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Red Internacional
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Tribuna Abierta. Detención de Puigdemont, ¿será la gota que colme el vaso?

La detención de Puigdemont en Alemania es un salto cualitativo en la represión del procés. Aunque esta medida estaba prevista más pronto que tarde su concreción puede abrir la espita de movilizaciones sociales masivas y continuadas en Catalunya.

Antonio Liz

Antonio Liz Historiador, Madrid

Lunes 26 de marzo de 2018

Foto: EFE/Robin Townsend

No hay duda que el independentismo tiene la capacidad de movilizar a la parte más dinámica del pueblo catalán, a millones de catalanas y catalanes. Además de los propios partidos independentistas, JxCat, ERC y la CUP, hay que contar con la Asamblea Nacional Catalana, Ómnium Cultural y los Comités de Defensa de la República. No “sólo” estos actores políticos saldrán a la palestra sino también infinidad de asociaciones y los propios “comunes”.

La capacidad de movilización del independentismo ya se ha visualizado en infinidad de ocasiones por lo que su fuerza social está fuera de toda duda, como ya han puesto en evidencia el propio domingo al conocerse la detención de Puigdemont. El problema es otro, la determinación política de JxCat y ERC, que anda muy limitada.

JxCat y ERC son unos independentistas de salón ya que tuvieron la posibilidad de prepararse realmente para la independencia cuando estaban en el gobierno como coalición y no lo hicieron. Así, JxSí nunca fue más allá de hechos puramente simbólicos como el proclamar la República catalana y dejarla en suspenso de inmediato.

El gobierno de Rajoy, apoyado por Cs y el PSOE, y con todo el aparato represor del Estado a sus órdenes, pudo intervenir de manera tan contundente a través del artículo 155 gracias a la indeterminación de los independentistas. No se puede construir un Estado propio de boquilla, hace falta tener la determinación de ir hasta el final lo que lleva obligatoriamente a un enfrentamiento directo con las fuerzas represivas del Estado.

Si un gobierno que quiere ser independiente no tiene la facultad material de dejar sin efecto práctico las decisiones del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo está derrotado de entrada. Esa facultad material no puede ser otra que la posibilidad de enfrentar con fuerzas propias a la policía y al ejército del Estado y JxSí en el gobierno no hizo nada de nada para dotarse de instrumentos defensivos.

El clima de hartazgo contra la represión y contra la demonización lanzada por los medios de comunicación españoles, liderados por los infumables Telediarios y Desayunos, no puede ser mayor en Catalunya. No sólo se reprime a la mayoría del pueblo catalán imponiendo la ley del más fuerte, sino que se le trata en los mass media como a locos o idiotas.

El gobierno de Rajoy y sus aliados no se han contentado con represiones judiciales y con sembrar de demagogia los grandes medios de comunicación estatales sino que, además, también pelean por introducir una cuña que fracture la sociedad catalana con movilizaciones “patrióticas” en las que incluso utilizan de reclamos a personajes que nada tienen que ver con la vida política en Catalunya, como Vargas Llosa o Manuel Valls, y le dan cancha al montaje de Tabarnia.

A pesar del enorme poder del Estado central, la mayoría del pueblo catalán tiene la fuerza y la determinación de luchar por su soberanía como demostró infinidad de veces en multitudinarias manifestaciones y en el Referéndum del 1 de octubre. El problema está en las organizaciones políticas JxCat y ERC porque no tienen la determinación de llegar hasta el final. Continuamente están llamando a la “tranquilidad” y a la “calma” en vez de a la movilización social para conquistar la soberanía. Su estrategia se limita a que el gobierno central visualice la fuerza del pueblo catalán en manifestaciones “pacíficas” para que negocie. Pero esta estrategia ya se ha ido al garete hace tiempo, de hecho no funcionó en ningún momento.

Pensar que el Estado se va a dejar impresionar por movilizaciones “pacíficas” es un error supino. El gobierno de Rajoy y las fuerzas “constitucionalistas” sólo empezarían a pensar en la negociación cuando viesen que las movilizaciones sociales en Catalunya no sólo exigen que se respeten derechos elementales sino que se quiere el poder para enfrentarse al Estado central.

La indeterminación de JxCat y ERC hay que buscarla en el modelo de sociedad que quieren, que en lo fundamental no difiere con el modelo que defiende el PP, el PSOE y Cs. Unos y otros desean que la base económica sea exactamente la misma, el capitalismo. Donde hay diferencias es en el régimen político. No obstante, hasta esto estarían dispuestos a negociar JxCat y ERC, tanto que un Estado federal light monárquico lo aceptarían con palmas. El problema es que el gobierno central no va a regalar nada y sólo empezaría a negociar si ve que Catalunya se le va de las manos.

Con los actores políticos “independentistas” que están en escena el gobierno de Rajoy se muestra confiado por la sencilla razón de que JxCat y ERC no quieren cruzar la línea roja de la “negociación”. Enfrentarse con el Estado no está en su ADN.

Un pueblo dinámico que esté mal dirigido políticamente tiene todas las posibilidades de ser derrotado a no ser que desde su seno se empiece a construir la estrategia de conquistar el poder. Esto ya sería otra canción. Aún es pronto para saber si la detención de Puigdemont es la gota que ha colmado el vaso “democrático”. Lo que sí se puede afirmar es que la “cuestión catalana” no ha concluido.