Cuando las noticias fatales del sábado por la madrugada todavía no se terminaban de digerir, las autoridades municipales de Olavarría iniciaban el operativo descompresión. Evitar desmanes y mantener una imagen decente de la ciudad ante todo. En segundo plano quedaba la seguridad de las personas que las propias autoridades habían aceptado convocar al evento.

Leo Améndola TW/IG: @aladelos
Domingo 12 de marzo de 2017 20:55
Como consecuencia de un cálculo que era esperable, la noche ricotera quedaba opacada una vez más. Con la capacidad excedida con creces, el colapso se instaló no sólo en el predio del propio recital, sino en el conjunto del espacio geográfico.
La ciudad de Olavarría, con una población permanente de unos 120 mil habitantes, se vio en pocas horas habitada por unos 300 mil huéspedes. Algunos calculan que llegaron a ser 100 mil autos los que se acercaron a la ciudad y sus alrededores.
Es imaginable, hasta para el neófito en temas urbanos, que semejante cantidad de gente no puede ser movilizada tal y como se hace en un domingo olavarriense normal, con sus “vueltas al perro” y sus autos regulando “en segunda” por las calles céntricas.
Como extensión natural del desastre que se dio en el predio, la ciudad se vio rápidamente colapsada por centenares de miles de personas buscando una salida. Sin preparación previa de transporte público acorde las autoridades decidieron llenar camiones con jóvenes para tirarlos fuera de los límites de la ciudad y limpiar las calles.
Tenían a disposición las vías del ferrocarril que unen Olavarría con Constitución y que pueden albergar a miles en un solo viaje. Pero eso ni se tuvo en cuenta.
La desplanificación capitalista de la industria del espectáculo no termina en el recital en sí mismo, sino que, como verdadera industria, se abalanza sobre el conjunto de la vida, de la ciudad y de las personas.
Para las autoridades, la principal preocupación fue limpiar rápido la escena, como en un auténtico crimen. “Que no queden rastros e intentemos volver a la normalidad”. Con el chamuyo de que los camiones hacían el movimiento de personas más rápido, que vayan a otro lado.
Tratar a los pibes y pibas como ganado es sólo un capítulo más de la horrible serie que se vivió el fin de seman en Olavarría.

Leo Améndola
Trabaja en el MTEySS y es delegado de ATE-Trabajo. Miembro de Izquierda Diario y militante del PTS