×
×
Red Internacional
lid bot

Crisis e inflación. Descontento y protestas en Irán por el aumento del precio de los alimentos

Las protestas contra los aumentos de precios, en particular del trigo, aimentos básicos y combustibles, disparados por la guerra en Ucrania, se multiplican en varios países del mundo. En Irán las manifestaciones se combinan con un malestar creciente con el régimen teocrático, la precarización laboral, una juventud sin futuro y la escasez de agua y energía. Un cóctel explosivo que viene creciendo en los últimos años.

Juan Andrés Gallardo

Juan Andrés Gallardo @juanagallardo1

Viernes 27 de mayo de 2022 10:26

Irán vive fuertes jornadas de protesta desde principios de mayo tras la decisión del gobierno de recortar los subsidios a los productos alimenticios. Una serie de factores internos, que incluyen sequías que afectaron a los cultivos, y externos, como la disparada internacional de precios por la guerra en Ucrania, produjeron niveles de inflación no vistos hace años.

Los productos básicos como el trigo importado aumentaron hasta en un 300 % y el aceite de cocina casi un 400 %. En cuestión de días, las protestas que surgieron casi simultáneamente en el norte, el este y el centro de Irán se extendieron por todo el país y finalmente llegaron a la capital, Teherán, donde los conductores de autobuses se declararon en huelga plegandose a las protestas y exigiendo un reajuste salarial del 57 %.

La tasa de inflación oficial es de alrededor del 40%, y algunos estiman que supera el 50%. Casi la mitad de los 82 millones de habitantes del país están ahora por debajo del umbral de la pobreza.

Este aumento en los productos básicos pulverizó los salarios, que ya venían siendo bajos, y aumentó el malestar con el régimen político. En varias protestas del país se escuchan consignas contra el líder supremo, el Ayatollah Ali Khamenei, y la tutela del régimen teocrático en la República Islámica.

El Gobierno del presidente conservador Ebrahim Raisi, que asumió en agosto del año pasado en el marco de una baja votación y poca popularidad, mandó a reprimir las protestas masivas con el saldo de al menos cuatro manifestantes muertos.

Además, el derrumbe de un edificio en la ciudad e Abadán, en el sur del país, que dejó al menos 15 muertos el lunes pasado, ha venido provocando jornadas de protestas que incluyen movilizaciones, el repudio al régimen y la quema de comisarías, mientras que los funerales masivos se convirtieron en actos espontaneos de protesta.

Irán viene de dos años de masivas manifestaciones que incluyeron huelgas de trabajadores tercerizados y precarizados en la industria del petróleo y el azúcar, y una revuelta popular por la escasez de agua y electricidad que ha provocado apagones y sequías en todo el país.

Esto se suma a la crisis producto de las sanciones aplicadas bajo la administración Trump, cuando Estados Unidos se retiró del llamado acuerdo nuclear, que afectó particularmente a los trabajadores y el pueblo iraní, y que se profundizaron aún más por los efectos de la pandemia.

Los movimientos de los últimos años no han mostrado un liderazgo definido sino que tienen un fuerte componente espontáneo que las vuelve más descentralizadas y descoordinadas, y al mismo tiempo más radicalizadas y explosivas. La juventud ha venido jugando un papel creciente en las protestas, y la incorporación de miles de trabajadores precarizados durante los últimos años han permitido que un sector de la clase obrera emerja con sus propios métodos, como es el de la huelga. Sin embargo, aún no han salido a las calles los sectores más concentrados del movimiento obrero, los petroleros de empresas estatales, mejor pagos y que manejan uno de los principales resortes de la economía, así como también tienen en sus manos la posibilidad de paralizar la producción poniendo en jaque al régimen.

En este marco el gobierno busca dividir a los manifestantes y presentó un plan para otorgar subsidios personalizados a los sectores más pobres, mientras que mantiene los aumentos para los sectores de las clases medias y bajas que han visto sus salarios disminuidos por la inflación. También prometieron “castigar” a los especuladores que aumenten los precios en forma desmedida.

Por ahora, este plan no ha funcionado y el régimen sigue apostando a reprimir las protestas que surgen cada día en una nueva ciudad del país, y que expresan una bronca acumulada que va más allá de los aumentos actuales y que combina la crisis económica con un régimen político en decadencia.


Te puede interesar: Claves. Irán: la clase trabajadora y la presión imperialista


Juan Andrés Gallardo

Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario

X Sección Internacional