En estos días la persecución contra los medios de comunicación alternativos ha pegado un salto en Ecuador, en el contexto de una deriva represiva por parte del gobierno de Moreno. El pasado martes, uno de los principales colaboradores de la “Revista Crisis” era asaltado y amenazado por policías en su propio domicilio.
Martes 26 de noviembre de 2019
La enorme movilización de principios de octubre abrió una grieta profunda en el régimen político ecuatoriano. Como producto de esto, el Gobierno de Lenin Moreno, con apoyo de las oligarquías, ha desatado una tormenta de persecuciones, censura y represión que amenaza con convertirse en una estrategia a largo plazo para poder apuntalar su debilitado poder político.
El relato gubernamental intenta “explicar” la enorme respuesta social del pueblo ecuatoriano mediante la teoría de la conspiración. De esta manera, con ayuda del poder judicial se empezaron a perfilar las acusaciones contra medios, movimientos sociales y opositores políticos. Los delitos que se les atribuía eran los de “sedición” e “intento de golpe de estado”.
Las primeras semanas, mientras aun se celebraban las primeras rondas de negociaciones con el movimiento indígena y los sindicatos, se produjeron diversas órdenes de busca y captura contra varios de los líderes del movimiento político ligado al ex presidente Correa. Después la persecución se dirigió contra los líderes de los movimientos sociales, con amenazas explicitas por parte del Gobierno hacia los mismos.
Ahora son los medios de comunicación los que parecen estar en el punto de mira del aparato estatal. A RT (Rusia Today), televisión financiada por el ruso Putín, le han cortado sin aviso previo la emisión del canal. RT está lejos de poder considerarse un medio alternativo, pero fue una de las pocas televisiones con señal en Ecuador que informó de las movilizaciones, así como de la feroz represión por parte de la policía y los militares contra los manifestantes.
Casos parecidos tuvieron lugar contra con TeleSur o HispanTv, los cuales sufrieron bloqueos informativos durante los sucesos de octubre. El Gobierno atribuía el supuesto intento de golpe de Estado a una supuesta intervención rusa y venezolana, como principales promotores, de ahí el ataque a estos medios.
Sin embargo, esta tesis sostenida por parte de Lenin Moreno y su ejecutivo, contrasta fuertemente con el hecho de que sean los medios alternativos los que más duramente están siendo perseguidos. Es el ejemplo de lo sucedido el pasado martes con uno de los redactores principales de la Revista Crisis en Ecuador, Carlos Pazmiño, el cual fue asaltado en plena noche en su casa por parte de policías de operaciones especiales. Estos entraron de forma intimidatoria y amenazante; y como el periodista relata se trató de una operación política con la intencionalidad de recabar información y sobre todo de generar escarmiento y miedo.
Esta publicación online fue una de las que cubrió más de cerca aquellas jornadas de alta intensidad política, y que se posicionó abiertamente en favor de la movilización popular. Desde entonces este medio ha sufrido diversas amenazas y bloqueos en redes sociales que apuntan directamente al Estado y sus fuerzas represoras.
En los días de más bloqueo informativo, con la complicidad obscena de los grandes medios de comunicación, eran precisamente la Revista Crisis, Wambra y otros muchos pequeños medios los que con un gran esfuerzo militante lograron romper el cerco mediático impuesto por el Gobierno.
Lenin Moreno, como otros mandatarios que están pasando por situaciones parecidas en América Latina, no olvidan el papel que jugaron los activistas que sostiene estos medios y ahora descarga su represión sobre quienes se pusieron del lado de los intereses del pueblo pobre en aquellos momentos de agudo enfrentamiento con el Estado.
Desde la Red de diarios de La Izquierda Diario nos solidarizamos con todos los medios alternativos que tienen que padecer estas arremetidas represivas por parte de gobiernos y regímenes que solo intentan defender los intereses de clase de una minoría privilegiada. En Chile y en Bolivia son nuestros compañeros militantes de Izquierda Diario los que cada día enfrentan el intento de acallar mediante el ruido de las balas las legítimas demandas de los pueblos. Porque cuando la lucha de clases avanza, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario.