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Red Internacional
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CASO ORELLANO. Derecho de huelga: ¿pedirle permiso a Caló, a la UIA y al Gobierno?

El debate del Caso Orellano en la Corte Suprema: quién es quién. Las tradiciones obreras sobre la “titularidad” del derecho de huelga. El planteo del Frente de Izquierda y el ejemplo de Zanon.

Lucho Aguilar

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2

Viernes 11 de septiembre de 2015

La primera huelga que se realizó en territorio argentino no fue convocada por ningún sindicato. En 1868, durante la Guerra del Paraguay, un grupo de trabajadores de astilleros correntinos se negó a construir embarcaciones destinadas a las fuerzas de la Triple Alianza. “No contribuiremos a la matanza de nuestros hermanos” dijeron.

Tampoco esperaron la venia de su sindicato los obreros de Renault que en 1977 fueron a la huelga y enfrentaron a la represión militar dentro de la propia planta. Ni los tercerizados ferroviarios que enfrentaron a Pedraza, su “representante” y patrón al mismo tiempo.

Los choferes de la 60 y los obreros de Cresta Roja no esperaron sentados de brazos cuando los atacaron.

¿Qué podían esperar de quienes los habían entregado una y mil veces?

El debate

Daniel Orellano fue despedido por el Correo Argentino en 2009 por impulsar una huelga con sus compañeros sin el consentimiento del sindicato. Querían que además del aumento salarial se termine la tercerización y los contratos precarios. El kirchnerismo había re-estatizado el Correo, pero sosteniendo los contratos “macristas” y a un burócrata como Ramón Baldassini que lleva 50 años en la cúpula del gremio. El caso ha sido elegido por la Corte para poner en debate de quién es el derecho de huelga: ¿de los trabajadores o de los sindicatos con personería?

“El capitalista se ha ganado en el mundo una buena fama como hombre excéntricamente apasionado de lo que él llama la libertad de trabajo. Es tan fervoroso partidario de dar a sus obreros, sin distinción de edad o sexo, la libertad de trabajar para él todas las horas del día, que ha rechazado siempre con la mayor indignación toda ley fabril que pueda coartar esta libertad. Una huelga es para él una verdadera blasfemia, una revuelta de esclavos, la señal del diluvio universal social en castigo de sus pecados” (Carlos Marx. “Las matanzas belgas”, 1869).

La audiencia no ha definido hacia dónde se inclinarán los jueces. ¿Le dará la razón al Correo, restringiendo el derecho de huelga; se la dará a Orellano, reconociendo una realidad histórica? Pero mientras anda, el debate va dejando claras las posiciones de muchos interesados.

Antonio Caló sentó la posición de las cúpulas sindicales: “quieren terminar con el sistema de Perón y atomizar los sindicatos”. Daniel Funes de Rioja la de las patronales: “si el derecho de huelga se reconoce en forma indeterminada podrían formularse formas anárquicas”. El abogado del Correo la posición del Estado: “se trataba de un minúsculo grupo que produjo un daño a la empresa, con una medida inorgánica que no fue declarada por los representantes sindicales”.

Si tenemos en cuenta que el debate llega en tiempos de ajuste, las cosas quedan más claras.

En cambio, en este punto las posiciones del sindicalismo de izquierda siempre ha sido clara: la defensa del derecho de huelga contra cualquier restricción; el rechazo a una mayor injerencia del Estado y sus instituciones, entre ellas la Justicia, en nuestras organizaciones y decisiones; el aprovechamiento de cada resquicio y conquista que se obtenga dentro de este sistema, para que las luchas de la clase obrera se den en mejores condiciones.

Verdades

El temor de la CGT, el Estado y la Unión Industrial tienen, hay que reconocerlo, sus fundamentos.

La huelga, como uno de los históricos métodos de lucha de la clase trabajadora, es una de las formas elementales de cuestionamiento al dominio capitalista. "Cada huelga recuerda a los capitalistas que los verdaderos dueños no son ellos, sino los obreros, que proclaman con creciente fuerza sus derechos. Y abre los ojos a los obreros, no sólo en lo que se refiere a los capitalistas, sino también en lo que respecta al Gobierno y a las leyes” (Lenin, 1917).

Las huelgas pueden transformarse en una escuela entonces, de la lucha de clases. No sólo sobre las fuerzas propias y los intereses empresarios, sino sobre el gobierno y las leyes.

Es cierto, también, que toda huelga “causa un daño”. ¿Qué sentido tendría una huelga, si no puede afectar los intereses capitalistas? La huelga de los aceiteros este año llegó a paralizar 40 plantas y 150 barcos, originando pérdidas por 185 millones de dólares. Así fue cómo triunfó. La revancha de quienes sufren todos los días el robo de su trabajo nunca puede ser gratuita.

Zanon: huelga y democracia sindical

Hace 15 años, cuando Daniel Ferrás se desmoronó en el vestuario, los obreros de Zanon no esperaron la convocatoria de su sindicato para iniciar una huelga en defensa de sus vidas.

Así iniciaron un camino que los convirtió en ejemplo de organización y lucha clasista. Lejos del debate que hoy intenta determinar quién tiene la titularidad del derecho de protesta, desde el primer día apostaron a los métodos históricos de la clase obrera. A la asamblea, la huelga, el piquete, la ocupación, la autodefensa, la movilización. Lejos del debate si es necesario que los huelguistas sean afiliados y tengan el respaldo de su gremio, siempre apostaron a unir las filas obreras entre efectivos y contratados, incluso uniéndose a los trabajadores desocupados. Todos los que defiendan los intereses colectivos son “orgánicos”. Lejos del debate de a quién deben pedirle permiso y cómo deben proceder las organizaciones obreras para tomar medidas de fuerza, al recuperar su sindicato lo pusieron inmediatamente al servicio de la lucha, y establecieron a la asamblea como su máxima instancia de decisión. Así lo sellaron en su estatuto: “el SOECN es un sindicato que tiene como principio y forma de trabajo la asamblea de trabajadores, autoridad máxima para la resolución democrática de todas y cada una de las decisiones a tomar por los trabajadores. El SOECN reconoce, se orienta y basa su práctica en la lucha de clases y bajo los principios del sindicalismo clasista, conservando su plena independencia del Estado y sus instituciones, del gobierno y todas las organizaciones patronales”.

“Nuestra ley es que la asamblea manda” dice el dirigente ceramista Raúl Godoy.

Más allá del fallo en el Caso Orellano, queda clara la necesidad de recuperar los sindicatos para transformarlos en organizaciones de lucha contra los capitalistas.

El Frente de Izquierda plantea la expulsión de la burocracia de los sindicatos; la independencia de los mismos del Gobierno y del Estado; la más plena democracia sindical; el derecho de los trabajadores a organizarse, sin la injerencia y el control estatal; la irrestricta defensa del derecho de huelga.


Lucho Aguilar

Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.

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