La propaganda anti LGTBI particularmente violenta de Putin ha hecho de los derechos de las personas LGTBI una cuestión ideológica de la guerra de Ucrania. Pero, por otro lado, ¿puede el gobierno de Zelensky apoyado por la OTAN hacer avanzar los derechos LGTBI en Ucrania?
Lunes 27 de febrero de 2023

Publicado originalmente en Révolution Permanente: Droits LGBT et guerre en Ukraine : entre l’illusion démocratique de l’OTAN et les réactionnaires
La propaganda anti LGTBI, un elemento central del proyecto reaccionario putinista para Rusia
Desde el comienzo de la guerra en Ucrania, el gobierno de Vladimir Putin ha llevado a cabo una ofensiva reaccionaria importante contra la comunidad LGTBI: el pasado 5 de diciembre, Putin oficialmente firmó la ley contra toda mención de las personas homosexuales y trans en redes sociales, en los medios de comunicación, en el cine, en los libros, en la publicidad y en los servicios de streaming. Una ley aprobada a la velocidad de la luz por los diputados rusos que preparan a partir de ahora la prohibición del cambio de la mención de género en los documentos oficiales sin certificado médico, la prohibición de la GPA para los extranjeros y el paro de la financiación del aborto con fondos públicos. Es decir, toda una serie de ataques materiales al derecho de disposición de sus cuerpos.
Esta ofensiva contra las personas LGTB y las mujeres está justificado por un discurso muy violento que oponen al occidente decadente con sus «marchas gays », « el padre 1 y el padre 2 » y « la ideología de género » a los valores tradicionales rusos, a la familia heterosexual y a la fe cristiana ortodoxa. Un discurso que legitima ideológicamente la guerra en Ucrania y la escalada en la cual está envuelta el régimen, pero también forja enemigos interiores pendientes de redirigir la cólera contra un régimen debilitado por las dificultades geopolíticas y económicas contra una minoría estigmatizada.
Para el presidente Vladimir Putin (discurso del 30 de septiembre de 2022), “las élites occidentales niegan radicalmente las normas morales, de la religión, de la familia”, que quieren imponer a “todos los pueblos” a través notablemente de las personas LGTBI que serían “perversiones que buscan la degradación y la extinción”. En Occidente, según Putin, los niños están en peligro en las escuelas: “les quieren meter en la cabeza que supuestamente existen otros géneros aparte de hombres y mujeres, les proponen la cirugía de cambio de sexo”. Y es una visión que habría que rechazar para Rusia: “¿Queremos todo eso para nuestro país y para nuestros hijos? Para nosotros, todo eso es inaceptable, tenemos un futuro diferente”.
Para el diputada Alexandre Khinshtein (discurso del 17 de octubre), diputado ruso a la cabeza del grupo parlamentario dedicado a la política de información y uno de los principales autores de la ley contra la propaganda LGTBI, “los LGBT hoy en día son un instrumento de la guerra híbrida (contra Occidente). En dicha guerra híbrida, debemos proteger nuestros valores, debemos proteger nuestra sociedad y a nuestros hijos”.
Para el Patriarca Kirill (sermón de marzo del año 2022) a la cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa: “En el Donbass, existe un fuerte rechazo a los valores que son propuestos por aquellos que buscan mantener un poder sobre el mundo entero, el Occidente. Existe un test de lealtad de ese poder una suerte de permiso para poder entrar en ese mundo hereje, el mundo del consumo excesivo, el mundo de la libertad visible. ¿Y cuál es ese test? Es muy simple y al mismo tiempo horrible- es un desfile gay. Las demandas de acoger manifestaciones del orgullo son un test de lealtad a ese mundo poderoso y se sabe que si las personas o países rechazan tales solicitudes, no serán parte de este mundo.
Paralelamente, el régimen de Putin produce campañas profesionales de propaganda reaccionaria, por ejemplo, un hombre estadounidense no pudiendo encontrar más encontrar una cita en las aplicaciones de citas o en los bares donde las mujeres en tanto que categoría social ya no existen, solamente no binarias y otros “transexuales”. Entonces, coge un billete de avión para llegar a Moscú donde se cae encima de mujeres rusas sonrientes de ojos azules y largos cabellos rubios y rojos. Rusia, un país donde las “mujeres de verdad ” todavía existen. Despreocupadas, elegantes y bien cuidadas, ellas pueden también posar frente a tanques con rifles de asalto mientras usan lápiz labial.
El régimen de Putin, buscando impulsar la idea de una Rusia conservadora atada a las tradiciones retrógradas heterosexuales y patriarcales, intenta crear una cultura común y unir las diferentes clases de la población bajo el mismo proyecto político reaccionario. Un medio del régimen para alisar las contradicciones de la sociedad rusa dividida por las importantes desigualdades entre la clase obrera cada vez más empobrecida y enviada al frente como carne de cañón; y la clase capitalista oligárquica, que cuenta con enormes beneficios de los recursos naturales, de la privatización de los servicios públicos y de la infraestructura que el país dispone a partir de la era de la Unión Soviética. La ideología nacionalista y militarista con las aspiraciones de vuelta a la grandiosa geopolítica de la URSS por tanto que la homofobia y el sexismo institucionales y reforzados por el estado permiten pretender que existe una Rusia unida, autora de valores culturales, sexuales y religiosos profundamente reaccionarios.
La política del Estado ruso busca eliminar a las personas LGTBI del espacio público como un elemento eminentemente extranjero y “Occidental”, reforzar la división sexual entre hombres y mujeres (mostrando los hombres y mujeres casi como dos especies diferentes, justificando la división de género en el trabajo y los mecanismos sexistas…) y enfatizar la familia heterosexual tradicional, que también sirve para dos propósitos adicionales. Las personas homosexuales y trans sortean el marco clásico de “hombres” y “mujeres” heterosexuales predestinados a fundar una célula familiar y a reproducirse, dando paso a futuros trabajadores. Esto es inaceptable para los objetivos del régimen que combate la base demográfica importante dentro de la sociedad rusa por medio de diversos programas de ayudas a la maternidad tras años.
Evidentemente, bajo condiciones de guerra con las numerosas muertes al frente y la emigración de las clases medias al extranjero, la situación demográfica está peor que nunca. El combate cultural y político contra las personas LGTBI permite bajo la lógica del régimen (pero no en los hechos) la extensión de las políticas natalistas y potenciales mejoras demográficas.
El refuerzo de la división sexual entre “hombres” y “mujeres” lleva consigo todo un abanico de expectativas de género tradicionales evidentemente reaccionarias permiten igualmente justificar el reclutamiento masivo de hombres o de personas con la mención “H” en su pasaporte, que puede igualmente incluir a mujeres trans que no hayan cambiado sus documentos civiles u hombres trans que al contrario, hayan finalizado su transición administrativa.
Actualmente, todas las personas asignadas al sexo masculino al nacer deben hacer el servicio militar obligatorio, que hasta hace muy poco se extendía de los 18 a los 27 años, pero que se elevará a los 30 años. Una sociedad cada vez más militarizada en la que los hombres rusos van a la guerra y utilizan la violación de mujeres y niños ucranianos como arma de guerra y las mujeres rusas se quedan en casa y crían a sus hijos, futuros soldados o madres a su vez: éste es el modelo nacional de Putin para los próximos años.
La ilusión del camino hacia una democracia progresista garante de los derechos LGTBI en Ucrania
En Ucrania, la convención de Estambul sobre los derechos de las mujeres y la violencia doméstica (que también incluye apartados sobre igualdad que pueden servir para la defensa jurídica de las personas LGBT) ha sido ratificado el pasado mes de julio. La adopción de la convención, pero tambien notablemente una reciente petición en favor del matrimonio entre personas del mismo sexo que a reunido 25000 firmas, forman parte de los argumentos avanzados por los militantes LGTBI que esperan y ven un cambio de la actitud del gobierno y de la población ucraniana hacia los derechos LGTBI.
Svyatoslav Sheremet, un activista LGBTI ucraniano entrevistado por el Washington Post, explica: “Puede parecer loco, pero la guerra nos va a ayudar”. Es además el eje del artículo de Mathilde Goanec para Mediapart titulado: “Ucrania: la guerra, un poderosos acelerador para los derechos LGTB+”,igual que la cita de un militante LGTB ucraniano. Esos activistas, pero también múltiples organismos gubernamentales de países de la OTAN así como ONGs y medios de comunicación, se basan en dos aspectos para defender que la guerra contra Rusia podría favorecer el avance de los derechos LGTBI en Ucrania
Primeramente, el sentimiento antirruso y la posible voluntad de ir contra la propaganda anti-LGTB de Putin. “De esta guerra, si se puede decir, surje una cosa buena: los ucranianos prefieren de hecho la rusofobia a la homofobia…” explica de tal forma Edward Reese, otro militante LGTBI entrevistado por Mediapart. El razonamiento es que de la unión nacional ucraniana, que será capaz de unir las personas LGTBI que podrían traspasar su marginalización en combate con el resto del ejército ucraniano, incluyendo a sus componentes más conservadores. En segundo lugar, la Unión Europea a la que Ucrania espera integrarse. En efecto, la adhesión a la UE está sometida notablemente a criterios en términos de leyes antidiscriminatorias, incluyendo la discriminacion contra el colectivo LGTBI.
La respuesta del gobierno de Zelensky permanece, sin embargo, lejos de estas aspiraciones en el terreno legal. CNN reporta la respuesta de Zelensky (disponible en la web del gobierno ucraniano) a la petición que concierne el matrimonio homosexual: “El código de la familia de Ucrania define la familia como la unidad primaria y principal de la sociedad, Una familia se compone de personas que viven juntos, están ligados por una vida comun y tienen derechos y obligaciones mutuas. Según la Constitución ucraniana, el matrimonio está forjado sobre el libre consentimiento de una mujer y un hombre (artículo 51). “Ese Código de la Familia” es parte de la Constitución ucraniana y, como le explica más en detalle Zelensky, “la Constitución de Ucrania no puede ser modificada durante una ley marcial o un estado de excepción (artículo 157 de la Constitución de Ucrania)”, aquella que se aplica durante la guerra.
En la misma declaración, Zelensky, sin embargo, trata de tranquilizar a los componentes progresistas que se posicionaron a favor del matrimonio homosexual, y sobre todo de dejar abierta la puerta a leyes antidiscriminatorias en el marco de la candidatura de Ucrania para su ingreso a la Unión Europea: “En el mundo moderno, el nivel de la sociedad democrática se mide, entre otras cosas, por la política del Estado encaminada a garantizar la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. Cada ciudadano es una parte inseparable de la sociedad civil, tiene derecho a todos los derechos y libertades consagrados en la Constitución de Ucrania”.
Totchka Opori, miembro del reciente consejo consultivo Defensor de los derechos del Parlamento ucraniano, subraya esta linea fina sobre la cual marchan los diferentes componentes del gobierno ucraniano con Mediapart Explica que el partido presidencial (Servidor del Pueblo), al igual que el de su oponente Petro Poroshenko “puede apoyar un día proyectos de ley que condenen la “propaganda homosexual” y otro día textos claramente progresistas a favor de los derechos de la comunidad LGBT+. “Una ambigüedad subrayada por algunas declaraciones de miembros del gobierno ucraniano, como el exconsejero de Zelensky Alexey Arestovitch, que no oculta su homofobia y transfobia y afirma que si “los LGTB son personas desviadas”, deberá “tratarseles con compasión”, todo mientras mantiene su oposición a “la propaganda LGTB”.
El gobierno de Zelensky sostenido por la OTAN: ¿un garante de los derechos democráticos en Ucrania?
Al margen de estas contradicciones, internacionalmente, los países imperialistas de la OTAN buscan a hacer de Zelensky una figura de hombre de estado valiente y resistente a la invasión rusa y el garante de una Ucrania que camina hacia un devenir de democracia liberal con unas aspiraciones democráticas y progresistas, entre las que figuran los derechos LGBT. Una imagen que contrasta con la realidad del proyecto político del gobierno ucraniano sostenido por la OTAN.
Un ejemplo notorio: el parlamento ucraniano, la Rada a institucionalizado en 2018 la celebración del aniversario de Stepan Bandera, un nacionalista ucraniano que ha colaborado con el régimen nazi y donde la organización de inspiración fascista (el OUN-B) ha organizado progromos de judíos y de polacos en Ucrania. Con la composición de la Rada entonces, es el partido de extrema derecha el Frente Popular que tenía el mayor número de diputados, pero las elecciones legislativas de 2019 reportadas por el partido de Zelensky (el servidor del pueblo) no han cambiado la donna: la fiesta que pone a miles de personas en las calles el 1 de Enero con antorchas e insignias de extrema derecha se ha quedado oficial.
En 2023, en el contexto de la guerra, esta celebración instala un malestar diplomático entre Ucrania y Polonia que provee un sostén militar importante a su vecino. El tweet de la Rada haciendo un homenaje elogioso a Bandera con una foto de Valerii Zaluzhny, el jefe de las fuerzas militares ucranianas, bajo la portada del nacionalista a sido vivamente criticado por la clase política polaca indignada iugalmente por la retórica negacionista del viceministro de asuntos exteriores Andriy Melnyk en cuanto a las masacres de las fuerzas de Bandera contra los polacos y los judíos.
Si el culto a la personalidad de Bandera en Ucrania es instrumentalizado por el régimen de Putin para asimilar toda la nación ucraniana a los “neo-nazis” que haría falta “desnazificar” (un elemento importante en la retórica de la invasión rusa) y por el otro lado los medios liberal tratan de “desencriptar” la figura de Bandera minimizando o ligando su carácter ultrarreaccionario. Por tanto, no hay ambigüedad: la celebración oficial del aniversario de Bandera y la utilización de las banderas roja y negro de su organización la UPA (el brazo armado de la OUN-B que ha masacrado entre 70 y 100 mil polacos entre 1943 y 1944) son testigos de una subida del nacionalismo ucraniano y de su instrumentalización por parte del estado. Esta oleada nacionalista permite igualmente favorecer el alineamiento de la clase obrera detrás de la burguesía en el combate por “la defensa y la liberación de la patria”. Esta lucha bajo las direcciones de las oligarquías ucranianas se convierte en realidad en la sumisión de Ucrania a las potencias imperialistas de la OTAN, nada que ver con una verdadera liberación nacional.
Sobre el terreno de los derechos democráticos, en el que la OTAN y el gobierno de Zelensky querían aparecer como los garantes, la realidad es igualmente otra con la ley marcial utilizada para llevar a cabo una ofensiva contra la libertad y el derecho al trabajo.
En efecto, el pasado agosto el gobierno de Zelensky ha firmado una ley antisindical prohibiendo a los trabajadores en las empresas teniendo menos de 250 trabajadores de reunir sindicatos o de tener negociaciones colectivas con sus empresarios. La ley permite igualmente a las empresas de aumentar el tiempo de trabajo a 60 horas por semana y no respetar las reglas del código de trabajo: no está ya prohibido a los empresarios de hacer trabajar los dìas festivos o los días de descanso, ya no es obligatorio de remunerar las horas extra entre otros. Otros ataques sobre el derecho del trabajo permiten a las empresas suspender temporalmente los convenios colectivos y de suspender el contrato laboral.
En 2020, Kviv Independent reportaba una tentativa de censura de la película documental “Offshore 95” sobre las empresas offshore de Volodymyir Zelensky que han figurado en los Pandora Papers y en las que los beneficios pasan por la sociedad pantalla de su mujer Olena Zelensky. Según el medio Ukrainska Pravda, el cine donde se suponía que tendría lugar la premier del documental, había recibido una llamada de parte del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) con amenazas de “problemas” si la primera no hubiese sido anulada. Después de que el cine anulase la premier bajo motivos falaces, ha hecho falta una movilización en los medios y sobre las redes sociales para restaurar la proyección de la película.
A finales de 2022, el gobierno de Zelensky ha firmado una ley que permite el cierre de medios sin proceso. Una ley que el Sindicato Nacional de Periodista en Ucrania ha tratado de “la mayor amenaza a la libertad de expresión de toda la historia de Ucrania independiente”. La Federación europea de periodistas constata:”la ley da poderes de regular arbitrarios y desproporcionados al regulador nacional, el Consejo Nacional de Radiodifusión, que no tendría no solamente el control de los medios audiovisuales , sino también el de la prensa escrita y numérica”. Los miembros del Consejo nacional de Radiodifusión son nombrados por Volodymyr Zelensky y por el parlamento donde su partido, el Servidor del Pueblo, detenta una mayoría.
Con sus ataques incesantes sobre el derecho del trabajo y sobre la libertad de prensa, sobre todo cuando ella visa a informar sobre las empresas offshore, Zelensky se sitúa entonces muy lejos del relato de un guardián de la democracia que encarna con su figura el espíritu ucraniano de la resistencia a la invasión rusa. Podemos igualmente dudar de la voluntad del gobierno ucraniano de sostener los derechos democráticos LGBT mientras atacan el resto de derechos democráticos. Los relatos simplistas de “la democracia contra la dictadura” y “el progreso europeo contra la reacción rusa” movilizado por los periodistas de los grandes medios impiden ver la realidad política del país en la que el gobierno se beneficia de la ley marcial para asentar su poder y para minar las condiciones de vida de la clase trabajadora.
La posibilidad de avanzar los derechos democráticos tales como el matrimonio gay o las leyes anti-discriminación que sobreentiende el gobierno de Zelensky delante de la población y de los medios occidentales no tiene por el momento ningún horizonte concreto. Pero incluso si se realizara, esa posible igualdad delante de la ley no garantiza en nada una igualdad en la vida mientras los ataques al derecho del trabajo empeoran las condiciones de vida de las capas más precarias de la población, donde hacen parte las personas LGBT.
El esfuerzo de guerra en Ucrania: ¿un arma de emancipación para las personas LGBT?
Lenny Emson, una de las organizadoras de la Pride de Kyiv, explica en el Washington Post que las organizaciones LGBT ucranianas habían constatado un aumento de las agresiones hacia las personas LGBT por la policía antes del inicio de la guerra. Transgender Europa había igualmente identificado más ampliamente los arrestos arbitrarios, el chantaje y las amenazas por parte de las fuerzas del orden como una de las amenazas corrientes que sufren las personas LGBT.
Más allá de la policía, la ONG LGBT Esfera describe a Amnesty otra amenaza que pesa sobre los individuos y las organizaciones LGBT en Ucrania: los grupos de extrema derecha. “Orden y Tradición”, “Freikor”... los militantes de Esfera enumeran los grupos fascistas o fascistizantes que han llevado acciones reivindicatorias contra el Pride, contra los locales o las actividades de organización LGBT.
Algunas organizaciones y personas LGBT creen que el sentimiento antirruso y los planes de unidad nacional en torno a la guerra, así como el acercamiento a los países de la OTAN, están actuando en favor de las personas LGBT. Arthur Ozerov, funcionario gay del Estado, declara a la CNN: "Los ataques a Rusia, cuyas leyes condenan al ostracismo a la comunidad LGBTQ+, han hecho que muchos ucranianos se den cuenta de que quieren apoyar los valores europeos que promueven la inclusión y la igualdad". Pero también explica otro factor que, en su opinión, juega a favor de una mayor aceptación de las personas LGBT por parte de la mayoría en Ucrania: el hecho de que cada vez más soldados, o ucranianos que participan en el esfuerzo bélico, empiezan a identificarse públicamente como LGBT.
El fenómeno del "batallón unicornio" que se observa en las redes sociales es emblemático de aquellas personas LGBT que creen que la participación en la unidad nacional y en el esfuerzo bélico, y el hecho de contar con personas LGBT entre los soldados en primera línea, facilitará su inclusión en la sociedad ucraniana. Soldados homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales se presentan públicamente en las redes sociales vestidos de uniforme de faena y con un parche de unicornio, a menudo asociado con la comunidad LGBT.
También en la segunda línea, los civiles LGBT reivindican al ejército como su principal aliado en la búsqueda de sus derechos y de un cambio de mentalidad. Algunos se comprometen con este objetivo en acciones de apoyo a los soldados, recaudación de fondos o recogida de material. La asociación Queer Lab, por ejemplo, fundó una cooperativa para crear puestos de trabajo para personas LGBT, destinando el 50% de los beneficios a ZSU, el ejército ucraniano. Un voluntario de otra asociación también declara en Mediapart: "Llevaba material a nuestros soldados, incluidos varios pares de gafas de visión nocturna, que cuestan una fortuna. Los chicos estaban como locos, eran los primeros que tenían en sus manos. Dije a propósito: "Este material ha sido recogido por voluntarios LGBT+. ¿Todavía lo quieres?" Los soldados se quedaron estupefactos, ¡pero conservaron las gafas!".
Pero más allá del sufrimiento asociado a la situación de guerra, como la falta de medicamentos, la escasez, etc., que sufren en particular las personas trans (que ya pueden tener dificultades previas para acceder a la atención necesaria, como tratamientos hormonales o cirugía), la ley marcial vigente en Ucrania desde el comienzo de la guerra también tiene un profundo impacto en las personas LGBT.
Esta ley estipula que los hombres de entre 18 y 60 años no pueden salir de Ucrania. Aproximadamente 12.000 reclutas varones intentaron abandonar Ucrania ilegalmente tras la imposición de la ley marcial, y el Servicio Estatal de Fronteras de Ucrania informó de que 15 de ellos murieron intentando salir del país. El Comisario de Derechos Humanos de la Unión Europea también informó de que algunas personas trans e intersexuales estaban teniendo dificultades para salir del país, incluidas mujeres trans que fueron bloqueadas en la frontera porque no se les había dado la oportunidad de cambiar la designación de género en sus pasaportes. Es difícil denunciar esta situación si, como pretenden algunos, las personas LGBT deben participar plenamente en el esfuerzo de unidad nacional y de guerra para hacerse un hueco en la sociedad.
El acrítico abrazo del gobierno ucraniano a la unidad nacional también borra una de las luchas contra quienes eran los principales enemigos de las personas LGBT antes de la guerra, y lo seguirán siendo después: la extrema derecha. En nombre del esfuerzo bélico ucraniano, algunas organizaciones LGBT ucranianas reclaman apoyo indiscriminado e incluso alianzas con componentes conservadores, incluso reaccionarios o activamente fascistas, de las fuerzas armadas ucranianas.
Taras Karasiichuk, destacado activista LGBT en Ucrania, afirma haber recaudado fondos para el Regimiento Azov, un batallón paramilitar independiente de voluntarios de extrema derecha, algunos de los cuales están afiliados a neonazis, según el Washington Post. "Todo el batallón sabe que han recibido dinero de ’los gays’, y no les importa. Creo que si pueden organizar una resistencia exitosa contra Rusia, eso es bueno", afirma. "Puede chocar al típico activista liberal occidental, pero cuando presencias una guerra, tus valores cambian. Te das cuenta de que tus raíces están en una nación y que tener una nación fuerte es muy importante".
Entre quienes consideran que participar en la construcción de una gran nación ucraniana unida es lo que permitirá la conquista de los derechos y la libertad sexual en Ucrania, pensando en borrar las diferencias entre los intereses de las personas LGBT y los de la extrema derecha más reaccionaria, se encuentra también la asociación UKRAINEPRIDE. En los primeros días tras la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero, UKRAINEPRIDE organizó un acto para recaudar fondos para el ejército... y en particular para el regimiento Azov. LGBTQ Nation informa de que el regimiento, que esperaba ser "cancelado" por una organización LGBT, se sorprendió al recibir de ésta una donación de 10.000 dólares.
Sofia Lapina, antigua organizadora del Orgullo de Kiev y activista de UKRAINEPRIDE, justificó así la alianza a Vogue Ucrania: "Nuestra misión no es dividir, sino unir. Además, la comunicación, las asociaciones o el diálogo con los conservadores no es un problema para nosotros, porque la democracia es la coexistencia de todos los puntos de vista, siempre que ninguno de ellos restrinja los derechos de los demás y conduzca a la violencia...".
Sin embargo, se trata de ilusiones. En realidad, la extrema derecha ucraniana e incluso los componentes más "moderados" de la derecha conservadora ucraniana no tienen mucho que envidiar a las políticas reaccionarias y profundamente anti-LGBT de Putin y su régimen. Las necesidades de la guerra pueden crear a veces situaciones excepcionales como las descritas aquí. Pero esta "benevolencia" de las milicias de extrema derecha hacia las personas LGBT se volverá rápidamente en su contra, en cuanto la guerra pierda intensidad.
Las personas LGBT y sus organizaciones tampoco pueden confiar en Zelensky. El acercamiento de la OTAN y la Unión Europea no es ninguna garantía para los derechos de las personas LGBT, como demuestran Polonia, Hungría y muchos otros Estados miembros de la UE.
Si la extrema derecha sale reforzada por su rol en la guerra, es más probable que Zelensky deba hacerles concesiones y los derechos de las personas LGTBI (al igual que los de las mujeres) sean sin ninguna duda objeto de esas concesiones. Para nosotros, las personas LGTBI y sus organizaciones deberían buscar aliados al lado de la clase trabajadora, de otros sectores oprimidos de la sociedad, de la juventud específicamente expuesta a los dramas de la guerra. Y todo aquello en el marco de una política de lucha independiente contra la agresión rusa pero también contra la utilización reaccionaria por parte de los poderes imperialistas de la OTAN de la lucha del pueblo ucraniano y de sus aliados locales, el gobierno de Zelensky.
Es urgente que la izquierda anticapitalista, las organizaciones obreras, feministas y LGTBI y los movimientos antimilitaristas de toda Europa y Rusia salgan a la calle contra la guerra. Por eso luchamos contra la extrema derecha y su LGTBfobia, contra la violencia machista y decimos ¡No a la guerra, ni un solo tanque para Ucrania! ¡Tropas rusas, fuera de Ucrania! ¡Todo el apoyo a las mujeres, LGBTI y jóvenes que se manifiestan contra la guerra y su propio gobierno!
Por ello es importante desarrollar una postura internacionalista y socialista, que combata las opresiones patriarcales y apueste por la lucha conjunta de los distintos pueblos y la clase trabajadora contra nuestros propios gobiernos, para detener la actual escalada e imponer un programa que descargue sus consecuencias sobre los capitalistas. Una izquierda revolucionaria que retome la perspectiva de imponer gobiernos de la clase trabajadora que pongan fin a un orden social que solo nos conduce a la barbarie.
Traducción: Carlos Rubio y David Carr