En campaña electoral resuenan las voces empresarias contra la juventud trabajadora con el “caso Toyota”. Entre el marketing y el pragmatismo del oficialismo y la oposición de derecha, la crisis que se agrava para ocupados y desocupados.

Jesica Calcagno @Jesi_mc
Domingo 8 de agosto de 2021
El toyotismo es una forma particular de organizar la producción y su combinación con las nuevas tecnologías. Se caracteriza por reducir el stock y producir “just in time” (justo a tiempo). Cada fase de la cadena solicita el suministro de lo justo y necesario. Ni más, ni menos. Buscan trabajadores “flexibles” y multifuncionales, y está asociado al neoliberalismo, la tercerización y precarización. ¿Por qué aparece la voz de Toyota en el inicio de la campaña electoral? ¿Qué hay de “toyotismo” en la política de las dos coaliciones principales?
El “just in time” de la política
En tiempo electorales abundan las promesas, y sobre todo los slogans. Como analizamos hace algunos domingos, aunque algunos renieguen del marketing, también le echan mano en las campañas. “La vida que queremos” es el que eligió el Frente de Todos y repite el manual que se filtró, donde sugieren un mensaje “optimista y realista”. “Es lado a lado” dicen los afiches de María Eugenia Vidal de Juntos, remitiendo quizás al cruce de su domicilio del otro lado de la General Paz.
También se habla de “moderación” del Frente de Todos, en particular de Cristina Fernández, adjudicado a un “pragmatismo” que amerita especialmente el momento electoral.
Jorge Liotti en La Nación se hace eco de este análisis, y lo explica con encuestas preliminares que darían una “ventaja de alrededor de 5 puntos en la provincia de Buenos Aire que forzó al gobierno a un ejercicio de moderación y de regreso al centro, en la misma sintonía de 2019”. Dice que sólo así se explica el giro de Cristina Fernández de pagarle al FMI con los Derechos Especiales de Giro. Otra de las expresiones a las que remite es “la pirueta que hizo en Santa Fe”, donde la vicepresidenta selló una alianza con el gobernador Omar Perotti (exponente de los buenos lazos con Vicentin y la Sociedad Rural) en detrimento de su histórico aliado Agustín Rossi que competirá en otra lista en las PASO (y fue “renunciado” como Ministro de Defensa).
Está dentro de los “usos y costumbres” que, en los períodos electorales, los oficialismos inviertan “pragmáticamente” algo más de recursos estatales para anunciar nuevos programas o beneficios, o inaugurar obras públicas para mostrar gestión. Aunque tienen patas cortas (especialmente por la frágil situación económica y social que atraviesa la Argentina).
Como señala Fernando Rosso en Tiempo Argentino, “en el terreno del pensamiento se pueden tener uno, dos o mil ideas contradictorias, pero en la práctica (valor supremo, según el pragmatismo) las consecuencias son muy distintas cuando es tan grande la desconexión entre las palabras y las cosas”. Ocurre que al analizar “just in time” de la política, la grieta y la polarización son la norma que guía. Pero cuando se va a los hechos, aparecen los aspectos estructurales del funcionamiento del país donde hay más continuidad de lo que se cree.
Esteban Mercatante enumera en Ideas de Izquierda algunos de los supuestos compartidos entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Sin obviar las diferencias políticas en sus orientaciones o proyectos, busca mostrar también dónde se expresan puntos de encuentro. “La extranjeración de la economía y el dominio que tiene el capital imperialista sobre resortes fundamentales”; “la expansión indiscriminada del agronegocio (con sus agrotóxicos), la megaminería”; y “honrar” las deudas, y respetar los acuerdos con el FMI”, son algunos ejemplos.
Pensar también la continuidad de las “herencias neoliberales” es un nudo clave para entender dónde estamos y a dónde vamos si se sigue aplicando la misma fórmula. Alfredo Zaiat en Página 12 habla de herencias, pero sólo de la que dejó Macri. Si bien esta vez habla de “errores en el manejo de algunas circunstancias financieras y económicas” del gobierno de Alberto Fernández (sin decir cuáles), no entran en su análisis las variables más profundas de precarización y flexibilización laboral que desde la dictadura ningún gobierno tocó. La pobreza, el desempleo y el empleo de mala calidad tienen un importarte arraigo en esa continuidad. Al finalizar el gobierno de Cristina Fernández en 2015, la precariedad ya alcanzaba al 33,1% de la población, y la pobreza rondaba el 25%. Cabe preguntarse por qué, ni en períodos de crecimiento económico con el kirchnerismo, se revirtieron. Y si no se hizo en ese entonces, ¿qué chances hay de que los reviertan ahora que la situación económica es muy adversa?
Desánimo y conflictividad
La movilización de las organizaciones sociales oficialistas este sábado, convocada por la UTEP, volvió a poner en discusión la inestable “paz social”. Fue el referente Juan Grabois uno de los que alertó que “la relativa estabilidad que se mantuvo durante el tiempo de la pandemia, lograda por algunas medidas del gobierno y la formidable red de cohesión comunitaria que por décadas tejimos movimientos sociales e iglesias, no podrá evitar por mucho más tiempo el estallido del pueblo pobre”.
La preocupación de un “estallido social” se acrecienta en los círculos empresariales y políticos.
Liotti en La Nación cita a una fuente cercana a la vicepresidenta que dijo que “está verdaderamente alarmada por el clima que percibe en sus conversaciones con referentes territoriales”. Por ese motivo afirma que “Cristina envió emisarios a establecer contactos preliminares con algunos de los principales referentes opositores, incluido el entorno de Horacio Rodríguez Larreta y jefes legislativos, para avisar que después de las elecciones ambos sectores deberían dialogar sobre cuestiones troncales”. La vicepresidenta ya adelantó en el lanzamiento de candidatos que también le interesa un acuerdo con la oposición para el pago de la deuda al FMI.
Diego Genoud en El DiarioAr marca la contradicción entre “el sistema de partidos que parece haberse reconstituido con dos grandes coaliciones que se muestran sólidas pese a sus diferencias y disputas”, y los “niveles de pobreza e indigencia que van de regreso al 2001”.
Retoma las palabras de Ernesto Sanz, uno de los fundadores de Juntos por el Cambio, con la misma preocupación y voluntad de acuerdo. “No se puede seguir estigmatizando a los Grabois, a los Pérsico y a los padres Pepe Di Paola (...) Hoy la emergencia es el empleo y hay que trabajar con las organizaciones sociales que están administrando con mucha eficacia, en cuanto a que están evitando el estallido social”, dijo en una entrevista para El DiarioAr.
Horacio Verbitsky en El Cohete a La Luna habla de la contención social como “uno de los activos de los que puede jactarse el gobierno”. Pero atribuye los motivos de la movilización de “los cayetanos” más a su disconformidad con el cierre de listas del Frente de Todos que los relegó.
Lo que es un hecho es la extensión del malestar social, con un masazo a las condiciones de vida de la clase trabajadora por cuarto año consecutivo que no va a resolver ningún paliativo momentáneo. Menos, cuando lo que se viene son cada vez más vencimientos de deuda externa que seguirán fugando recursos de un Estado flaco. Liotti cita en La Nación un trabajo cualitativo de la consultora Opinaia que “identificó las palabras con las que la gente grafica la situación actual del país: “Desesperanza” “Incertidumbre” “Temor” ““Falta de salida a la Crisis”” Y agrega que “un 65% considera que ni el Gobierno ni la oposición ofrecen soluciones a los problemas del país”. La Argentina vive una “bomba de tiempo”, rodeada de conflictividad social latinoamericana, sin que las dos coaliciones políticas principales puedan ofrecer una salida alternativa.
El toyotismo y una lucha por el tiempo
Quienes más claramente están desplegando su programa en estas elecciones siguen siendo los grandes empresarios. Esta semana fue el turno de Toyota, a raíz de la queja de su CEO que dijo no conseguir “200 personas con secundario completo”. Una fake news que fue desmentida hasta por los propios jóvenes que aplicaron con su currículum en esa empresa.
Los trabajadores de esa empresa cuentan además que “en los 24 años que tiene produciendo en la Argentina, descartó a miles de pibes con arreglos de despido y enfermedades crónicas. Si no encuentra operarios, es porque Toyota tiene uno de los peores regímenes de trabajo existentes”.
Detrás de esta ridícula “victimización” de Toyota frente a jóvenes supuestamente sin “cualidades” para trabajar, hay una intencionalidad de crear un “sentido común” que avale desde reducciones salariales (pagar menos si están “menos calificados”) hasta aumento de los ritmos de producción (si no pueden contratar nuevos trabajadores, extender las actuales jornadas laborales). Un combo perfecto a la medida de empresarios que piden bajar “costos laborales” con reformas que quiten más derechos.
No por nada se hicieron eco de esta campaña personajes como el actual titular de Unión Industrial Argentina, Daniel Funes de Rioja, entre empresarios de la misma calaña. No por nada el CEO de Toyota es uno de los que se reunió con el candidato Florencio Randazzo que pide abiertamente una reforma laboral. Tampoco es casual que en la automotriz Volkswagen de Pacheco se esté implementando una reforma laboral de hecho con el acuerdo del gremio SMATA (alineado con el Frente de Todos): aumentaron una hora la jornada de trabajo y la casi obligatoriedad de ir también los sábados.
Si desde la oposición de derecha también se sumaron a estas quejas empresariales, el Frente de Todos no se quedó atrás. Fue el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, quien salió a avalar las declaraciones de Toyota. Toda una definición.
El problema de la deserción escolar es una realidad que afecta a los sectores populares, agravados en la pandemia por la falta de conectividad. En materia educativa también hay decisiones políticas del gobierno que es responsable de esta realidad. Pero si miramos las cifras de precarización y desempleo en la juventud, el cuadro se sigue agravando.
El desempleo promedio en la Argentina es del 10,2%, pero en los jóvenes entre 14 y 29 años trepa al 19% en los varones y al 26% en las mujeres. Se suman el dato de precarización que, en base a un informe especial de La Izquierda Diario, supera el 70% en la juventud de las principales ciudades. De nuevo, las mujeres jóvenes son las más afectadas por encima del 74% de precariedad laboral.
Con una pobreza que afecta a 18,1 millones de personas en todo el país y estos niveles de desempleo y precariedad, el cuento de Toyota se vuelve más inverosímil. Al empresariado no le alcanzan estos niveles de flexibilización laboral, y aporta más irracionalidad extendiendo la jornada de trabajo mientras miles buscan trabajo.
Mientras el oficialismo y la oposición de derecha se sumergen en slogan de campaña y la búsqueda de acuerdos con el FMI que serán contra el pueblo trabajador, la crisis del empleo, la inflación y los salarios necesita respuestas estructurales. Frente al coro de la inercia de la escasez o de los voceros de reformas laborales, se vuelve más necesario darle fuerza a la propuesta del Frente de Izquierda Unidad de reducir la jornada laboral a 6 horas para repartir el trabajo entre ocupados y desocupados, con sueldos que alcancen y con derechos.
Como dijo Nicolás del Caño “Argentina es uno de los países con mayor carga horaria de trabajo”. Algo inexplicable cuando “la productividad del trabajo, por la incorporación de la tecnología, aumenta” pero eso “no redunda en un beneficio para el conjunto de la población trabajadora sino en mayores ganancias para los mismos de siempre”. Que en estas elecciones gane fuerza una alternativa con el Frente de Izquierda para combatir el desempleo y la precarización, será un mensaje frente a las proclamas de los grandes empresarios. Hay una pelea por el tiempo. Son ellos o nosotros. Es una pelea del presente. Es una pelea por nuestro futuro.

Jesica Calcagno
Nació en Buenos Aires en 1984. Licenciada y profesora en Sociología (UBA). Acreditada en el Congreso.