Como si al PAN le faltaran escándalos o estuviera en los cielos su popularidad, las recientes declaraciones de Rodrigo García Escalante, hijo del excontralor de Javier Duarte, sólo ayudan a la estrepitosa caída del discurso a favor de los derechos de las mujeres que el PAN enarbola en sus representantes femeninas, como Josefina Vazquez Mota y Margarita Zavala.

Yara Villaseñor Socióloga y latinoamericanista - Integrante del MTS - @konvulsa
Miércoles 26 de julio de 2017
Fieles a la médula religiosa y ultraconservadora que fundó al PAN, todos sus representantes siguen negándose al derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos, en particular en lo referente a la interrupción legal del embarazo. Este es probablemente uno de las mayores debilidades del discurso de “empoderamiento femenino” que sostiene este partido clerical.
Al estar contra el derecho al aborto libre, seguro, gratuito y garantizado por el Estado en todo el país, el PAN en realidad está a favor de la muerte de miles de mujeres en todo México debido a las secuelas de los abortos clandestinos.
Esta posición también refuerza la criminalización que sufren mujeres en varios estados por haberse realizado este tipo de procedimientos o incluso por abortos espontáneos, siendo que hay más de 500 presas por aborto en territorio nacional.
Sin embargo, recordando el espíritu de la legislación de Chihuahua que considera más grave robar ganado que asesinar mujeres, el diputado Rodrigo García argumentó a favor de la legalización de las peleas de gallos cuestionando por qué se permite que “mujeres maten niños” y no que la gallística genere empleos.
Conviene explicarle al iletrado diputado que un embrión dista mucho de ser un niño, y que quienes matan mujeres, hombres y jóvenes -el Ejército, la policía y el crimen organizado- en realidad son financiados y protegidos directamente por su partido y por el conjunto del régimen político.
Ahora, ignorando por completo la escalada feminicida en Veracruz, la misoginia sirve para promover otros aspectos de una cultura de violencia y dominación como la tauromaquia, las novilladas y las peleas de gallos.
Dato interesante: junto a la extrema derecha panista y al PRI del feminicidio, votó el partido que cínicamente se sigue diciendo de izquierda, el PRD para restaurar la legalidad del maltrato animal.