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Red Internacional
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Panorama Sindical. Después del 21F: crisis en la CGT, rosca por arriba y gestos negociadores de Moyano

El 21F llevó a un punto álgido las tensiones entre diversos sectores, aunque aún no se avizora salida clara para ninguno de ellos.

Juana Galarraga @Juana_Galarraga

Viernes 23 de febrero de 2018

“Lo dejaron solo”, ironizó Facundo Moyano en su cuenta de Twitter el miércoles. La foto que acompañaba el tuit, era una imagen aérea de la movilización que copó la avenida 9 de Julio la tarde del #21F. Las más de cien mil personas que rodearon el escenario, pintaron un panorama que dista mucho de la postal de aislamiento con que fantasearon el Gobierno y sus medios afines, los días previos.

La cobertura mediática había hecho hincapié en aquellos sectores que no acompañarían al líder camionero o que se abrieron a último momento. El intento por bajarle el precio a la demostración de fuerzas además, apelaba al ninguneo hacia aquellos que sí asistirían a la jornada. Los medios afines a Cambiemos repitieron hasta el hartazgo que los aliados que le quedaron a Moyano son los sectores ligados al kirchnerismo, como un intento de marcar que, tras la movida del camionero, había más intereses personales y mezquindades propias de una oposición irresponsable, que reclamos genuinos de los trabajadores. También destacaron la presencia de la izquierda y el sindicalismo combativo, demonizados como “los violentos” en diciembre pasado.

Golpear para negociar

¿Quiénes son los perdedores y ganadores luego de la enorme movilización de la 9 de julio del miércoles? En el despliegue sobre la avenida porteña -oportunidad que alrededor de 200 mil trabajadores aprovecharon para expresar su propia bronca- intervinieron diversos sectores, cuyos roces ásperos no se limaron luego de la movilización. La lista incluye al Gobierno, al moyanismo, la parte de la CGT que estuvo, la parte de la CGT que no estuvo, sectores afines al kirchnerismo y la CTA. También marcharon con banderas independientes, el sindicalismo combativo y los sectores en lucha.

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El mismo Moyano sintetizó bien en su discurso, el carácter de la movilización del miércoles: “Toda victoria es relativa, toda derrota es transitoria", disparó. Como sostuvimos, la concentración masiva constituyó un revés político para Cambiemos. En las oficinas del Gobierno las caras seguro se fueron ensombreciendo, a medida que la gente se agolpaba en torno al escenario. Sin embargo, Moyano no puede usar esa demostración de fuerzas más que para negociar en otros términos con el oficialismo.

La dirigencia sindical siente pánico ante la posibilidad de la intervención de la clase trabajadora y el pueblo organizados de conjunto, detrás de una política que se proponga realmente derrotar los planes de ajuste del Estado y las patronales.

El dirigente camionero ya hizo gala de su vandorismo indisimulable, al sostener este jueves, que no podría negarse, en nombre de la responsabilidad que le compete como dirigente del movimiento obrero, a sentarse a negociar con Macri.

Desde el oficialismo ya adelantaron que no está en sus planes reunirse con él. Es más, en su esfuerzo por mostrarse poco permeable a las “extorsiones” de las “mafias sindicales” -según publicó Clarín el jueves- el Gobierno estaría evaluando la creación de un ente cuyo fin sería regular la plata que el Estado destina a las obras sociales. Esto constituye, más que una respuesta al camionero, una nueva medida para marcarle la cancha al conjunto del arco sindical.

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El resurgimiento de Moyano, con un mayor protagonismo político que el que en los últimos años, se da en el marco de una caída de la imagen del oficialismo y de descontento general –incluso de la propia base electoral cambiemita – que se expresó el 21F. La concentración se dio como primera expresión callejera masiva luego de las jornadas del 14 y el 18 de diciembre del año pasado. Las protestas contra la reforma previsional, duramente reprimidas, marcaron un punto de inflexión y sacudieron el tablero político, cimbronazo que derivó junto a otros factores, en la caída de la imagen del Gobierno.

Las calles y la rosca

Una lectura posible sobre lo que implicó la movilización del miércoles, es que sirvió para llevar a un punto álgido las tensiones entre diversos sectores, aunque aún no se avizora salida clara para ninguno de ellos. Entre el Gobierno y el moyanismo, se trató de una demostración que, probablemente, tenga como consecuencia directa la posibilidad de que la negociación entre ambos se desarrolle en otros términos.

La fractura de la CGT es otro de los elementos que quedó expuesto en el transcurso de las semanas previas a la convocatoria. Héctor Daer (Sanidad) fue el primer miembro del triunviro en decir que la marcha se trataría de un reclamo sectorial de Camioneros y que la CGT no tenía por qué ir. Carlos Acuña (Estaciones de Servicios) acusó a Daer de carnero por ello, pero una semana después, también definió bajarse de la marcha. Por su parte, Schmid fue el único miembro del triunvirato de la CGT que asistió a la jornada.

¿Qué futuro le depara a la CGT? Un esquema de conducción posible y los nombres propios para darle carne es una discusión que atravesó la antesala de la marcha y que seguirá corriendo.

Dos nombres son los que circulan, por ahora, como candidatos a suceder en la conducción de la central al triunvirato fracturado, siempre y cuando sea posible una unificación. Por un lado, el del líder de La Bancaria, Sergio Palazzo. Según publicó el sitio La Política Online, contaría con el apoyo de Moyano y Luis Barrionuevo. Palazzo, representante de la Corriente Federal (sector del sindicalismo referenciado con el kirchnerismo) ya había intentado formar parte del actual esquema de conducción pero quedó afuera. Por su parte, Cambiemos y el ala sindical más cercana al Gobierno, impulsarían a Ricardo Pignanelli del Smata como nuevo de conductor la CGT.

Palazzo es uno de los dirigentes que se ubica como opositor al Gobierno. Sin embargo, enfrenta cuestionamientos al interior de su mismo gremio, hoy en conflicto por salarios y por el ataque de Vidal a los trabadores del BaPro. Por otro lado, la Corriente Federal no viene jugando ningún rol en los conflictos que protagonizan los trabajadores contra despidos a lo largo y ancho del país.

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Del otro lado, Ricardo Pignanelli es conocido por su rol pérfido en toda la línea. Vale recordar la traición abierta a los trabajadores despedidos de Lear en 2014, momento en el que se abrazaba con el kirchnerismo. No extraña que sea éste el candidato preferido de Macri para conducir la CGT: cuanto más traidor, mejor.

En el medio de esta tensión parecen haber quedado los dirigentes sindicales que no asistieron a la movilización y se alinearon más abiertamente con Cambiemos. “Gordos” e “Independientes” pueden considerarse los peor parados en el escenario post marcha. Pagan, ante los ojos de la gran mayoría descontenta, el costo de bancar al gobierno de los ricos.

Por otro lado, como se ve en el plan de avanzar sobre los fondos de las obras sociales, Cambiemos no estaría dispuesto a pagar el favor del faltazo el miércoles con benevolencia. El fantasma de las causas por corrupción actúa como un factor desmovilizador eficaz, dado que ninguno, incluidos los burócratas sindicales alineados con Cambiemos, tienen las manos limpias.

¡Paro, paro, paro, paro general!

Los sectores que pelean contra los despidos y el sindicalismo combativo, asistieron a la movilización con las demandas de paro activo y plan de lucha. Desde esta columna diferenciada, ni bien Moyano osó decir que está dispuesto a dar su vida por los trabajadores, irrumpió el grito de paro general.

A pesar de los discursos encendidos de todos los oradores contra el ajuste y la política de Cambiemos, ninguno de ellos respondió a la demanda de quienes se acercaron a la marcha con la expectativa de volver a sus casas con alguna propuesta concreta para continuar la pelea.

Los sectores más ligados al kirchnerismo como la CTA de Hugo Yasky, vieron en la movilización una oportunidad para empezar a dar forma a la “unidad” del peronismo que pregonan como salida electoral para 2019. El coqueteo de Moyano con Cristina se da en este marco. Tal unidad y tal salida electoral con la ambición de canalizar el descontento, implica dejar de lado cualquier intervención decidida en favor de las luchas y contra el ajuste macrista.

La izquierda y el sindicalismo combativo, por el contrario, participaron de la jornada junto a todos los sectores que se reunieron el 17 de febrero en el Hospital Posadas, en el Encuentro de trabajadores contra el ajuste y los despidos. En aquella oportunidad se planteó la necesidad de coordinar a los que luchan y todos los que están dispuestos a salir a las calles, para darle más fuerza a los conflictos y también al reclamo a los sindicatos y centrales que dicen oponerse al ajuste.

Desde el Movimiento de Agrupaciones Clasistas se planteó además una perspectiva: para derrotar realmente el ajuste es necesario empezar a preparar la huelga general, con la participación del conjunto de la clase trabajadora.