Sería la primera “victoria”, luego del tropezón con el anuncio del supuesto acuerdo con Ford, de su política de impedir que los empleos estadounidenses se trasladen a México. Sin embargo, al hacerlo mediante presión y subsidios envía señales contradictorias en el comienzo de su mandato.

Raúl Dosta @raul_dosta
Jueves 1ro de diciembre de 2016
El presidente electo anunció que habría evitado el traslado de un millar de empleos al estado de Nuevo León que la empresa Carrier planeaba llevar a cabo cerrando una de sus plantas en Indianápolis. Esta empresa es subsidiaria de United Technologies Corp. (UTC) misma que controla la fábrica de motores de avión Pratt & Whitney, cuyos productos son usados en aviones de combate como los F-35, F-15, F-16, C-17, y el F111; por lo que trabaja en función de los pedidos del Pentágono de las aeronaves de combate, además UTC ofrece decenas de equipos especializados para la industria aeroespacial.
Esto viene a cuento porque ha trascendido que el “poder de convencimiento” de Mr. Trump está basado en la coerción, aprovechándose de que el Estado es el principal comprador (y financiador por adelantado) de muchas empresas que requieren altos niveles de inversión y que el Pentágono les cancele o retrase pedidos puede ser mortal para esos consorcios.
Como dice un medio informativo allende la frontera: “Trump se comunicaría con un CEO (director ejecutivo) que esté considerando mover empleos hacia México y lo amenazaría de dejarle caer todo el peso del gobierno federal si continúa con su plan. Esto sería una flagrante violación al imperio de la ley, por supuesto. Pero dado el vasto poder de la moderna administración estatal, pocos CEOs podrían permitirse tomar el riesgo de confrontar al recién electo presidente” (1)
Alcances inciertos
Esto ya de por sí es una mala señal, dado que las grandes trasnacionales cuyo mercado principal está por fuera del consumo gubernamental podrían hacer caso omiso de estos chantajes y el Estado está bastante quebrantado desde la crisis del 2008 como para sostener una política de subsidiar cada empresa que decida seguir
el ejemplo de lo que pasa con Carrier.
Aunque no se han difundido oficialmente los acuerdos entre Trump y UTC se han filtrado tres aspectos centrales del mismo. Primero, rebajas fiscales de 700 000 dólares anuales durante diez años por parte del Estado de Indiana, el cual es gobernado por Mike Pence, quien asumirá como vicepresidente al lado de Trump. Segundo, una propuesta que tiene que ser aprobada por el Congreso de EE.UU: rebajar impuestos federales a las grandes corporaciones y, tercero, la velada amenaza del gobierno entrante de dejar de comprar a UTC motores para aviones de guerra y otros materiales militares.
Respecto a esto último, más allá del impacto mediático de una proscripción a una empresa, sería muy difícil de cumplir pues en los motores de Pratt & Whitney, UTC es proveedor único.
Victoria pírrica
El Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal declaró que la decisión de la empresa significa una victoria pírrica para Trump “pues obviamente reaccionan ante una presión de esta naturaleza; pero eso ni va a modificar, justamente, el nivel de rapidez con que estamos siendo atractivos, como lo demuestran las cifras de 127 mil millones de inversión extranjera en lo que va del presente sexenio”.
Respecto a que Carrier se convierta en la primera de muchas acciones de retención de la planta productiva dentro de EE.UU., Guajardo disfraza su preocupación y pone de ejemplo a la Ford, la que explicó a Trump, “que gracias a la complementariedad de acciones productivas que tiene con México, la automotriz ha podido sostener cientos de miles de empleos en Estados Unidos”, es decir, pone la sobre explotación de la clase obrera mexicana como garantía de que las trasnacionales mantengan una base obrera en EE. UU., gracias al enorme diferencial salarial a ambos lados de la frontera.
En la misma sintonía, el secretario de hacienda, José Antonio Meade, declaró: “No conocemos los detalles de lo que ahí se acordó y pensamos que México sigue siendo un destino importante para traer inversiones por sus muchos elementos estructurales que lo hacen atractivo”.
En el estado de Nuevo León, las autoridades han expresado su decepción ante el anuncio de Carrier, como la senadora Marcela Guerra, quien dijo que el nuevo acuerdo traerá consecuencias graves para ambas partes: "La que va a pagar los platos rotos es la empresa, porque sus productos van a ser más caros. Incluso puede llegar a la bancarrota" señaló según su óptica de entrega de la mano de obra mexicano al más bajo precio. Aparte de la planta que opera en la entidad, Carrier ya ha construido otra, que no se ha ocupado, y formaba parte de una expansión de 200 millones de dólares.
(1).- http://www.vox.com/new-money/2016/11/18/13678404/trump-ford-jobs-mexico