El gobierno y los grandes empresarios se soban el lomo cuando se trata de lavar su imagen, y buscando empatizar con importantes franjas de la población. Sin embargo no es más que un cuento barato, frente al creciente número de despidos y suspensiones en distintos lugares de trabajo.
Lunes 25 de mayo de 2020
La desfachatez del gobierno se ha venido extendiendo con toda soltura durante estas últimas semanas. Sumándole a la reiterada y sistemática culpabilización hacia las personas, frente a la propagación del Coronavirus, macomunadamente con los medios tradicionales, era de esperarse el saludo del saludo hacia el gran empresariado de la Confederación de la Producción y Comercio (CPC), quienes haciendo alarde de lo “buenos” que han sido los capitalistas frente a la pandemia, realizan diversas donaciones. Y aunque el negociado como se demostró en la compra de alimentos del supermercado Alvi de Álvaro Saieh, está totalmente presente, las cabezas en representación de las grandes fortunas actúan como si sus acciones nacieran de la bondad y la empatía.
Así quedó demostrado con la adquisición de 400 unidades de cánulas nasales de alto flujo, a través del Fondo Privado de Emergencia para la Salud, como una forma de reemplazo del respirador mecánico, y frente a lo que el presidente de la CPC, Juan Sutil señaló “los empresarios estamos comprometidos a ayudar con total prontitud a solucionar las urgencias que estamos enfrentando en materia de salud, en coordinación con la autoridad sanitaria. Por eso, concretamos este nuevo aporte que permitirá manejar de manera más efectiva el aumento de casos críticos, reduciendo el número de fallecidos, en relación a lo que pudiera ocurrir sin esta alternativa”.
Sin embargo este lavado de imagen de los grandes empresarios frente a los padecimientos del pueblo trabajador por el COVID19, resultan absurdos frente al creciente número de despidos (8,2%) y suspensiones de contrato frente a la pandemia (593.615 trabajadores).
Estas donaciones cubren el verdadero rostro de los grandes empresarios, quienes teniendo exorbitantes utilidades, prefieren deja a trabajadores y trabajadoras, junto a sus familias en la calle, que pagar esta enorme crisis que se descarga en la clase obrera y los sectores populares.
Esta alianza entre el gran empresariado y el gobierno, sólo puede tener una respuesta efectiva desde los trabajadores y sus principales organismos de auto-organización, en alianza con estudiantes, comunidades, y los distintos sectores que hoy se ven ante la precariedad de la vida, y donde la rabia por el hambre suena con fuerza, en El Bosque, La Pintana, y en todo el país ¡Que la crisis la paguen los grandes empresarios!