La prueba del delito de las grandes empresas: formadoras de precios, ranking de las más altas fortunas y cuentas offshore. Un control de precios que devela quién ganó con el Frente de Todos.

Jesica Calcagno @Jesi_mc
Domingo 24 de octubre de 2021
El "capitalismo eficiente" del hambre
Hace apenas una semana hablaba públicamente Cristina Fernández en un acto de La Cámpora, donde afirmó que “El capitalismo es un sistema económico de producción de bienes y servicios que se ha demostrado hasta ahora el más eficiente frente al modelo colectivo, socialista o comunista”.
¿Y cómo se explica que casi 19 millones de personas en la Argentina no pueden cubrir la canasta de pobreza y tienen dificultades para acceder a alimentos básicos, mientras dos o tres grandes empresas formadoras de precios están en el ranking de las más altas fortunas?
Que hablemos de familias, niños, niñas y adolescentes, que pasan hambre hoy en la Argentina, tiene una relación directa con problemas estructurales de trabajo, salario y un encarecimiento sin límites de la vida misma. En el “sistema económico más eficiente”, ¿la comida se volvió un privilegio? Sale caro alimentarse en un país productor de alimentos. Total normalidad y eficiencia.
Así las cosas, con la medida del gobierno de congelar los precios de 1.432 productos hasta el 7 de enero de 2021, se pusieron ante nuestros ojos los factores del poder económico más concentrado que viene ganando. En La Izquierda Diario adelantamos esta semana los datos de estas fortunas.
Alejandro Rebossio en El DiarioAr hace un pormenorizado detalle no sólo de la gran concentración de ramas de alimentación en muy pocas empresas nacionales y extranjeras, sino también de las grandes ganancias que tuvieron en 2020. En plena pandemia. Para graficar con tres ejemplos locales emblemáticos que pusieron su firma en el documento de la cámara empresa (COPAL) en rechazo a la medida del gobierno. Molinos, empresa de la familiar Pérez Companc (4º fortuna del país), “controla el 79% de la facturación de las góndolas de fideos” y “domina el 45% del negocio del arroz y el 36% del de aceites". En 2020 “ganó $1.746 millones pese a la pandemia”. El caso de Arcor, de Luis Pagani (10º magnate local): “controla el 70% del segmento de mermeladas, el 20% de los enlatados y otro tanto de los jugos en polvo" y “domina el 31% del rubro de las galletitas” y un buena parte del mercado de leches, quesos y dulce de leche. Otra empresa que ganó $ 4.164 millones en 2020.
Ledesma, de la familia Blaquier, es la segunda del negocio del azúcar. En La Izquierda Diario se informó que registraron “una ganancia neta de $ 5.203 millones en un año (entre mayo de 2020 y mayo 2021), considerando los resultados de las distintas empresas que controla el grupo”. Es decir, su ganancia neta creció 375 % en el último ejercicio. Rebossio agrega las multinacionales que también gozan de un gran poder de concentración del mercado: Unilever, Aceitera General Deheza (AGD), Mondelez, entre otras.
A estas ganancias durante la pandemia, se agrega el informe de Emilia Delfino en El DiarioAr que cruza el ranking de los más ricos en 2020 con los Pandora Papers. Encuentra que varios de esos millonarios, ¡oh casualidad!, llevaron sus fortunas a paraísos fiscales. Aparece, ¡oh casualidad!, la familia Perez Companc dueña de Molinos, una de las grandes formadores de precio de alimentos. Pero también otros como Alejandro Bulgheroni, dueño de Pan American Energy (PAE), la principal compañía privada de petróleo y gas del país, hoy aliada del gobierno del Frente de Todos. Se suma Paolo Rocca, dueño del grupo Techint.
Este panorama de muchos ceros, pesos y dólares contrasta con la realidad de millones de trabajadores y trabajadoras. Aunque sean ellos quienes producen la riqueza, están cada vez más privados de acceder a bienes y servicios esenciales. Los sueldos no alcanzan. En el informe de CIFRA de la CTA sobre la inflación enumeran el aumento de los precios mayoristas de elevada concentración económica en los primeros 9 meses del año: aceites (111,3%), frutas (110%), sustancias plásticas y elastómeros (92,6%), cereales y oleaginosas (90,7%), productos siderúrgicos (70,9%), carnes y derivados (68,2%), productos textiles (64,1%) y minerales no ferrosos (54,9%).
La inflación acumula un 52,5% en los últimos 12 meses, y en el caso de alimentos y bebidas 53,4%. Los salarios llevan cuatro años de pérdida de poder adquisitivo. Una tendencia que no revirtió la promesa de “llenar la heladera”. Por el contrario, con el Frente de Todos los grandes empresarios ganaron más y los trabajadores perdieron más desde el 2016. Así lo demuestra la propia estadística del INDEC (Informe de la Cuenta de generación del ingreso). Lo que se llevan los empresarios de la torta de riqueza producida está en su nivel más alto. Y viceversa: la participación de las y los asalariados en esa torta, está en sus niveles más bajos desde entonces.
¿No se preguntan para quién es eficiente el capitalismo? ¿Y para quién está gobernado el Frente de Todos? La vicepresidenta citó la película “Good Bye, Lenin” para mostrar la superioridad del capitalismo frente al “modelo colectivo, socialista o comunista”. Dijo que “el Muro se cayó porque querían consumir lo que consumían del otro lado”. La paradoja es que bajo su gobierno el 40% de la población ni siquiera puede cubrir sus necesidades básicas aunque los alimentos se produzcan acá.
La inflación, más que 1432 productos
La medida de congelamiento de algunos productos, llega a un mes de las elecciones generales. Por eso, Brenda Struminger en Infobae, la incluye en la estrategia de campaña del oficialismo para captar votantes. El diagnóstico en el Frente de Todos es que la principal preocupación es la situación económica diaria. Por eso “el Gobierno apuntará todos los esfuerzos a mantener los valores de los productos en las góndolas e intentará responsabilizar a los formadores de precios por el desbarajuste económico”.
Diego Genoud en El DiarioAr incluye una lectura complementaria sobre el congelamiento de precios: “le dio al oficialismo una consigna para salir a defender en las últimas tres semanas de campaña electoral y un motivo para que los intendentes, los movimientos sociales y La Cámpora se movilicen en torno a un tema que afecta sobre todo a los que viven de un ingreso en pesos”. Es decir, un objetivo interno para motivar una militancia desconcertada por la creciente brecha entre el relato y los hechos de la coalición de gobierno.
Para atacar verdaderamente el problema de la inflación que sufren las mayorías trabajadoras por un puñado de especuladores y remarcadores de precios, hay que afectar intereses poderosos. Como dijo Nicolás del Caño en el debate de candidatos de la provincia de Buenos Aires, se necesitan medidas de emergencia: un aumento salarial del 20 % para el conjunto de la clase trabajadora y los jubilados, que sean los trabajadores quienes controlen la producción y los costos de estas empresas, y que se hagan públicos sus libros contables. Medidas que necesitan articularse con aquellas que apunten a dar vuelta de la dependencia económica del país en el control del comercio exterior, los bancos y la concentración de la gran propiedad del campo. Las recurrentes crisis y ajustes que sufre el pueblo trabajador tienen una matriz común en el atraso y la dependencia que se refuerza con la deuda externa.
Esa deuda que dejaron
El viernes hubo un llamativo video de La Cámpora que circuló en redes sociales, donde dicen “esa deuda que dejaron no la vamos a pagar”. ¿No se enteró La Cámpora que desde que asumió el Frente de Todos llevan pagando más de U$S 10.080 millones a organismos internacionales, como el FMI o el Club de París? ¿Borraron de su mente las declaraciones de la propia Cristina Fernández cuando dijo que había que utilizar los DEG (Derechos Especiales de Giro) para pagar la “deuda que dejaron” los macristas?
Aunque a algunos analistas les sirva exagerar las diferencias internas alrededor de qué hacer con la deuda con el FMI, la verdad es que Cristina Fernández y Máximo Kirchner tienen como aspiración renegociar con un plazo a 20 años. Una posibilidad que ni siquiera existe, es más utópica que el desconocimiento soberano de una estafa luego de investigarla.
Pablo Ibáñez en El DiarioAr cuenta que en el entorno de Máximo creen “que el acuerdo es inevitable, que lo que hay que lograr es que sea lo mejor posible, sobre todo sin imposición de reformas estructurales”. Aunque no lo reconozcan abiertamente en público. Pero quien quiera oír que oiga: hay sobradas declaraciones en actos y medios de comunicación de la voluntad de pago con el FMI del cristinismo. Ayer mismo, el propio Máximo habló de pagar.
Hasta Sergio Massa dio una entrevista a Infobae donde aseguró que cuenta con el aval de Alberto Fernández y Cristina Fernández para proponer un acuerdo a la oposición de 10 puntos básicos, entre los que está por supuesto el pago de la deuda con el FMI.
Fernando Rosso en Tiempo Argentino, recupera algunas de las declaraciones de Leandro Santoro en una entrevista con Alejandro Bercovich en Radio Con Vos. El candidato del Frente de Todos por la Ciudad, “afirmó que cuestionar o impugnar el pago de la deuda al FMI es ´en términos marxistas, un programa revolucionario maximalista´”, refiriéndose a la izquierda trotskista. Después de sus dichos, habló de Hebe de Bonafini impugnando el pago de la deuda, y el video de La Cámpora. Rosso analiza que estas voces disonantes en la coalición del Frente de Todos, “son un síntoma de que la cadena de consenso tácito que se resigna a la agenda de la derecha tiende a resquebrajarse por el eslabón más débil: los resultados”.
Por el momento son disidencias que construyen un relato que su accionar no respalda. Ni en lo hecho hasta ahora ni en las previsiones que, como cuenta Pablo Ibáñez de los cercanos a Máximo, se conforman con soñar que el FMI no va a pedir reformas a cambio. ¿El cambio de la movilidad jubilatoria qué fue? ¿Y el acuerdo flexibilizador en Toyota a tono con los pedidos de reforma laboral de la derecha? ¿Y el presupuesto del ministro Martín Guzmán fue de ajuste por gusto? Los condicionamientos del FMI ya se sienten en las decisiones del gobierno.
Cuenta regresiva: tres semanas
Las elecciones generales del 14 de noviembre siguen siendo un ordenador del debate público, y son preparatorios para lo que viene. En materia de “seguridad y mano dura dura” también, como estamos viendo a raíz de los reclamos históricos de la comunidad mapuche en Río Negro. El discurso cuasi militar en la columna de Joaquín Morales Solá en La Nación da cuenta al extremo de la utilización de los hechos para imponer otra agenda de la derecha. Del “foquismo” y “grupos insurgentes” de Morales Solá se llega fácil al “grupos terroristas” de Sergio Berni, ministro de Kicillof, que salió al cruce del propio presidente.
Discursos preparatorios en un contexto social y económico crítico, que está en el abc de quienes tienen mucho (y por ende mucho que perder) frente al descontento de las mayorías que no tienen nada que perder salvo sus padecimientos.
Las especulaciones y operaciones a través de encuestas siguen por sus carriles habituales. Eduardo Van Der Kooy en Clarín cita un “trabajo aún en curso” de la consultora Aresco. Dice que Buenos Aires, entre quienes no fueron a votar o lo hicieron por otras fuerzas, “sólo el 10% admitió que podría llegar a sufragar por el Frente de Todos”. En Tiempo Argentino hablan de encuestas filtradas por Juntos por el Cambio que muestran una recuperación del oficialismo, con la intención de “movilizar a los votantes propios que no asistieron a las primarias y que podrían salir de sus casas para impedir que el peronismo revierta los casi cuatro puntos de ventaja”.
Para Pablo Ibáñez “las encuestas, en general, reflejan que nada cambió demasiado”. Pero en Infobae mencionan la expectativa de Sergio Massa. “La elección todavía está abierta y depende de la capacidad que se tenga para ir a buscar con un mensaje claro a aquellos que no fueron a votar, o votaron por fuerzas menores o votaron en blanco. Hay un 20 por ciento en disputa”, dijo el presidente de la Cámara de Diputados.
Diego Genoud mira más allá del presente inmediato: “aunque falta el veredicto de las urnas, el establishment y la oposición ya dan por agotado el ciclo de los Fernández y solo apuestan a una transición”. El protagonismo de Sergio Massa como vocero del acuerdo de esa transición, levanta sospechas por sus estrechos vínculos con Horacio Rodríguez Larreta. El jefe porteño viene de declarar ante el Coloquio de IDEA, que piensa en un 2023 con un “gobierno de coalición que represente al 70% del sistema”.
Falta un mundo para esas aspiraciones presidenciales. El hartazgo que se vio en las urnas en las PASO tiene un nuevo round en noviembre para darle un canal de expresión. Pero lo que viene después del 14 está plagado de incertidumbres. En diciembre se viene un nuevo pago del FMI ¿se llegará a un acuerdo antes de esa fecha? ¿Puede ser un diciembre de protestas o estallidos? Todas las semanas se siguen sucediendo movilizaciones de movimiento de desocupados, y ni los oficialistas creen en que habrá “empleo genuino por planes”. Hay bronca en muchos lugares de trabajo por el atraso salarial con la inflación, privados y públicos. Las familias de Guernica vuelven a movilizarse por las promesas incumplidas del gobierno.
El Frente de Izquierda no sólo salió tercera fuerza nacional en las PASO. Es parte de estos reclamos de los sectores populares que combinan una experiencia de organización y lucha con el peronismo gobernando el país y la provincia de Buenos Aires, con un acercamiento político a la izquierda. En El DiarioAr titularon uno de estos ejemplos “Yo era peronista, pero ahora cambié”: el crecimiento del trotskismo en el conurbano. También en mensajes y comentarios por la participación de Nicolás del Caño en el debate de TN de los candidatos de la provincia de Buenos Aires:
Se prepara un consenso del ajuste. A la izquierda, no hay ninguna pared: hay una fuerza política y social que está con los intereses del pueblo trabajador en todo el país. El 14 de noviembre, está la posibilidad de dar un mensaje a los grandes dueños del país y conquistar un bloque más fuerte de diputados y diputadas del Frente de Izquierda.

Jesica Calcagno
Nació en Buenos Aires en 1984. Licenciada y profesora en Sociología (UBA). Acreditada en el Congreso.