La Torre Grenfell, al igual que otras viviendas sociales albergaba mayoritariamente a familias de trabajadores, de inmigrantes y con pocos recursos. Denuncian falta de mantenimiento.

Alejandra Ríos Londres | @ally_jericho
Miércoles 14 de junio de 2017 11:21
Una descomunal columna de humo, ventanas envueltas en llamas, gigantescas mangueras de incendio. Las imágenes del fuego que consume una torre de viviendas de 24 plantas en Londres parecieran sacadas de la película Infierno en la Torre (El coloso en llamas en el Estado Español), pero lamentablemente son reales. La vivienda social arrasada por el fuego relegó a un segundo plano las noticias sobre las negociaciones de la primera ministra británica Theresa May con el ultraconservador y reaccionario Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte (DUP por sus siglas en inglés) para conformar un nuevo gobierno.
El fuego empezó hacia la 1:15 de la madrugada local en la Torre Grenfell, un bloque de viviendas de 24 plantas de un barrio del oeste de Londres, y horas después la operación de rescate de personas atrapadas sigue en marcha. Según varios medios más de 200 bomberos trabajan para acabar con las llamas y rescatar a las personas que probablemente aún quedan en la torre Grenfell. A kilómetros de distancia de la capital británica podían verse las llamas durante la noche y la columna de humo durante la mañana.
Las autoridades confirmaron que al menos doce personas perdieron la vida y advirtieron que la cifra puede incrementar ya que 74 personas fueron trasladadas a cinco hospitales de la capital británica, 20 de ellas se encuentran en estado crítico. Las agencias de socorristas temen por la estabilidad del edificio de 120 departamentos que ha quedado prácticamente calcinado y en peligro de derrumbe. Las calles situadas en los alrededores del edificio afectado han sido acordonadas y los residentes de los alrededores evacuados como medida de precaución.
La Torre Grenfell fue construida en 1974 y al igual que otras viviendas sociales albergaba mayoritariamente a familias de trabajadores, de inmigrantes y con pocos recursos. Unas 500 personas, muchas de ellas familias jóvenes, vivían en el bloque.
El edificio estaba revestido con una capa de polvo de poliéster y aluminio que reaccionó fuertemente con las llamas. Varios residentes a su vez aseguraron que en el momento en que se desató el fuego no sonó la alarma contra incendios.
Desde su reciente remodelación, finalizada en mayo de 2016 y por un presupuesto de 10.3 millones de libras esterlinas, el edificio presentaba una serie de problemas de infraestructura. En enero último el grupo local de Acción de Grenfell había denunciado que el edificio contaba con una sola puerta de salida de emergencia y que si esta estaba bloqueada los residentes podrían quedar atrapados en el edificio.
Además, mientras la remodelación estaba en curso, informaron que la torre tenía riesgo de incendio y los residentes habían advertido que el acceso para vehículos de emergencia estaba "severamente restringido".
El Grupo de Acción de Grenfell al expresar su preocupación declaró: “creemos firmemente que solo un evento catastrófico va a exponer la ineptitud e incompetencia de nuestros propietario, la KCTMO (Kensington and Chelsea Tenants Management Organisation). La tragedia de hoy confirma sus temores. La empresa además es propietaria y administradora de varias torres de vivienda en el área.
El edificio está situado en North Kensington, no lejos del área de Notting Hill populosa y turística zona del oeste de la capital británica conocida por muchas personas a partir de la película homónima. Lo curioso es que este complejo habitacional gestionado por el gobierno local está en el afluente distrito londinense de Kensington and Chelsea. Esta circunscripción, considerada hasta las elecciones adelantadas del 8 de junio una banca “segura” del Partido Tory pasó a manos del laborismo por solo 20 votos. Cobró noticia en los medios porque se contabilizó el escrutinio tres veces, su resultado fue el último en conocerse y resultó una verdadera sorpresa.
Como resultado del siniestro se estima que unas quinientas de personas quedaron en la calle y son acogidas en diferentes centros sociales en el área. En Londres, como en muchas otras ciudades la población trabajadora tiene que hacer frente a alquileres exorbitantes y muchos se ven obligados a cambiar de ciudad o incluso de trabajo. Las trabajadoras y trabajadores de Londres sufren las consecuencias de la gentrificación de sus ciudades que solo beneficia a los grandes propietarios y a quienes especulan con el precio de la vivienda.