Apuntes de un debate colectivo para fortalecer una organización común en Pan y Rosas.

Virginia Gómez @mavirginiagomez
Miércoles 4 de enero de 2017
Durante las últimas semanas se está desarrollando el taller “Feminismo y marxismo al calor del #NiUnaMenos”, en el centro político y recreativo del PTS en el Frente de Izquierda de Ramos Mejía, La Matanza.
Basado en el libro “Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase”, de Andrea D’Atri, el taller es un intercambio colectivo que tomaron en sus manos las principales organizadoras en lugares de estudio y trabajo de la agrupación de mujeres Pan y Rosas de la zona.
Una generación de compañeras nuevas que se acercaron a la izquierda en los meses de campaña electoral del Frente de Izquierda (2015) y que a su vez este año que se fue (2016), han hecho una importante experiencia política al calor del #NiUnaMenos y apuestan a organizar hacia el próximo 8 de marzo una poderosa organización de mujeres de izquierda.
Sobre el primer encuentro había realizado una primera publicación a la que titulé: #NiUnaMenos: claves para un debate entre feminismo y marxismo. Si ya era pretencioso el primer objetivo, este grupo de compañeras subió la apuesta aún más y para el segundo encuentro abordaron los 4 primeros capítulos del libro de Pan y Rosas: 1) Revueltas frumentarias y derechos civiles; 2) Burguesas y proletarias; 3) Entre la filantropía y la revolución; 4) Imperialismo, guerra y género. Apoyadas en la abultada acumulación, experiencia y producción del PTS sobre “la cuestión de la mujer” en libros y revistas, y el desarrollo de herramientas dinámicas como La Izquierda Diario y audiovisuales, emprendieron este desafío.
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Pero lejos de transformarse en un curso de historia o de las pretensiones de elevar el saber individual o de fines académico, el taller se transformó en un intercambio colectivo y productivo para alumbrar nuestro presente. A cada capítulo, a cada página de la historia del movimiento de mujeres, le siguió una conclusión, la crítica, o su relación con el presente, con las tareas planteadas hacia el nuevo año.
En este artículo trataré de sintetizar algunos elementos de cada capítulo y el debate que se abrió persiguiendo el mismo objetivo desde el comienzo que plantea el prólogo del libro: reconstruir un feminismo emancipador, es decir, socialista. Lo ponemos a disposición de cada una de las reuniones, encuentros y debates que impulse Pan y Rosas durante el verano y hacia la preparación del próximo 8 de marzo.
1- Sobre “Revueltas frumentarias y derechos civiles”
Trata sobre la inspiradora Revolución francesa de 1789 y la expansión de sus ideas a otros países. Podemos decir que es partera del feminismo, de lo que vamos a conocer como “feminismo de la igualdad” encabezado por ese entonces por las mujeres de la burguesía que protestaban para alcanzar sus derechos civiles iguales a los hombres. Pero tras sí, o incluso delante de ellas, estaban las revulsivas mujeres pobres de París movidas por la carestía de la vida.Una fuerza poderosa, efervescente, en este periodo revolucionario que muchas veces es olvidado. Organizadas ambas en clubes femeninos contra las fuerzas contrarevolucionarias, las mujeres jugaran como en toda revolución un papel destacado en este momento de la historia. Son sus primeras experiencias, donde burguesas y mujeres populares actúan en común. Tienen el valor histórico de que gracias a ellas se comienza a hablar por primera vez de la situación y demandas de las mujeres.
Es el periodo en que las mujeres pobres, de los sectores populares, a pesar de jugar roles importantes en cada revolución, revuelta, barricada o protesta, aún están subordinadas a las mujeres burguesas tras banderas que exigían derechos civiles y políticos, bajo la ilusión de que la revolución francesa había conquistado una igualdad formal que iba a corresponderse con su realidad. El propio desarrollo del sistema capitalista naciente y la conformación de una nueva clase obrera antagónica a los intereses de la burguesía, cuestionara dicha ilusión e impactará sobre el naciente feminismo. Pero esa ilusión pesa sobre el conjunto de las mujeres hasta nuestros días.
2- Sobre “Burguesas y proletarias”
Enmarcado en la primera fase de un capitalismo naciente en el que se da el primer proceso de proletarización de las mujeres en el nuevo sistema de producción, que las condenara como hoy día a bajos salarios y la precariedad laboral. Las mujeres trabajadoras crean sus primeras organizaciones, independientes de los hombres que las veían como una competencia. Una visión sindicalista que dividía las filas de la clase trabajadora, como hoy sigue sucediendo, también entre efectivos y contratados, nativos y extranjeros. Un sindicalismo impregnado de la ideología patriarcal que era en última instancia funcional a los patrones que usaban esa división para obtener mayores ganancias.
A pesar de ellos, las mujeres trabajadoras protagonizan las primeras huelgas y protestas con sus propias demandas. Unen en la acción y sus programas la clase y el género. Es en Estados Unidos y en Inglaterra donde comienzan a enfrentarse a la burguesía.
Pero la “ilusión” del periodo anterior se termina de romper con la experiencia de la Comuna de París en la Francia de 1871, donde las mujeres trabajadoras parisinas son parte del primer gobierno obrero de la historia. Se organizan en los clubes revolucionarios, portando armas, siendo parte de las barricadas, y son incorporadas en las medidas que se toman desde el gobierno.
La burguesía, incluyendo sus mujeres, son parte de la reacción, apoyándose en las “fuerzas del pasado” para que impedir que heroicos trabajadores y trabajadoras tomaran el cielo de París por asalto. Una de las frases de este capítulo ilustra la experiencia que atraviesa el feminismo: “la unidad con las mujeres burguesas era imposible en las barricadas”. Es el momento de la desintegración del “frente único” entre burguesas y proletarias.
Toda esta primera experiencia es la base para el desarrollo de un feminismo socialista posterior, que avanzará en una comprensión más profunda de que como mujeres compartimos la opresión por nuestra pertenencia de género, pero que por los antagonismos de clase que el propio capitalismo genera tenemos intereses irreconciliables (como lo demuestran las propias experiencias de luchas de estos periodos). Es el primer momento culmine del fin de la “ilusión feminista” del frente único entre burguesas y proletarias que ya demostraba sus límites desde mediados de siglo XIX. Por lo menos desde las primaveras de 1848, donde ya la burguesía demuestra que no es más una clase progresiva y revolucionaria, y lo deja a las claras en la Comuna de París. En la historia de la lucha de clases, las derrotas muchas veces son inevitables. Pero a pesar de haber sido sangrientamente aplastada, lo avanzada de la experiencia comunera, las lecciones que dejó y el heroicisismo de sus protagonistas permitirá ser un faro para las décadas posteriores e inclusive para el nuevo siglo.
3- Sobre “Entre la filantropía y la revolución”
Estamos aun recorriendo los capítulos que van de la revolución francesa hasta la primera guerra mundial. Una época donde se empieza a hablar de la “cuestión de la mujer”, a cruzar género y clase al calor de las experiencias en la lucha de clases.
El capítulo recorre desde las raíces de feminismo burgués, donde encontramos a las “individualistas” (que en este siglo son continuidad el feminismo neoliberal o de la “libre elección) y las “relacionales” (que veremos con más fuerza en la llamada segunda ola, del feminismo de la diferencia a partir de 1960).
Estamos en las décadas del desarrollo de la clase obrera como sujeto social es lo que permite, sienta las bases de un feminismo socialista que irá haciendo sus primeras experiencias. Primero, con el feminismo identificado con el socialismo utópico (Owen, Saint Simon, Fourier) que los llevará hacia el reformismo; y luego el socialismo revolucionario (o feminismo revolucionario) que se hará más hegemónico cuanto más nos acercamos a la revolución rusa donde ensaya “su” momento, pero pasando previamente por experiencias de organización de las mujeres trabajadoras dentro de los partidos obreros de la época pero con muchas luchas políticas internas.
La propia vida de Flora Tristán que recorre el capítulo, y las experiencias por la que pasa la clase obrera mundial, son una síntesis del recorrido del feminismo socialista en estos momentos. Ella será una precursora e irá innovando al calor de los avances del marxismo revolucionario. Hay dos tesis centrales hacia las que tiende al calor de su experiencia práctica: su internacionalismo y una idea de lo que hoy conocemos como hegemonía. Flora no le habla solo a las mujeres, “le habla a la sociedad”. Son los primeros intentos de conjugar clase y género, mientras Marx y Engels sientan las bases del socialismo científico. Su límite estratégico lo encontrara en su pacifismo (en esto sigue siendo “utopista”).
Este capítulo es importante porque son las primeras experiencias de la clase obrera, como sujeto social que tiende a constituirse como sujeto político. Sobre esta base material se desarrollan las bases de un feminismo obrero, socialista, que irá madurando en revolucionario. Es expresión de la lucha de clases, de esa gimnasia, de esas experiencias necesarias, pero en lucha política al interior de sus propios partidos o sindicatos (que eran las organizaciones obreras de masas de la época).
El socialismo utópico, nos recuerda los debates actuales que proponen combatir el patriarcado sin una estrategia anticapitalista que ataque el poder real de la clase dominante y sus instituciones. Osea, proponen ilusamente cambiar “la cultura o la educación”, sin atacar las bases materiales de la explotación y la opresión. Vivimos en un mundo donde no priman las revoluciones o los ascensos hace casi 30 años, y el propio marxismo ha sucumbido en el pacifismo. Mientras la burguesía sigue generando una violencia de clase que genera guerras imperialistas, una creciente desigualdad social, campos de refugiados y provoca fenómenos aberrantes como el terrorismo, las mujeres socialistas también tenemos la tarea de reconstruir un feminismo revolucionario junto a la clase trabajadoras que se prepare para vencer y terminar con este régimen social, político y económico que aumenta las hostilidades para las grandes mayorías.
4- Sobre “Imperialismo, guerra y género”
Nos acercamos a la época imperialista, a la primer guerra imperialista (1914-1919). Como decía Lenin: las guerras son parteras de revoluciones. Y la primer guerra mundial va a parir en gran parte a la revolución rusa. Entramos en la época de crisis, guerras y revoluciones, porque el capitalismo necesita expandirse para mantener la tasa de ganancias. Este capítulo se enmarca en ese quiebre.
La II Internacional era el partido internacional de la socialdemocracia que claudicó ante la primera guerra mundial votando los créditos para una guerra que no le pertenecía al proletariado. Por eso nace la III internacional (fundada por Lenin), apoyada también en la revolución rusa y nacen los partidos comunistas sobre la base de las lecciones del periodo anterior, de un nuevo programa, y sobre la conclusión de que están maduras las condiciones objetivas de la revolución proletaria.
Los partidos socialdemócratas de la II Internacional había adherido al programa de la mujer trabajadora contra el feminismo burgués pero también contra el sindicalismo y las alas derechas de los partidos socialdemócratas. Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin en el terreno de la política de la mujer, así como con respecto a la política de los revolucionarios frente a una guerra imperialista serán hasta el final de sus días el ala izquierda.
La guerra es un punto de quiebre. Divide al feminismo: un sector apoya abiertamente a sus burguesías nacionales (imperialistas) en sus objetivos con una política nacionalista, de conciliación de clases. Las revolucionarias quitan cualquier apoyo a la burguesía imperialista que lleva adelante la guerra. Se dividen las mujeres de la burguesía de diferentes naciones, y las trabajadoras revolucionarias (es una experiencia en un sentido con puntos de contacto con la Comuna de París en un sentido pero a escala más general).
Es el momento de la ruptura con la tradición internacional del feminismo (que hasta el momento se había expresado en el movimiento sufragista). El internacionalismo y la lucha contra la guerra imperialista quedaron sólo en manos del socialismo revolucionario de Luxemburgo y Zetkin.
¿Y luego de la guerra? ¿Qué había cambiado? Las mujeres al tener que volver de las fábricas (lugares de trabajo que ocuparon en la guerra) al hogar, no dejaron de sentir un gran “malestar” que será la base de los movimientos de masas en Estados Unidos y Europa que se darán luego. Pero tendrán un gran punto de apoyo: las mujeres también son parte del primer estado obrero de la historia. La experiencia más avanzada, por las conquistas adquiridas, para los trabajadores, pero también para las mujeres.
Esta primera época del capitalismo, fue la fuente de inspiración y lecciones insustituible de las revolucionarias que dirigirán el primer estado obrero de la historia en la URSS a partir de 1917, tema que abordaremos en el próximo encuentro.
No empezamos de cero
¿Por qué son importantes estos capítulos? Porque son las primeras experiencias de un feminismo socialista con estrategia revolucionaria de la que nosotras humildemente somos continuidad hoy. Sin la experiencia de ellas deberíamos empezar de cero. No es necesario.
Desde la revolución francesa hasta la guerra imperialista tomamos las primeras lecciones que nos dejaron para abordar la relación compleja relación entre género y clase, entre patriarcado y capitalismo. La necesidad de unir las filas de los explotados y oprimidos, y de la importancia de la hegemonía de la clase trabajadora en alianza con todos los grupos oprimidos. Los límites del sindicalismo, que se adapta a la división de las filas de los explotados y oprimidos, y nos debilita ante la prepotencia de los patrones, el Estado y sus instituciones. Sobre la ilusa idea de un frente único sin distinciones para conseguir la igualdad con mujeres las burguesas, tomando como ejemplo la idea de golpear juntas, marchar separadas, tomando cada demanda democrática no como un fin en sí mismo, sino para impulsar a fondo la lucha de las mujeres por su liberación. Como también los límites de las utópicas que creían que solo cambiando la cultura y educación sin trastocar las bases materiales de este sistema, que se divide en clases sociales, podemos conseguir la igualdad. O recrear el imaginario revolucionario, a partir de la Comuna de París o la Revolución rusa, para tomar dimensión de qué tan lejos podemos llegar las mujeres si nos proponemos ser parte de tomar los cielos por asalto.
Estas y otras lecciones estamos abordando en el taller, a la vez que tomamos conciencia de que muchas de nuestras experiencias actuales tiene una historia de mujeres como nosotras que nos precedieron.
Pero como charlamos sobre el final con mis compañeras, no pretendemos ir a cada acción o comisión de mujeres que impulsemos, con el libro debajo del brazo a “repetir” lo que hay que hacer. El libro, como toda la acumulación teórica, programática y estratégica del PTS en este terreno, “atesora” experiencias que tienen su mirada crítica, ese es su valor. El libro, por figurar la idea en una imagen, es sólo un arma para poner a disposición del movimiento de mujeres, por estas horas donde hay que reconstruir un feminismo emancipador al calor del fenómeno NiUnaMenos que traspasa la fronteras y nos pone ante problemas nuevos a los que el marxismo revolucionario tendrá que actuar con continuidad de sus antecesores, pero también con creatividad.
En lo inmediato se nos presenta la tarea de preparar desde los lugares de estudio y trabajo un próximo 8 de Marzo donde hagamos realidad la poderosa idea de “si paran las mujeres paramos todos” y podamos empezar a romper con la normalidad de nuestros días como una vez lo hicieron por primera vez todas las mujeres socialistas que nos precedieron.

Virginia Gómez
Nació en Buenos Aires en 1982. Es Licenciada y Profesora en Enseñanza Media y Superior en Ciencia Política (UBA). Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) en la zona Oeste del Gran Buenos Aires.