Dos alternativas, ninguna salida al problema de la deuda. ¿Qué sucederá si se logra el canje con los acreedores externos? ¿Es posible "volver a crecer" para "volver a pagar"? ¿Quién paga? Columna de Economía en #SeTeníaQueDecir.
Jueves 18 de junio de 2020 | Edición del día
- La deuda externa pública es un tema que parece muy alejado de nuestra realidad cotidiana, que no tiene nada que ver con nosotrxs, con nuestras preocupaciones.
- Se suele considerar que su resolución es una cuestión técnica y está muy difundida la idea de que si no se alcanza un acuerdo con los acreedores, sólo queda ir a default (suspensión de pagos), con su consecuente salida catastrófica para la economía y en particular para los trabajadores.
- Sin embargo, la deuda no es ni un tema muy difícil, ni es estrictamente “técnico”, y la forma en que se está resolviendo entre Guzmán y los bonistas o acreedores externos (esos fondos como BlackRock) nos afecta y mucho.
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- Hay gente que tiene una concepción de que “ojalá el Gobierno negocie bien”. ¿En qué se basa esa idea? ¿Cuáles son los argumentos para que se plantee que un acuerdo como el que se está proponiendo con los fondos de inversión es la salida “menos peor”?
- 1- Por la positiva, se suele decir que una renegociación como la planteada (donde se habla de una “quita” de deuda) permitiría que haya un período de gracia, es decir, un tiempo durante el cual el país volvería a crecer, generar los recursos para pagar, y así solucionar el problema de la deuda. Es decir, “solucionar” pagando y volver a endeudarnos.
- 2- Por la negativa, se argumenta “el fantasma del default”. Porque si no se alcanza un acuerdo entramos en default, es decir, una suspensión de pagos con escasez de dólares y una probable devaluación.
- Supongamos el escenario de que efectivamente se llegue a una reestructuración de la deuda. Lo que, por la positiva, plantean que es lo “menos peor”. Lamentablemente esa no es más que una ilusión que nos quieren generar.
- Sin adentrarnos en los pormenores del posible acuerdo, si se cierra en U$S 50 o U$S 55 el valor del cupón como se está en estos momentos hablando, o si es una “buena” o una “mala” negociación para la Argentina, en líneas generales la foto que tenemos ahora de los términos de la oferta (plazos, capital e interés) ya es suficiente ilustración para pensar qué le deparará a la economía argentina si logra un canje.
- En primer lugar, que el stock de deuda permanecería casi intocable: ante una ínfima quita de "capital" de deuda, el peso de la deuda total sobre el PBI (que ahora es de un 90 % aproximadamente), seguiría igual, o peor, porque estamos en un año de caída del producto.
- Pero sobre todo, el argumento fuerte del Gobierno es que se ganaría tiempo para volver a crecer. Sin embargo, ¿qué hace pensar que de acá al año que viene (antes se decían 3 años de gracia, ahora es con suerte 1) la Argentina va a generar un saldo positivo doble: tanto de dólares, como fiscal?
- A diferencia de los primeros años a la salida del default de 2001, el país no cuenta ahora con un superciclo favorable de precios de los commodities de exportación que le permita hacerse de dólares. Y esa experiencia nos muestra además que aún teniendo los dólares y un crecimiento a "tasas chinas", la estrategia que tuvo el kirchnerismo de hacer canjes y pagar sólo nos volvió a sumergir a la larga en un faltante de dólares, en una nueva restricción externa.
- A esto hay que sumar, la crisis del COVID-19 que ya está hundiendo el comercio y la economía mundiales, sin una recuperación a la vista en el corto ni mediano plazo. Se estima que la caída de la actividad económica en el país podría llegar hasta al 10 % en este 2020.
- Un canje de deuda así solo patea el problema un par de años, hasta 2021 o 2022 (aunque también harían desembolsos previos). La "sostenibilidad", es decir, que los pagos de deuda no afecten el crecimiento, es una falacia.
¿Quiénes se beneficiarían de un acuerdo?
- Los empresarios son los que presionan para que no se caiga en default, porque un acuerdo les permitirá seguir endeudándose afuera para financiar su valorización local y fugar dólares al exterior, así como preservar el valor de sus activos.
- Sin embargo, los trabajadores no tenemos nada que festejar, porque llegar a un acuerdo significa que se seguirá ajustando para generar un excedente fiscal y externo para conseguir recursos volver a pagar. Y a esto deben sumarse las condicionalidades que probablemente quiera imponer el FMI, que siempre son las mismas recetas: reformas estructurales, laborales y previsionales.
- En otras palabras, la deuda nos afecta directamente porque es de nuestros los bolsillos, de los trabajadores, de donde se piensan sacar recursos para pagar. Y porque sigue manteniendo las condiciones de atraso y de dependencia del país que son las que son las que generan la deuda en primer lugar.
- Hay que tener en cuenta también las cuestiones de ilegalidad, ilegitimidad y el contenido de la deuda odiosa (es decir, en contra de las necesidades del pueblo trabajador), porque se está convalidando de nuevo con un canje esa deuda ilegítima.
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- Pero aquí se quiso enfatizar es en la imposibilidad objetiva de que un acuerdo de deuda sea beneficioso para nosotros en el mediano o largo plazo y que con un canje de estas características (como todas las reestructuraciones que conocemos) se va a resolver el problema de la deuda.
¿Si no pagamos vamos a default?
- El otro mito que nos presentan es que si no se alcanza a un acuerdo, vamos al default necesariamente, que no hay otra alternativa. Pero sí la hay: un no pago soberano.
- Es una vía distinta al default, porque en forma defensiva y para evitar una sangría de dólares y una devaluación del salario que podrían ocurrir ante un default, se requerirá avanzar sobre medidas como la nacionalización de los bancos y del monopolio del comercio exterior.
- No pagar implica un esfuerzo mayor ya que debemos imponer esta alternativa por la vía de la movilización popular, puesto que ni el Gobierno, ni los empresarios, ni los bonistas ni el FMI estarán de acuerdo.
- Pero, como decía al principio, la deuda no es algo que miramos desde afuera sino que somos las trabajadoras y trabajadores los principales involucrados. Entonces plantear esta opción de no pago soberano es verdaderamente nuestro derecho legítimo como primer paso para salir de la crisis.
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