?
Si el Manifiesto es particularmente progresista en todas sus posiciones contra el heterosexismo, el racismo, o mencionando las luchas antiimperialistas y pronunciándose a favor del internacionalismo, Andrea D’Atri concluyó que sus silencios merecen ser cuestionados y debatidos, para construir un feminismo que nos permita dotarnos de una estrategia capaz de poner fin al capitalismo patriarcal.
El taller fue seguido de un rico debate. Lucía, de Pan y Rosas del Estado español, coincidió sobre la vaguedad estratégica del feminismo para el 99%, refiriéndose a las discusiones que había mantenido con Nancy Fraser en Madrid, cuando la académica norteamericana afirmó la necesidad de llevar a cabo “un programa de transición como el que proponía Trotsky” y, al mismo tiempo, “apoyar a las organizaciones reformistas”. Un compañero de Francia destacó las ambigüedades entre "un feminismo para el 99%" –como dice el título del Manifiesto-, que le parecía compatible con una concepción de la centralidad y hegemonía de la clase obrera, y, por otro lado, las menciones del Manifiesto a construir "un feminismo del 99%", lo que veía más asociado a una perspectiva populista.
Para finalizar, Andrea D’Atri leyó el último párrafo del Manifiesto que señala: “… el feminismo para el 99% tiene como objetivo unir movimientos existentes y futuros en una insurrección global de amplia base.” E invitó a buscar algún párrafo donde explicara cómo se prepara esa insurrección global, anticipando que no lo encontrarían. Como bien señaló Josefina, del Estado español, citando a Rosa Luxemburgo “lo que separa a reformistas de revolucionarios no es el qué sino el cómo”.
Después de dos horas de taller, les participantes se pusieron de acuerdo sobre la importancia de debatir con quienes reclaman un feminismo anticapitalista, no sólo para ponerse de acuerdo en el para qué es necesario luchar contra el capitalismo patriarcal, qué es lo que queremos conseguir sino, también, para contraponer cuáles son los distintos “cómo” creemos que es posible conseguirlo, es decir, para hacer un debate de estrategias. La corriente internacional de mujeres socialistas Pan y Rosas, en Europa, se propone construir un feminismo revolucionario, antirracista, anticapitalista y antiimperialista, como lo hacen también nuestras compañeras de América Latina.