Próximos a la marcha de la diversidad sexual del 30 de setiembre, es que queremos sincerar un debate acerca de la posición política que los diferentes partidos del régimen por un lado, y también las distintas corrientes contestatarias por otro asumen ante la cuestión de la lucha por la liberación y la diversidad sexual.
Viernes 23 de septiembre de 2016
PARTIDOS PATRONALES TRADICIONALES
Partido Nacional
Por un lado tenemos al Partido Nacional, histórica formación política de los intereses de la oligarquía terrateniente de nuestro país, cuya base social en el Interior del Uruguay y en las zonas rurales le permitió consolidar lo largo de la historia nacional, un baluarte político de considerable peso, teniendo en cuenta que muy pocas veces llegó a administrar el Estado capitalista, o sea acceder al gobierno.
Dividido en el siglo XX, por un lado, entre el herrerismo, ala conservadora, católica e incluso con rasgos fascistizantes en su composición y trayectoria política; y por otro lado en vacilantes conformaciones transitorias de centro y centroizquierda (MPN, UBD, wilsonismo, Alianza etc); en los últimos años el Partido Nacional, se ha constituido en uno de los partidos burgueses más reaccionarios ante el avance en la conquista de derechos por parte del conjunto del movimiento de la diversidad sexual, oponiéndose incluso en el parlamento burgués a la aprobación de las leyes democráticas más progresivas alcanzadas por la lucha del movimiento (ley de identidad género y cambio de nombre y sexo registral; y la ley de matrimonio igualitario), con la excepción de una pequeña minoría del ala “progresista” del partido oligárquico.
Cabe destacar como posición más reaccionaria, conservadora, y en última instancia homolesbotransfóbica la del diputado Gerardo Amarilla, evangelista confeso, enemigo acérrimo y recalcitrante de la llamada “agenda de derechos” democráticos propulsada por el gobierno del Frente Amplio (ley de legalización de la marihuana, y la ley de aborto, además de las ya mencionadas sobre la diversidad sexual).
Partido Colorado
Al contrario del Partido Nacional, el partido fundado por el genocida de los pueblos originarios Fructuoso Rivera, fue casi totalmente hegemonizado por el batllismo en los albores del siglo XX, y a partir de entonces se caracterizó por ser una fuerza política en favor de los intereses de una burguesía industrial incipiente, y con una fuerte base social en sectores medios urbanos y metropolitanos y en sectores importantes del proletariado.
Desde entonces, su ala reformista y hegemónica: el batllismo, propulsó leyes de vanguardia con respecto a las libertades políticas y sociales de las mujeres (ley de divorcio, universidad femenina, voto femenino), todo en el marco de una democracia burguesa “próspera” y estable.
Enmarcado en esta tradición liberal, y de cierta independencia de la iglesia católica, es que hay que entender el voto “progre” de gran parte del Partido Colorado ante el debate legislativo, tanto de sus sectores batllistas como de sus expresiones más conservadoras, con respecto a las leyes conquistadas por la histórica lucha del movimiento por la diversidad sexual.
Sin embargo, el discurso aggiornado de los nuevos cuadros burgueses del Partido Colorado (el actual senador Fernando Amado por ejemplo), trata siempre de ocultar que la concepción sobre la libertad sexual que preconiza su partido está en sintonía con lo más coherente de su cosmovisión liberal: o sea derechos democráticos, que en los papales parlamentarios dicen representar a las grandes mayorías, pero terminan por beneficiar a unos pocos privilegiados, que por pertenecer a las clases dominantes, a la casta política o incluso a sectores pequeño burgueses acomodados, pueden hacer realmente usufructo de la leyes obtenidas por décadas de luchas y sacrificios de las trans militantes, pobres y prostituidas en la actualidad; para las cuales, los logros LGBT de la última década, solo conocen de oídas.
FRENTES POPULARES (O DE COLABORACIÓN DE CLASES)
Frente Amplio
Hoy el Frente Amplio en nuestro país es uno de las pocas expresiones políticas en el mundo, que aún caracterizamos de frente popular, es decir un frente de colaboración de clases, conformado por partidos obreros, principalmente el PCU y el PS (hasta los 80 de masas), que se han subordinado a lo largo de la historia a una dirección pro burguesa, siendo leales al Estado capitalista hasta sus últimas consecuencias.
Sin embargo, matizando necesariamente el reduccionismo científico de nuestro análisis, es que tenemos que diferenciar las distintas corrientes, tendencias y hasta tradiciones que operan al seno de tan particular y heterogéneo fenómeno político, a la hora de entender el posicionamiento del Frente Amplio ante la cuestión que venimos abordando.
Partido Comunista del Uruguay
En los últimos sesenta años, hablar del PC uruguayo, es hablar de la reformulación del stalinismo elaborada por el dirigente histórico Rodney Arismendi y su teoría (no tan nueva) de la “Democracia avanzada”; no obstante sin detenernos en el debate con semejante planteo revisionista del stalinismo, es que queremos reflexionar acerca de la posición tomada por el PCU en los últimos años en relación al debate por los derechos democráticos en general y los derechos del movimiento por la diversidad sexual en particular.
Resulta extraño que un partido que hasta los años noventa inclusive, era sumamente homofóbico y machista, en consonancia con la persecución a la homosexualidad en Cuba y la Unión Soviética entre otros regímenes burocráticos y degradados, hoy sea el “paladín” de las libertades sexuales en el Uruguay; sospechamos que el supuesto “cambio” de conciencia política con respecto al tema, obedece más a un propósito propagandístico de autoproclamación, que a una sincera rectificación de la homolesbotransfobia en sus cuadros y estructura política.
Sin embargo, la cooptación de casi la totalidad de las organizaciones de la diversidad sexual, y la posterior institucionalización de un movimiento que hasta fines de los noventa se constituía como independiente del Estado y de los partidos políticos y con cierto contenido anticapitalista, es fruto no sólo de unas condiciones históricas precisas, de retroceso en la conciencia popular en todos los órdenes, sino que obedece también a responsabilidades políticas particulares, difíciles de ignorar.
Paradojas de la historia, en el pasado reciente reproductores de la homofobia stalinista a ultranza, y en la actualidad eficaces propagandistas, con listas 1001 decoradas de novedosas hojas de marihuana y colores del arcoíris sexual.