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Red Internacional
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Debate. Degradación de la vida y crisis ambiental: ¿qué alternativa hay al capitalismo?

795 millones de personas en el mundo no cuentan con alimentos suficientes para tener una vida saludable y activa, casi 1 de cada 9 seres humanos. 3.1 millones de niños mueren por año en todo el mundo por hambre. 168 millones de niñas y niños trabajan. Avanza la acidificación los océanos, la contaminación de agua dulce, del aire, del suelo. Éstos son algunos efectos del modo de producción capitalista sobre la vida humana y el medio ambiente.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Jueves 1ro de septiembre de 2016

Foto: Contrainfo.com

A este panorama se suman 156 millones de jóvenes a nivel mundial que viven en la pobreza extrema y son considerados parte de la fuerza trabajo internacional. Constituyen las nuevas generaciones de trabajadores desocupados, el “ejército industrial de reserva” en palabras de Marx, que le sirven al capitalismo para presionar a las trabajadoras y trabajadores ocupados para que acepten condiciones laborales cada vez más precarias.

Y quienes tienen trabajo se ven obligados a dedicar su capacidad, su energía, a los empresarios, tanto en la industria como en los servicios, a cambio de salarios que distan mucho de satisfacer las necesidades básicas de las familias trabajadoras.

Es así que la mayoría de los seres humanos, quienes sólo cuentan con su fuerza de trabajo y no poseen medios de producción, “cruzan el paisaje sin aire, sin luz, sin risas ni estaciones…el paisaje arrojado a la sombra del capital, a la sombra del lucro”, como escribió Jacques Prevert.

Bajo el modo de producción capitalista, sus vidas son parte del engranaje que crea ganancias para quienes viven del trabajo ajeno. Las condiciones de explotación y opresión sobre las trabajadoras y los trabajadores impiden el desarrollo de su creatividad, de su intelecto, el cultivo de su mente y de su cuerpo a través de la ciencia, el arte, el deporte.

A su vez, los recursos naturales son devorados también para abastecer a la industria de materias primas. Parafraseando a León Trotsky, podemos decir que el mundo se ha convertido en una “sucia prisión”: los niveles de contaminación y devastación del medio ambiente se han profundizado en las últimas décadas. La inmediatez de la ganancia capitalista rige el mundo, a costa de triturar la vida en sus múltiples manifestaciones.

La cuestión ambiental es una de las aristas de la crisis capitalista en el siglo XXI. Para aportar al debate, vale mencionar a John Bellamy Foster, autor del libro La ecología de Marx. Foster recupera reflexiones de Marx en torno a la relación entre producción capitalista y medio ambiente.

En particular, Marx parte de que los seres humanos somos parte de la naturaleza y dependemos de ella, y al mismo tiempo la modificamos mediante la operación de los medios de producción, así como con la aplicación de tecnologías y técnicas. Es así que señala que el sistema capitalista ha provocado una "ruptura metabólica" en la relación "hombre-naturaleza".

En El Capital, Marx da su visión sobre la producción capitalista y la ecología: formula los conceptos de “metabolismo universal de la naturaleza”, el “metabolismo social” y la brecha metabólica.

... la preponderancia incesantemente creciente de la población urbana (...) por una parte acumula la fuerza motriz histórica de la sociedad, y por otra perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra, esto es, el retorno al suelo de aquellos elementos constitutivos del mismo que han sido consumidos por el hombre bajo la forma de alimentos y vestimenta, retorno que es condición natural eterna de la fertilidad permanente del suelo (...) todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar el suelo.

¿Qué perspectivas hay ante esta realidad?

Las condiciones de la crisis abierta en 2008 fueron el caldo de cultivo de una gran polarización política y social, que a su vez sentó las bases para el surgimiento de nuevos fenómenos políticos a izquierda. Así es que emergió Trump, sobre el descontento de importantes sectores de la clase obrera estadounidense orillados al desempleo, producto de la relocalización industrial, y con el apoyo de sectores supremacistas.

Frente a esto, hay marxistas que propugnan como salida el socialismo democrático]. ¿A cuál se refieren? ¿Al de Syriza, en Grecia, cuya ala derecha está aplicando el ajuste exigido por la Unión Europea, y cuya ala “izquierda” se limitó a plantear como horizonte de lucha la “democratización de la UE” a través de movilizaciones de presión? ¿O a Podemos, en el Estado Español, que desvió el descontento del 15M para coexistir con la monarquía anacrónica y gobernar de acuerdo con los intereses de la banca? ¿O el “socialismo” a la estadounidense, restringido a propuestas de políticas del Estado de bienestar, que desplegó Bernie Sanders en las primarias del partido demócrata? ¿O al ecosocialismo de Michael Lowy, que propone un cambio revolucionario de las estructuras sociales y políticas, pero no establece cuál será el sujeto social central de ese cambio?

No hay “paliativos” ni soluciones a medias ante la decadencia del sistema capitalista, que ha devenido en fuerza destructora de los seres humanos y el medio ambiente para satisfacer el afán por el lucro de los empresarios de todas las latitudes del planeta.

Quienes reivindicamos el legado teórico-político de Marx, Lenin y Trotsky, consideramos que la lucha contra la explotación y la opresión es la única vía para crear una relación racional entre la humanidad y la naturaleza, o sea, lograr el restablecimiento del "equilibrio metabólico” que rompió el sistema capitalista.

Son las trabajadoras y los trabajadores quienes podrán desarrollar la planificación económica que responda a las verdaderas necesidades de la humanidad, y exploten en forma racional los recursos naturales, partiendo de la premisa de que las sociedades humanas no son propietarias de la tierra, sino “sólo usufructuarias y deben legarlas mejoradas a las nuevas generaciones”, como planteó Marx.

Ésa será la base para la construcción de la sociedad comunista, en la cual la humanidad, en armonía con la naturaleza, alcance un desarrollo exponencial en todos los niveles. En palabras de Trotsky, en La revolución traicionada:

La idea comunista que trata de someter la naturaleza a la técnica, y la técnica a un plan para obligar a la materia a que dé al hombre todo lo que éste necesita, y mucho más, es una idea que se propone un fin más elevado: el de liberar para siempre las facultades creadoras del hombre de todas las trabas, dependencias humillantes o duras obligaciones. Las relaciones personales, la ciencia, el arte, ya no tendrán que sufrir ningún plan impuesto, ninguna sombra de obligación.

Fuentes consultadas:

Santiago Benítez-Vieyra y Matías Ragessi, "Puentes entre ecología y marxismo", Revista Ideas de Izquierda, núm. 32, 22/08/2016.

Diego Dalai, "Ecología, reforma y revolución", La Izquierda Diario, 27/8/2016.

Juan Luis Hernández, “Marxismo y ecología”, Revista Ideas de Izquierda, núm. 12, agosto 2014.

Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política, tomo 1, volúmenes 2 y 8, México, Siglo XXI.

León Trotsky, La revolución traicionada, disponible en Marxist Internet Archive/Español.