A escasos 11 días de la contienda electoral, continuamos el debate abierto entre los llamados “anulistas” y aquellos que están llamando a votar a los candidatos del Morena, en esta ocasión, a propósito de los dichos de José Agustín Ortíz Pinchetti (JAOP).

Jimena Vergara @JimenaVeO
Miércoles 27 de mayo de 2015
No basta cuestionar la corrupción, hay que cuestionar al régimen
Dice el autor desde el inicio de su columna en La Jornada, que los anulistas metemos “en el mismo saco de descalificación a Morena, puede ser por animadversión a su líder principal”.
En nuestro caso, ya en otras ocasiones, delimitamos la crítica a los partidos del régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) de la crítica al movimiento encabezado por López Obrador.
Nuestras críticas, lejos de basarse en la animadversión personal al líder del Morena o incluso a sus candidatos y promotores –como es el caso de José Agustín–, pretenden encarar el debate desde el punto de vista de los planteamientos políticos del Morena y el carácter que las elecciones de medio término tienen desde el punto de vista del régimen de dominio.
Desde nuestro ángulo, la preocupación central de las instituciones y los partidos políticos de conjunto, es legitimar la decadente y degradada democracia mexicana, asociada con el narcotráfico y administradora de los intereses de las grandes trasnacionales, en particular norteamericanas.
Una de las banderas del Morena radica en su cuestionamiento a la corrupción y la falta de austeridad de la llamada clase política. Dice JAOP que Morena “ha llevado el tema de la corrupción y la impunidad al centro de su programa y su discurso”. Lo que hemos planteado es que éste, que es uno de los aspectos fuertes del movimiento encabezado por López Obrador, genera una gran simpatía entre sectores amplios de trabajadores, las clases medias y la juventud producto del hartazgo frente a la forma ostentosa en la que viven los altos funcionarios del poder político, la impunidad reinante y la asociación delictuosa de las instituciones del estado con el narcotráfico.
Sin embargo, las causas profundas que han gestado el caldo de cultivo propicio para la desaparición de los 43 normalistas, la persistencia de las condiciones esclavistas en las que laboran los jornaleros de San Quintín, la aplicación sistemática de las llamadas reformas estructurales, la violación a derechos humanos, el despojo, la precarización laboral, la descomposición social encarnada en el feminicidio, la trata y la violencia que azota al país, no se va a resolver porque dentro del personal del régimen político se “infiltren” algunos funcionarios honestos.
El problema fundamental de Morena es que carece de un programa radical para enfrentar el “proyecto de nación” que defiende Enrique Peña Nieto (EPN) y el régimen. No hace falta más que revisar la propuesta del Morena en torno a la política de seguridad basada en la “guerra contra el narcotráfico” y la militarización que han devenido en una crisis de derechos humanos de altas proporciones.
¿Es que los candidatos del Morena están planteando críticas al proyecto de policías de mando único, la creación de la gendarmería y la militarización? ¿Es que los candidatos del Morena están planteando la legalización de las drogas como forma radical de poner fin a uno de los negocios capitalistas más rentables de la economía mexicana y norteamericana? ¿Es que están planteando la expropiación de las grandes fortunas del narco y el lavado de dinero para cortarle el flujo de capital al llamado “crimen organizado” y sus socios de cuello blanco?
Los promotores del voto al Morena, cuyo argumento central se basa en la honestidad de su dirección y sus cuadros, callan el hecho por ejemplo de que, frente a la creciente criminalización de la protesta social, López Obrador se negó a pronunciarse contra el gobierno de Miguel Ángel Mancera, que tiene en su haber decenas de detenciones arbitrarias. Y como hecho concreto, fue durante su gobierno que se integró el artículo 362 en el código penal capitalino (símil del delito de disolución social de 1968) y la política de “cero tolerancia” inspirada en el represor ex alcalde de la ciudad de Nueva York, Rudolph Guiliani.
Que surja una organización política independiente
Dice JAOP que “Anular el voto no requiere de gran esfuerzo o valentía”. Se le olvida que en el espectro que el mismo nombra como “anulista” se encuentran los heroicos padres de Ayotzinapa, los jornaleros de San Quintín, muchas de las organizaciones indígenas que están luchando contra el despojo, el magisterio en lucha que tiene desaparecidos y encarcelados, sectores obreros que hoy están luchando contra la burocracia sindical y el gobierno. Lamentablemente, un sector amplio de la intelectualidad progresista le ha dado la espalda a estos sectores –que encarnan las luchas más duras de la realidad nacional– para acusarlos de “simplistas” e “ignorantes”.
Y también dice el autor que “formar una organización nacional capaz de competir en las elecciones requiere de trabajo duro, valentía, confianza en uno mismo y capacidad organizativa. El 90 por ciento de los fundadores hemos trabajado como voluntarios casi por tres años. Pocos partidos en el mundo podrían ufanarse de esto”. Como ha pasado en México desde que el Partido de la Revolución Democrática surgió, toda expresión política independiente está invisibilizada por los intelectuales afines a la centroizquierda.
En el caso del Movimiento de Trabajadores Socialistas –que hoy empalmamos orgullosos con el sentir de las luchas más emblemáticas del país–, que conseguimos nuestro registro como APN con una intensa campaña militante participando en las luchas, tomando las calles, las plazas públicas, los centros fabriles, las escuelas y facultades para afiliar a más de 5000 personas a una alternativa que se reclama abiertamente socialista, estamos planteando el voto nulo como una campaña militante.
Nuestra aspiración es construir en México un partido político de las y los trabajadores, que ponga a la ofensiva la lucha por el socialismo, la liquidación de esta democracia asesina y la construcción de un nuevo tipo de sociedad. No nos negamos a utilizar la lucha parlamentaria y participar en elecciones si existieran en México organizaciones con registro de la izquierda y los trabajadores y que aprovechasen todo resquicio a fin de propagandizar la lucha de los trabajadores y una perspectiva revolucionaria.
Lamentablemente, el régimen político pone múltiples trabas para que este tipo de expresiones surjan y estamos conscientes de que toda conquista en este terreno, tendremos que arrancársela al estado. Sin embargo, esto está subordinado a la construcción de esta organización como un partido de combate, que se prepare para asaltar el cielo. No alejada de las luchas sociales como el Morena, que desde el 2006 para acá ha tenido que “limar” sus aspectos más “radicales” para aparecer como oposición potable y hoy fustiga a la izquierda independiente por repudiar las elecciones.
Si hay un despertar, este es el de la izquierda independiente que empalmó con el sentimiento de millones que dijeron al unísono “¡Fue el Estado!”.
Sabemos que el derecho de una organización socialista y revolucionaria a construirse y desarrollarse habrá de ser conquistado en todo escenario de la lucha de clases, incluido el electoral. Porque toda elección, toda huelga, toda lucha, toda movilización callejera es una escuela revolucionaria.

Jimena Vergara
Escribe en Left Voice, vive y trabaja en New York. Es una de las compiladoras del libro México en llamas.