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Red Internacional
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Economía. Deuda externa: la pagamos todos

El pasado 30 de julio Hacienda dio a conocer el saldo de la deuda externa, ¿Cuánto y cómo debe pagar cada mexicano esta deuda, adquirida por los grandes capitales y los gobernantes?

Sábado 10 de septiembre de 2016

Hacienda ha informado que la deuda externa al cierre del primer semestre del año en curso aumentó 15.7 mil millones de dólares con respecto al cierre de 2015, ubicándose en 177.3 mil millones de dólares. Según dicho informe “La evolución del endeudamiento del sector público es congruente con la estrategia de consolidación fiscal para 2016, además de ser consistente con los techos de endeudamiento aprobados por el Congreso de la Unión para 2016”.

En otras palabras, en lugar de tener una política que nos permita emanciparnos de una deuda que permite el control de los grandes capitales, el gobierno tiene una política donde no se puede ni debe endeudar más allá de un límite que llevaría a una crisis monumental, es más, su estrategia al respecto se reduce al mantenimiento de cierta estabilidad en la deuda.

Las perspectivas del gobierno ante la deuda externa son, en sí, no permitir que rebase un tope acordado. No obstante, la corrupción ante el endeudamiento tanto interno como externo, no han permitido -hasta la fecha- estabilizar el crecimiento de dicha deuda, sólo contenerla.

Deuda histórica

Algunos historiadores económicos especializados en el tema refieren que la historia de la deuda externa es la historia de México. Desde los inicios del México independiente, éste tuvo que pedir préstamos a bancos extranjeros para soportar el peso de sostener en pie una economía tan grande como lo es la de este país. Después, nos encontramos con un dato muy interesante, la deuda adquirida por Porfirio Díaz, aunada a las políticas discriminatorias y el abandono de lo que sería el sector público fueron algunos de los factores que llevaron a la Revolución Mexicana.

Continuando, el problema de la deuda no acaba aquí. Como es sabido se viene en dicho periodo la llamada expropiación petrolera, que junto con una pausa al pago de la deuda externa llevarán a un país que pronto dejaría de ser rural a una inestabilidad económica de la que poco se habla.

Al ser limitada la capacidad para aumentar impuestos, el gobierno decidirá en 1959 por una política de participación más intensa en los mercados financieros internacionales, con lo cual se endeudará aún más con el exterior. Es el periodo del llamado desarrollo estabilizador, donde el crecimiento económico dista mucho de ser congruente con la llamada estabilidad económica, lo que pronto produce inflación.

Lo que conlleva dicha deuda externa histórica no es sólo una inflación. Es, más allá de todo, un pueblo que carga sobre su espalda el peso de malas maniobras económicas que se subordinan a los grandes capitales extranjeros, y de nuevo, los que tenemos que pagar somos el pueblo mexicano, la clase obrera, todos en realidad, sin importar nuestra procedencia al nacer llevamos el nuevo pecado original.

Pecado original

A continuación, un breve cálculo que nos ayudará a comprender dicha deuda: consideremos que la deuda asciende a USD 177,300,000,000 a la fecha; ahora bien, la encuesta intercensal 2015 refiere que la población en 2015 asciende a 119,530,753, tan sólo haciendo la división a la fecha obtenemos una deuda externa per cápita de aproximadamente USD 1483.30, lo que en pesos mexicanos es igual a 27,989 aproximadamente.

A primera vista esto no parece mucho, pero, no hay que perder de vista que: 1) esta deuda va en aumento; 2) a esta deuda se le agregan maniobras: impuestas por instancias internacionales que reducen el gasto público; y 3) lo más sorprendente de todo esto, es que, al nacer, ya todos llevamos esta deuda, sin importar etnicidad, género o sustrato social, es pues, el nuevo pecado original.

¿Qué significa la reducción en el gasto público?, pues bien, significa un presupuesto menor para educación, salud e infraestructura. Esto, aunado a la imparable inflación que vivimos, a la larga conlleva a una situación insostenible para la clase trabajadora. No sólo no se resuelve el problema, sino que se desencadenan muchos más.

Por último, Hacienda informó que no habrá aumento de impuestos de ningún tipo. No obstante, ¿qué pasaría si se dejara de pagar la deuda externa y se implementaran impuestos a las trasnacionales y a los grandes capitales nacionales en lugar de someter a la población trabajadora a condiciones cada día más precarias? ¿Y si todos los funcionarios ganaran como una maestra? Pues bien, la verdad, si se tomaran esas medidas, no sería necesario ningún recorte al gasto social. Claro que un gobierno de los partidos al servicio de los empresarios no haría nada de eso. Sólo lo podría hacer un gobierno de la clase trabajadora y el pueblo.