La DC está dividida en dos, y dividiendo a la Nueva Mayoría. La derecha, está igualmente dividida, disimulada detrás de la candidatura de Piñera. El nóvel Frente Amplio podría tener una incipiente primera división. La CUT profundiza su división. Y por debajo, una fractura social que la huelga de Escondida saca a la luz.
Nicolás Miranda Comité de Redacción
Domingo 19 de febrero de 2017
La división política
La DC está partida en dos. El sector progresista plantea elaborar un documento programático para contribuir a la candidatura de Guillier. El sector conservador está en las antípodas: “veo en la candidatura de Guillier el germen de demagogia y populismo”, dijo Ignacio Walker. Esperan la Junta Nacional de marzo para tomar definiciones, con una Carolina Goic que es prenda de ambos bandos: de unidad en la Nueva Mayoría para unos, del “camino propio” como la candidata a la primera vuelta para otros (y como presidenta de su partido, solo recurre a medidas disciplinarias, como invitar a salirse a figuras que apoyan a Guillier). Esta división puede apurar el fin de la Nueva Mayoría, en palabras de Ignacio Walker: “no es claro que un segundo gobierno de la Nueva Mayoría vaya a ser una buena noticia para el país”, además, que no votaría por Guillier si fuera el candidato (votaría en blanco). No es nueva la declaración de muerte del conglomerado de Gobierno, lo nuevo es que ahora, próximos a las elecciones presidenciales, puede consumarse. El PPD se dividió: muchas de sus principales figuras abandonaron sus filas, el más reciente, Pepe Auth. El PS tiene su propia división, expresada también alrededor de las figuras de Lagos o Guillier.
La derecha también está dividida. El alcalde de La Florida Carter, (semi ex) UDI, trató de “tarada” a una de las voceras de ChileVamos, la PRI Alejandra Bravo por sus declaraciones homofóbicas. Evópolis tiene su propio programa y pretensiones de cupos parlamentarios que chocan con la UDI. La casi unción de Piñera como candidato podría empujar al “camino propio” de Ossandon.
El nóvel Frente Amplio apareció en los hechos con una probable primera división: las insólitas declaraciones del ex Patria y Libertad Díaz Herrera reivindicándose como parte de este agrupamiento, obligó a una declaración invitándolo a retirarse (polemizamos con este hecho político significativo en otro artículo de La Izquierda Diario). Lo llamativo es que esa invitación a retirarse es de una parte: Movimiento Autonomista, Partido Humanista, Partido Igualdad, Revolución Democrática, Convergencia de Izquierdas. De otros, como Izquierda Autónoma, Partido Poder, Partido Liberal, no se conocen declaraciones. Es una división política alrededor de algunas definiciones clave, como si se reconocen como de izquierda o no, y desde allí la amplitud del Frente Amplio, que un hecho casual puso a prueba. (Fue, además, una mala semana para esta reunión de partidos, con las obligadas disculpas de Boric por el viaje de su familia en un buque de la Armada).
La CUT profundiza su división: anunciaron, después del congelamiento del Colegio de Profesores, la suspensión de su participación la Federación de Trabajadores del Cobre, y la discusión sobre las mismas medidas por parte de la Confusam y parte de la ANEF.
Estas divisiones expresan y profundizan el amplio rechazo a los partidos del régimen. Se refleja en las encuestas, y apoyos de apenas por encima del 10% a estas tiendas. Se refleja también en el refichaje: el PS tenía 118.883 afiliados, con refichaje 17.767, la DC 110.935, con refichaje 15.012 militantes, el PPD: 95.193, tras refichaje 4.881 personas, la UDI 72.697, con refichaje 5.283, RN 92.253, tras refichaje 7.881 personas. Se agudiza con los salvatajes que se dan a sí mismos, como la decisión del Servel para facilitar el refichaje. Se intensifica con los casos de corrupción, que, además, será ampliamente utilizados en la campaña electoral de lado y lado, amplificando su impacto.
Estas divisiones políticas, tienen su propia dinámica, donde palabras sacan palabras, acusaciones arrojan nuevas acusaciones, y la campaña electoral la profundizará, pero no se explica por sí misma completamente.
La fractura social
Tiene por sustrato una profunda fractura social que se hizo menos (no del todo) tolerable en los últimos años.
En el movimiento estudiantil, tiene una expresión. El Gobierno intentó responder con su promesa de gratuidad. Finalmente, no hizo de la educación un “derecho social”, y además se implementa vía “glosa presupuestaria”. Para este año, la recibirán aproximadamente 160.000. Pero, como remarcó el propio Ignacio Walker (para “demostrar” que es imposible”), el Gobierno había prometido que cubriría al 70% este año 2017, y apenas lo hará en un 15%.
En la relación con la clase trabajadora es donde se expresa más rotundamente, y la huelga de Escondida lo atestigua. La empresa recurre a todas las políticas a mano para arrodillar a los trabajadores: campañas mediáticas con la prensa empresarial; creación de incidentes; denuncias ante los Tribunales contra el sindicato; desaires al sindicato (como cuando anunció que se presentaría a la mediación para después postergarla); intentos de dividir entre trabajadores de planta en huelga y trabajadores contratistas (probablemente la llave de su estrategia contra la huelga). Como todo hecho de lucha de clases (salvo períodos excepcionales), sí es un “juego de suma cero”: unos ganan y otros pierden en lo esencial.
Se suma que el Gobierno lanzó una política de ajuste: en una Circular de la Dirección de Presupuesto, se indica que las empresas públicas deben ajustar los sueldos de sus trabajadores ante las negociaciones colectivas por venir (como las de Codelco).
Las divisiones políticas por arriba, no se explican por sí mismas, ni quedan allí contenidas: pueden favorecer la unidad entre trabajadores y estudiantes, a la que los ataques a unos y a otros empujan.
También, el desarrollo y fortalecimiento del espacio de nueva izquierda que se ensancha, en lo político (con su expresión anti-neoliberal del Frente Amplio, y su expresión anti-capitalistas de los trabajadores por la que lucha el Partido de Trabajadores Revolucionarios), en lo social (con, por ejemplo, el movimiento de mujeres Niunamenos, o las demandas estudiantiles), en lo sindical (con el fortalecimiento de las voces críticas que la cúpula de la CUT ya no puede contener, o el movimiento por NO+AFP).