Kicillof dijo que no podía pagar pero apareció la plata al filo del default. Alberto de gira por Europa para recoger apoyos. Cena vaticana de Guzmán, y un mensaje de apoyo de Trump.
Esteban Mercatante @EMercatante
Jueves 6 de febrero de 2020 23:29
La semana había arrancado a todo o nada para la deuda de la Provincia de Buenos Aires: si los acreedores no otorgaban tres meses de gracia a para cobrar los USD 250 millones de capital que habían vencido el 26 de enero, nos encaminaríamos a un primer impago de los pasivos por parte del gobierno de Axel Kicillof el miércoles 5 de febrero. Pero al final no era tan así. Después de mejorar la oferta en dos ocasiones, terminó informando el martes, en el límite, que pagaría. La plata, que "no estaba", apareció nomás. Resulta que a finales de la semana pasada, la provincia colocó títulos de deuda sin hacerlo público (mayormente a organismos públicos) y se hizo así de los fondos para cubrir el vencimiento.
Que satisfacer a los acreedores solo se puede hacer ajustando, lo vimos con toda claridad el miércoles. Ese día no hubo default de la PBA con los bonistas, pero sí con los docentes. El pago a los docentes en compensación a la inflación del último trimestre, previsto en el acuerdo salarial firmado por Suteba con la administración anterior, fue suspendido por el gobernador, con el argumento de la compleja situación de la provincia. La "responsabilidad" del gobernador al haber cumplido el vencimiento, saludada por todos los economistas y consultores amigos de los buitres de las finanzas como un gesto de "madurez", continuará llevando a la ruina al pueblo trabajador de la provincia. Es el preámbulo de lo que exigirán el FMI y los tenedores de bonos al gobierno nacional.
El objetivo, adelantado por el Ministerio de Economía, de cerrar la renegociación de la deuda privada antes del 31 de marzo como señala el cronograma difundido la semana pasada, solo puede alcanzarse de una manera: siendo generosos los con los tenedores de títulos. Es decir, limitar la exigencia de quita, concentrándose más bien en posponer los plazos (entre dos y cuatro años) y reducir los intereses. Solo una oferta atractiva, que mejore rápidamente el valor que tienen hoy los bonos, puede impedir al ministro Martín Guzmán entrar en trabajosos tira y afloje con los acreedores que alarguen el proceso.
Habrá que ver si el Guzmán pudo conversar de esto con Kristalina Giorgieva en el Vaticano. El recetario del FMI indica que los acreedores privados, llegado el momento de la renegociación, deben sufrir alguna reducción en el capital de deuda. Si bien el organismo se comporta como un guardián de los intereses de las finanzas y los acreedores en contra de los países, como afirmó sin tapujos Kicillof tiempo atrás, cuando llega el punto en el que la deuda de los países se vuelve impagable, este organismo internacional impone que las deudas se reestructuren con quita. No lo hace en favor de los países, sino para restablecer rápidamente, y de manera sostenible el jugoso negocio de prestar a los países. "Sostenible", al menos por unos años, hasta la siguiente crisis.
A pesar de el propio Papa, ante la titular del FMI, manifestó que "no se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables", es probable que esta súplica caiga en saco roto en lo que se refiere al caso argentino. Así como el recetario del FMI indica quita en los casos de renegociación como el actual, también indica profundizar el camino que había acordado Macri con Lagarde, la antecesora de Giorgieva: recortar gastos para mejorar la situación fiscal. El gobierno dio el primer paso con la ley de "solidaridad": que creó las condiciones para un fuerte ahorro fiscal (buena parte del cual será a costa de las jubilaciones).
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Cosechando apoyos del Norte
Mientras en estos pagos Kicillof concretaba una derrota (en buena medida autoinfligida), Alberto Fernández y Martín Guzmán continuaban su gira por el Norte. El ministro concentrado en hablarle a los acreedores, pero haciéndose tiempo para viajar a Roma. Alberto Fernández trajinando visitas a mandatarios Europeos, mechadas con alguna visita "cholula" como la reunión en Francia con Thomas Piketty, el rockstar de los economistas que sueñan con humanizar al capitalismo.
Ayer Fernández sumó un nuevo espaldarazo. "Dígale al presidente Fernández que puede contar conmigo”, le dijo Donald Trump, el presidente de EE. UU., a Jorge Argüello, el embajador argentino en ese país.
Los países europeos, junto con EE. UU. y Japón, concentran el poder decisorio en el directorio del FMI. Los fondos que tienen en sus manos la deuda del país, también tienen sus bases de operaciones en estos países. De esta forma, Fernández y su ministro lograron gestos de apoyo que consideran críticos para encarar las tratativas de la deuda privada y con el FMI.
¿Qué espera Fernández de este último? Más tiempo para devolver la plata que le prestaron a Macri, que sumó USD 44 mil millones en poco más de un año. No pretende obtener nuevos desembolsos ni acordar un nuevo Stand By ni ningún otro programa, es decir que busca limitar la indicencia del organismo en las decisiones económicas futuras. No hay muchos precedentes que indiquen que el organismo pueda aceptar un planteo de este tipo, sin opinar sobre la renegociación de la deuda privada.
¿Negociar con firmeza?
Desde antes de asumir, Fernández advirtió varias veces que la deuda no puede pagarse, y que los acreedores tendrán que admitir eso y sentarse a negociar. Algo similar a lo que indicaba Kicillof hasta el día lunes.
Pero si de algo sirvió el affaire de la deuda bonaerense, es para testear la disposición del gobierno argentino (nacional, no solo de la provincia) para tensar la cuerda hasta el final en la negociación. Con la decisión de pagar sin lograr ninguna concesión, Kicillof tuvo un costo de credibilidad que podría trasladarse a la Nación. ¿Por qué los acreedores no van a endurecer sus posiciones en la negociación de toda la deuda, si este primer amague para extender los plazos en la provincia terminó con retroceso completo de Kicillof? No es un buen antecedente.
Pero la distancia que puede haber entre una "buena" y una "mala" negociación, no puede hacernos perder de vista le resultado que quedará de saldo cualquiera sea el resultado de las tratativas: la convalidación de una deuda odiosa, que otra vez se renegocia a libro cerrado, sin siquiera investigar los negociados macristas, tal como en 2005 Kirchner y Lavagna le dieron la espalda a lo actuado por el juez Ballestero en la causa impulsada por Alejandro Olmos sobre la deuda desde la dictadura genocida. Así, la deuda eterna, seguirá pesando como un lastre insoporable sobre la economía nacional, aunque desde el gobierno de Fernández prometan lo contrario.