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Red Internacional
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Tribuna Abierta. Discriminación y xenofobia: crónicas de la (in)justicia

Ya conocemos a Claudia, la joven travesti que fue noticia en estos últimos días tras conocerse su condena agravada por ser peruana. El miércoles 18 a las 11 se realizará una movilización en La Plata repudiando dicho fallo. Parecía un caso inédito para muchos medios, sin embargo hay miles de causas judiciales donde el machismo, la xenofobia y la discriminación tienen un peso importante al momento de dictar sentencia y “hacer justicia”.

Julia Peñalba Trabajadora judicial

Miércoles 18 de mayo de 2016

Karina fue criada en un poblado peruano, en el marco de una familia tradicional donde el ritmo de vida era marcado por las horas de trabajo para subsistencia.
Desde pequeña supo que su identidad sexual no cumplía con los parámetros establecidos. La conjunción de condiciones miserables de vida y una imposición patriarcal tradicional atroz, la llevó a ocultar durante años que no se sentía Juan, que llamarse Juan era dolor, que en su cuerpo había de más, y había de menos.

Sin embargo, la mujer que había en ella clamaba por salir. No le perdonaba que se niegue a sí misma. Por eso muchos lo supieron, y con la lógica perversa de la que nos impregnan la lastimaron, la humillaron, la hirieron, pensando que así se ocultaría, para no volver.

Contra todo pronóstico, las contingencias la fortalecieron. Cada golpe en su cuerpo, cada palabra de humillación, cada desprecio, terminaban de formar su identidad y fortalecerla en la lucha más cruenta que más tarde debería dar. Juan se despedía, y con él los temores y ocultamientos.

La historia de Sonia no se aleja de la anterior: distinto poblado, otros rostros, otros lugares donde golpear, y el mismo dolor. Sonia un día comprendió que debía irse del lugar que la vio crecer. En una ciudad desconocida quizás se sentiría libre pensó.
Cuando llegó a Lima solo tenía una dirección y un nombre. Le dieron una habitación pequeña y húmeda, sin revoque, y un baño a compartir. Contempló su rostro resquebrajado por las hendiduras del espejo roto de aquel baño, y sonrió. Se pintó los labios, delineo sus ojos, erizo sus pestañas, y pensó: soy yo.

El camino fue arduo. La gran ciudad la lleno de ímpetu y confianza, pero también le recordó que en un sistema moldeado para subsistir y perecer, la libertad se vuelve un bien de lucha. Después de mucho andar consiguió trabajo en un restaurante como cocinera, oficio que había adquirido desde muy pequeña. Cierto día, uno de los mejores clientes del lugar la vio ingresar y presentó su queja formal. Fue despedida sin mediaciones. Hasta hoy buscan el gusto que ella a la sopa le supo dar.

Las crónicas continúan, los nombres varían, pero todos con un condimento común: la falta de acceso a condiciones de vida dignas, la identidad sexual como variable de decisión a la hora de la incorporación al mercado laboral. El entrecruzamiento de la condición sexual con la pertenencia a la clase desposeída, como factores facilitadores de la indignidad y la humillación.

Protagonistas de tan dolorosas historias, muchas Karinas y muchas Sonias optaron por migrar de su país de origen, en busca de la libertad negada, fieles con su identidad, con la pretensión de dejar de pagar un precio por ello. Sin embargo, cambiar de país no las acercó a la apropiación de sus derechos. Muy por el contrario, en líneas generales se han encontrado desprovistas de acceso a labores dignas de vida, con el agravante del alejamiento de su red de contención inmediata, de sus lugares, de sus costumbres y de sus sueños de libertad.

En este derrotero, muchas de ellas se han visto envueltas en situaciones que derivaron en su sanción punitiva, sobre todo vinculadas a caratulas de comercialización de estupefacientes. El poder Judicial, en su faceta de intervención penal, ha actuado en estas circunstancias con la modalidad de encierro.

Actualmente y tras una dura lucha por conquistarlo, hay en las cárceles de Argentina pabellones exclusivos para personas trans, lo cual grafica la cantidad de personas detenidas con dicha caracterización y la pelea por seguir escapando de la discriminación y el maltrato. Expresa sin dudas que no estamos hablando de problemáticas aisladas, sino de decisiones políticas concretas que penalizan (castigan) la elección de vida de quienes menos poseen, cuando los grandes empresarios y narcos siguen administrando sus negocios impunemente y sin tapujos. A ello se suma el abuso de poder de la fuerza policial, de jueces y funcionarios judiciales, que se nutre de las situaciones vulnerables de quienes se hallan en dicha condición de desarraigo y desprotección.

Recientemente, se ha viralizado en los medios el caso de Claudia, travesti acusada por la supuesta venta de drogas en la zona roja de esta ciudad, que fue condenada a una pena de 5 años y 3 meses por el Tribunal Oral en lo Criminal I, a cargo del juez Juan José Ruiz. La nacionalidad peruana de la misma, fue tomada como agravante. Esa es la “justicia” en la que trabajamos miles de compañeros que lejos de sentirnos partícipes o representados, repudiamos enérgicamente.

Lo que intento graficar en esta crónica desde mi lugar de trabajadora judicial, tomando mucho de lo que escucho en las entrevistas que realizo a diario, es que el caso de Claudia no es aislado. Su peor delito ha sido su origen y su identidad, su condición de desposeída y su identidad sexual. Ello la condena, en un sistema impune donde solo hay igualdad y oportunidades para los poderosos del capital, y donde el resto debe estar a merced de los órganos de control.

A pesar de esto, muchas trabajadoras y trabajadores de distintas dependencias se suman a la pelea por el cupo trans en los establecimientos estatales impulsada por la Junta Interna del Ministerio de Desarrollo Social, la Comisión de Mujeres del IOMA y el CeProDH y el miércoles 18 a las 11 desde Plaza San Martín, varias organizaciones nos movilizaremos para repudiar ese fallo ante los tribunales penales de La Plata.