Con la conmemoración del primer aniversario de la revuelta este 18 de octubre y ad portas de la celebración del plebiscito, el régimen político se prepara para una prueba importante en el que los partidos tradicionales buscarán aparecer como los grandes ganadores.

Ιωαχειν Santiago de Chile
Martes 20 de octubre de 2020
El gobierno, pese a las insistencias del sector más vociferante de la extrema derecha, ha decidido aplacar los ánimos mostrándose como “moderado”. Por un lado intenta llamar a manifestarse con calma y respetando las normativas sanitarias para resguardar con un discurso democrático la impunidad de sus principales agentes represores, la policía y los militares para evitar que los cuestionamientos puedan avanzar a afectar el funcionamiento de dichas instituciones.
Esto no significa que el gobierno espera de manera pasiva el aplastante triunfo del apruebo. Observando que las movilizaciones vuelven a aparecer tras meses de cuarentena, hacen el cálculo que la única manera de evitar que el proceso constituyente que pactaron con la oposición en el “acuerdo por la paz” no sea desbordado, es que los sectores más combativos no sean capaces de arrastrar en su desconfianza al proceso a las grandes mayorías que se movilizan contra la herencia de la dictadura y que esperan poder acabar con ella en el plebiscito de este domingo.
En esta operación de Piñera, mientras sigue descargando una brutal represión sobre los sectores más decididos a enfrentar a la policía, posa de garante de la institucionalidad democrática buscando arrastrar a la oposición, desde la ex Concertación al Frente Amplio, a condenar la violencia de los manifestantes. Con esto Piñera busca desviar el foco mediático de las violaciones a los ddhh de carabineros hacia los manifestantes y también instalar lentamente una cuña que divida a los sectores movilizados entre “pacíficos y violentos”. Dos pájaros de un tiro.
La oposición nos lleva a esta trampa, seducidos por las posibilidades electorales que les ofrecen las encuestas y por tanto están más interesados en que se celebren los comicios de concejales, alcaldes, gobernadores y constituyentes para así mantener un peso decisivo en las decisiones del régimen y ayudar a su recomposición.
El interés de la ex concertación radica en que no quieren acabar con la herencia de la dictadura y del modelo neoliberal que tantos réditos les ha traído, sino continuar ofreciendo una cara amable del mismo. El interés del Frente Amplio se reduce a desplazar a la ex Concertación en el juego de poder o al menos continuar estrechando su base electoral para poder hegemonizar a la oposición. Ni unos ni los otros parecen interesados en ofrecer una alternativa superadora al actual modelo y se enredan en las disputas palaciegas por pequeños cargos mientras caen en la trampa del gobierno de condenar la violencia “venga de donde venga” criminalizando la protesta.
Cada día en el poder es un triunfo para Piñera y la derecha, quienes ante el desorden de la oposición, logran desactivar las acusaciones constitucionales y evitar que las movilizaciones vuelvan a alcanzar el nivel de la revuelta, para así comenzar la recomposición de la base de la derecha, más allá de que triunfe el apruebo o el rechazo.
Y mientras las coaliciones tradicionales se preparan para una batalla presidencial que recibe más atención que la discusión sobre el contenido de la eventual nueva constitución, las movilizaciones se siguen sucediendo, las violaciones a los ddhh no cesan , todo esto con la pasividad cómplice de las direcciones sindicales y estudiantiles que se mantienen en el libreto del gobierno de dejar pasar todo ataque excusándose en no querer ser irresponsables por llamar a movilizarse en medio de la pandemia.
Sin duda que después de octubre el escenario político continuará abierto y la crisis del régimen político está aún muy lejos de cerrarse. Para que las operaciones del régimen no logren desviar definitivamente la revuelta de octubre, se hace más necesario que nunca que seamos capaces de levantar una alternativa política que le dispute a este proceso constituyente un horizonte de transformaciones que no caben en los estrechos márgenes del neoliberalismo “amigable” que quieren instalar como respuesta a las movilizaciones, pero por supuesto , sin afectar las grandes ganancias de los empresarios.
Desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios llevamos semanas preparándonos para el escenario posterior a este plebiscito tramposo que busca legitimar una Convención Constitucional sin poder real para acabar con este sistema de miserias e injusticias. Impulsamos durante semanas una campaña de recolección de firmas para conquistar nuestra legalidad como partido en varias regiones del país, así como un Comando por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana para denunciar la trampa de la convención y agitar la necesidad de levantar un Frente Anticapitalista de Trabajadores.
Todos estos esfuerzos tienen por objetivo organizar a los sectores dispuestos a llevar hasta el final este combate contra la herencia de Pinochet para ganarnos a las grandes mayorías hacia un programa obrero y socialista que le arranque a los empresarios y sus políticos el control de nuestras vidas. En la medida que esta alternativa se fortalezca podremos decir que lo que venga después de octubre no será la repetición tragicómica de la Transición.

Ιωαχειν
Editor y columnista de la Izquierda Diario