Tras la devaluación que destrozó el salario de millones, organizaciones sociales, referentes del sindicalismo combativo y la izquierda se movilizaron a Plaza de Mayo. Mientras tanto, la CGT lo mira por TV y Daer aseguró que hacer paro “sería totalmente irresponsable”. ¿Cuál es el camino para enfrentar el saqueo?

Juan Manuel Astiazarán @juanmastiazaran
Viernes 16 de agosto de 2019 08:17
Fotografía Enfoque Rojo
El enojo de los “mercados” con el resultado electoral disparó un nuevo momento en la crisis económica, política y social en la Argentina. El contundente rechazo al Gobierno de Macri en las urnas hizo que unos pocos especuladores desataran una corrida cambiaria brutal, con por momentos donde el dólar llegó a superar los $60. Un violento asalto al salario, que perdió un 25 % de su poder de compra y que seguirá perdiendo por la inflación y la remarcación de los precios.
La derrota, prácticamente irreversible, abrió una larga transición hasta diciembre, donde lo que prima es el descontrol y la incertidumbre económica. Pero frente a esa situación, millones de personas ven como su futuro se hipoteca día a día, mientras las medidas anunciadas por el Gobierno sólo son un parche que apenas devuelve migajas de lo robado.
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Frente a esta situación, inevitablemente surge una pregunta: ¿qué hacer para frenar el saqueo de los “mercados” que el Gobierno dejó correr?
Este jueves, organizaciones sociales y políticas convocaron a una jornada nacional de lucha por el salario en todo el país. La misma se replicó en varias provincias del país como Córdoba, Mendoza, Santa Fe, Jujuy y Neuquén. En la Ciudad de Buenos Aires comenzó con ollas populares en el Obelisco y terminó con una importante movilización a Plaza de Mayo. De la misma participaron también referentes del sindicalismo combativo y la izquierda.
Allí plantearon bien claro: “Macri, el pueblo dice basta. La deuda es con el pueblo, no con el FMI”. El reclamo incluyó un aumento salarial de emergencia, nuevos puestos de trabajo, sanción de la emergencia alimentaria y la ocupación de toda fábrica que cierra para defender los puestos de trabajo. Junto a otras medidas, la exigencia a la CGT de un paro general activo tuvo un lugar destacado, como una herramienta necesaria para pelear en las calles con la más amplia unidad de todos los sectores, trabajadores ocupados y desocupados.
El hambre y la miseria que provoca el saqueo no puede esperar. Sin embargo, los tiempos de los prósperos dirigentes de la central obrera son otros, y su actitud no podría estar más alejada. Héctor Daer, uno de los secretarios generales, descartó medidas de fuerza para las próximas semanas, aseguró que sería algo “totalmente irresponsable” y pidió “ser prudente en esta situación crítica”. La misma postura había adelantado este martes al salir de la reunión de consejo directivo de la CGT: “No hablemos de paro, no empecemos a poner en riesgo las instituciones, la gobernabilidad”.
Por su parte, Hugo Moyano criticó la actitud de la central en el pasado y señaló que “si hubiera habido una fuerte oposición no se hubiera llegado a esta situación”. Sin embargo, evitó referirse a la posibilidad de tomar medidas en los próximos días. Desde afuera de la central, el exlíder de Camioneros llegó a considerar en noviembre del año pasado que la CGT era “cómplice del Gobierno”, pero esos eran otros tiempos.
Mientras tanto, el kirchnerismo hace hasta lo imposible por contener cualquier expresión de bronca. En redes sociales se vio a algunos referentes de ese espacio mucho más preocupados por desalentar posibles protestas espontáneas y cacerolazos, que por las graves consecuencias que trae la devaluación. La voluntad militante fue tan grande que el martes convirtieron el hashtag #NoALosCacerolazos en tendencia, mientras pedían “calma y empatía” en estos “días difíciles y angustiantes”.
Mientras el Gobierno deja correr el golpe de los mercados, el peronismo se alinea detrás del mensaje de Alberto Fernández, que viene de convalidar la devaluación asegurando que el dólar a $60 le parece razonable y asegurar que “todos los argentinos debemos hacer el esfuerzo”.
Cuando hay millones de personas que ven como se degrada su vida pagando la fiesta de unos pocos, el peronismo y el kirchnerismo especulan en un fino equilibrio entre la demagogia de campaña y las señales para llevar tranquilidad a los “mercados”, prometer que la deuda se respetará a toda costa y, de paso, dejarle las manos libres al macrismo y a los grandes empresarios en estos últimos meses de gobierno para que terminen el “trabajo sucio”. En esa perversa lógica, los que rompan filas son funcionales a los intereses del Gobierno.
Como dejó en claro la jornada de este jueves en Plaza de Mayo, quienes quedan condenados al hambre y la miseria no pueden darse el lujo de esperar de brazos cruzados.
Al contrario de lo que agitan los voceros del Frente de Todos, el único lenguaje que entienden los grandes capitalistas y sus gobiernos es cuando el pueblo trabajador muestra su fuerza en las calles. El final del “reformismo permanente” que anunció Cambiemos en 2017, que no pudo avanzar con la reforma laboral por el enorme costo de la represión a las masivas movilizaciones que enfrentaron el robo a los jubilados, es sólo la muestra más reciente de ello. En aquel entonces, muchos de los que hoy llaman a la calma colaboraban con el macrismo para la aprobación de esa votación vergonzosa.