Sábado 4 de octubre de 2014
En la recta final de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, las demandas democráticas de la población, pasan de largo, una vez más, en los discursos de los tres principales candidatos. El grave problema social de los abortos clandestinos, que afecta a miles de mujeres, una vez más, no fue tema para Dilma, Marina y Aecio.
El pasado jueves 2, se hizo el último debate presidencial en TV Globo. Más allá de la atmósfera amistosa entre los principales candidatos, que representan los intereses de los empresarios y banqueros, Eduardo Jorge, del PV, dirigió su pregunta a la candidata a la reelección, Dilma Rousseff del PT, preguntándole sobre las muertes por abortos clandestinos en su gobierno y su responsabilidad en ello.
El candidato cuestionó a la presidenta, por los casos escandalosos casos sucedidos en Río de Janeiro, de Jandira –una mujer madre de dos hijos, que desapareció cuando salió para practicarse un aborto y cuyo cuerpo fue hallado carbonizado algunas semanas después- y Elisângela –mujer que también salió para realizarse un aborto, fue admitida en un hospital y murió al día siguiente, por las consecuencias de una perforación uterina e intestinal.
La presidenta Dilma usó más de la mitad del tiempo de su respuesta en intentar desviar el tema. Sólo en los últimos segundos, Rousseff sostuvo que su gobierno cumple con la ley que permite el aborto en tres casos: cuando el embarazo es el resultado de una violación, cuando hay riesgo de vida para la mujer gestante y cuando se detecta anencefalia en el feto.
En su derecho a réplica, Jorge Eduardo volvió a denunciar que la ley que penaliza el aborto es responsable de la muerte de muchas mujeres, como Jandira y Elisângela, pero sólo pidió que Dilma, si es reelegida, reconsiderara y pensara en apoyar la propuesta de derogación de la ley vigente. En su respuesta, la candidata vuelve a escaparse y, en lugar de responder sobre las muertes de las mujeres –de las cuales su gobierno es responsable- sólo contesta que el gobierno tratará de apoyar a la juventud para prevenir el embarazo adolescente, jóvenes para prevenir el embarazo adolescente, reforzando el respeto por la legislación vigente. Jandira Elisângela pasaron de largo en su respuesta.
Cada año, miles de mujeres muertas
En Brasil, cerca de 850 mil mujeres realizan abortos clandestinos cada año, siendo la quinta causa de muerte materna. Dilma, en 2010, poco antes de ser elegida como la primera mujer presidenta del país, dijo a los conservadores religiosos que, bajo su administración, no mencionaría la cuestión del aborto y no se metería con la legislación vigente. Dilma cumplió con su declaración y sigue manteniendo silencio sobre las miles de mujeres que mueren, cada año, como lo hizo escandalosamente en el último debate, incluso cuando fue interrogada directamente sobre su responsabilidad. Su silencio fortalece la alianza con las iglesias y también su responsabilidad ante la triste realidad de las mujeres que se ven obligadas a recurrir al aborto clandestino.
Estamos a sólo dos días de la primera vuelta de las elecciones, con Dilma alcanzando un 40% de intención de voto, frente a Marina Silva (PSB) y Aecio Neves (PSDB), que están empatados, lo que deja indefinido quién será el que enfrente a la presidenta en la segunda ronda. Pero este último debate, en la principal emisora de la televisión brasileña, con el mayor pico de audiencia, dejó una certeza: cualquiera de los tres candidatos, de ser elegido –teniendo en cuenta la alta probabilidad de reelección de Rousseff- seguirá manteniendo el silencio sobre el aborto clandestino, mientras millares de mujeres seguirán muriendo, cada año, por la ilegalidad y la negación de este derecho democrático.