Bajo presión, el jefe de Estado francés abrió un nuevo frente para ocultar su gestión catastrófica en la crisis. Llamó a "reconstruir" la "soberanía nacional", impulsando a sus joyas industriales ante la "guerra" contra el virus. Detrás de las apariencias, este discurso busca preservar los intereses de la patronal para mantener la producción cueste lo que cueste.
Miércoles 1ro de abril de 2020 19:56
Tras visitar una fábrica de barbijos en Saint-Barthélemy-d’Anjou, en las afueras de Angers a 300 kilómetros al sureste de París, el jefe de Estado francés intentó responder a la polémica que crece día a día sobre la falta de máscaras y de respiradores. Bajo presión, con una confianza en caída libre, el jefe de Estado abrió un nuevo frente para ocultar su gestión catastrófica de la crisis. Después del Ejército, el jefe de Estado hizo un llamado abierto a "reconstruir" la "soberanía nacional", propulsando sus joyas industriales ante la "guerra" contra el virus. Detrás de las apariencias, este discurso busca preservar los intereses de la patronal para mantener la producción cueste lo que cueste.
Un discurso aparentemente voluntarista para ocultar una gestión catastrófica de la crisis
Este martes 31 de marzo, después de la conferencia de Edouard Philippe y Olivier Véran quien, el sábado, anunciaba el pedido de mil millones de máscaras, Macron intentó reforzar la faceta sanitaria del discurso del gobierno. El presidente está bajo una presión importante a causa de la gestión catastrófica de la crisis, que se revela cada vez más abiertamente en la opinión pública.
Mientras que sus últimos anuncios habían sido muy criticados por el personal sanitario, por la oposición e incluso por un sector de la burguesía –y esto sobre todo a causa de la falta de respuestas sobre la cuestión del material médico–, el jefe de gobierno quiso rectificar la puntería, mostrando un discurso voluntarista en ocasión de su visita a una fábrica de máscaras FFP2.
Emmanuel Macron anunció apuntar a una producción de quince millones de máscaras FFP2 por semana de aquí a fines de abril y planteó desarrollar las capacidades de producción para que Francia conquiste una "independencia plena y total" sobre la producción de máscaras de aquí a fin de año. Una medida muy tardía, que Macron buscó justificar por las tensiones en los mercados mundiales.
El Gobierno francés cuenta con una previsión de gases lacrimógenos para cuatro años de stock. Sin embargo, en el momento en que el pico de la epidemia se acerca peligrosamente, no pone a disposición del personal sanitario lo mínimo para ir al frente, o sea, 40 millones de máscaras por semana. Por otra parte, se nota que, a pesar de la urgencia, el Gobierno se ha negado a imponer una reconversión de la producción en diferentes sectores que a partir de ahora podrían producir máscaras para hacer frente a la situación.
En el terreno de los respiradores artificiales, el jefe de Gobierno propuso la creación de un consorcio industrial compuesto por el grupo PSA (Peugeot, Citröen, Opel entre otras), Valeo, Air Liquide y Schneider Electric, que debería producir "de aquí a mediados de mayo 10.000 respiradores". Estos plazos son muy largos respecto del pico epidémico que se acerca en los próximos días.
Para darse cuenta de esto, basta ver que en Estados Unidos, actualmente en el ojo de la tormenta, Ford y General Electric Healthcare la semana pasada anunciaron poder producir en breve 100.000 respiradores semanales, en una fábrica que reconvirtió su producción en Plymouth. En Gran Bretaña, Dyson concibió un nuevo tipo de respirador luego de que el gobierno se lo pidiera a mediados de marzo, y debería producir 10.000 de aquí a principios de abril. Muchas señales de que, incluso desde este punto de vista, Macron se queda ampliamente por detrás de ellos.
En Francia, las iniciativas parecen particularmente limitadas, al igual que la amplitud de las reconversiones. Así, en el momento en que PSA y Renault buscan recuperar la producción de autos, motores y cajas de velocidad, las iniciativas ligadas a la producción de respiradores no movilizarán más que algunos cientos de asalariados. De este modo, en PSA Poissy, como lo nota el periódico francés Le Journal du Dimanche, son "unos sesenta asalariados [los que] serían mandados a este taller creado dentro de la fábrica que emplea 4.000 asalariados". Una verdadera gota de agua tanto a nivel de la situación nacional como internacional. Gota de agua que, sin embargo, podría servir de "justificación" a los industriales para imponer la puesta en marcha de la producción, como ha intentado hacerlo la dirección de PSA en Valenciennes, pero sin éxito.
Un discurso soberanista para refundar una unidad nacional en sucesión vacante
A lo largo de todo su discurso Emmanuel Macron puso el acento en la soberanía nacional. "Tenemos que reconstruir nuestra soberanía nacional", insistió mostrando una nueva prioridad, producir más en Francia: "Para llevar adelante ese combate contra el virus, en un contexto en el que se barren todas las certezas (...) tuvimos, por supuesto, una estrategia de encargo, de importación. Pero nuestra prioridad, hoy, es producir más en Francia. Y producir más en Europa".
Un cambio con respecto a los discursos habituales de Macron, que incluso centrando su retórica en la "unión nacional", había dado un lugar importante a la escala europea y al multilateralismo en sus primeros discursos. El 11 de marzo, puntualizaba así el peligro del "repliegue nacionalista" al explicar: "Este virus no tiene pasaporte. Nos hace unir nuestras fuerzas, coordinar nuestras respuestas, cooperar. Francia está en marcha. La coordinación europea es esencial, y velaré por ella". El viernes pasado, en una entrevista a diarios italianos, afirmaba: "Nosotros no superaremos esta crisis sin una solidaridad europea fuerte, a nivel sanitario y presupuestario".
Ahora bien, aunque evocó a la "soberanía europea", agregada a la "soberanía nacional", es claramente la segunda la que ha marcado esta vez el tono del discurso. "El atril desde donde se expresa el Presidente ostenta un azul-blanco-rojo del que ha desaparecido cualquier referencia a la bandera de la UE. La eliminación simbólica suena así como el cuestionamiento de la opinión dominante, incluso la caída del joven Presidente que se hacía el mandatario contra los soberanistas y otros populistas. La semántica duplica nuevamente los elementos de lenguaje declinados desde hace 15 días: ’guerra’, ’soberanía’, ’control’, ’producción’, etc. El ’nuevo mundo’ no es más que el recuerdo de un viejo y lavado afiche de campaña. Ante la adversidad de la epidemia, la retórica de la ’transformación’ hace lugar a un llamado implícito a la ’reconstitución’ del espacio nacional", notaba sobre este punto Arnaud Benedetti, profesor de comunicación, al Figaro Vox.
Mientras que Macron había querido presentarse como el campeón del multilateralismo, las dificultades encontradas por el Ejecutivo parecen haber aniquilado sus veleidades iniciales. Este es un giro mayor para el macronismo, quien había hecho de la lucha contra el soberanismo y el populismo, para encarnar el "progresismo", una de las piedras angulares de su quinquenio.
Con este giro "soberanista", Emmanuel Macron busca corporizar una unión nacional que está en apuros, mientras arrastra a la gran patronal que busca hacerse buena propaganda –como sobre todo lo testimonian los numerosos anuncios de donaciones caritativas. Esto esconde en realidad el importante enojo de los obreros obligados a trabajar en las empresas no esenciales a pesar de los muy importantes riesgos de contagio.
Macron reivindica sus órdenes y la continuidad de la producción no esencial
Finalmente, si Macron aludió a la urgencia de aumentar el material médico, por el contrario, pasó por alto a las numerosas empresas no esenciales que siguen funcionando o se aprestan a hacerlo. Mucho peor, asumiendo la prioridad acordada al mantenimiento del máximo de actividad, Macron rindió homenaje a "esas mujeres y esos hombres que están trabajando con coraje, mientras que sus familias están angustiadas, (…) este es un compromiso excepcional al que apoyamos". Sobre la producción no esencial, Macron mantiene su línea absurda, la de defender la continuidad de las actividades que exponen a cientos de asalariados para preservar las ganancias de la patronal.
En el terreno de las empresas, por otra parte, Emmanuel Macron ha reivindicado las órdenes del Gobierno, articulando estos ataques contra las conquistas de los trabajadores con su perspectiva soberanista. "Hemos pasado reformas que permiten que nuestro país sea más competitivo, pero nos falta encontrar la fuerza moral y la voluntad para producir más en Francia y volver a encontrar esta independencia", explicó.
Ataques contra las conquistas sociales, repliegue nacional: estos son los principales ingredientes que se desprenden del discurso de Angers como respuesta macroniana a la crisis. La continuidad de la crisis sanitaria entonces seguirá estando marcada por la prioridad absoluta acordada a los intereses patronales. Esta certeza subraya la necesidad de preparar una respuesta del mundo del trabajo, resueltamente internacionalista, que ponga en el orden del día la urgencia de la confiscación sin indemnización ni compensaciones de los medios de producción y de las infraestructuras privadas de salud, la reconversión de la producción en favor de la lucha contra la pandemia en Francia pero también en el mundo –en un momento en que el Covid-19 comienza a desarrollarse en África y en América Latina–, y la interrupción de las producciones no esenciales para ofrecer una salida obrera a la crisis e impedir que el peso de esta no recaiga nuevamente sobre los trabajadores.