Ante los ataques discriminatorios a jóvenes de LGBTI en colegios católicos que saltaron a la luz pública esta semana, las profesoras debemos salir a exigir con más fuerza que nunca, educación no sexista para erradicar la violencia machista de raíz de todos los establecimientos educacionales del país.
Domingo 7 de mayo de 2017
El gran movimiento de mujeres que ha salido a las calles a nivel nacional e internacional a rechazar la violencia machista y a exigirle a los distintos gobiernos políticas que constituyan mayor resguardo de los derechos de la mujer, ha hecho temblar la tierra los últimos dos años. Esto llevó también a cuestionar no tan sólo el machismo en las calles, que se vive día a día, sino también uno de sus cimientos, la educación. En Chile la educación no sexista no se hizo esperar en ser parte de las demandas del movimiento estudiantil, como del movimiento de trabajadores de la educación.
La enorme fuerza de este movimiento tuvo repercusiones en que la sociedad comenzara a cuestionarse profundamente las formas en las que vivimos y nos relacionamos como tal, pero también ha dejado al descubierto quienes levantan y defenderán férreamente el machismo y el patriarcado. Es decir una especie de balanza más equilibrada entre los ataques machistas y homofóbicos que se reciben a diario a través de las instituciones, medios de comunicación, empresas y gobiernos de los empresarios y capitalistas, y, el rechazo y cuestionamiento de estos a través de la organización de miles de mujeres, jóvenes y trabajadores en las calles.
El reciente ataque a estudiantes de la diversidad sexual (LGBTI), el pasado mes de abril a través de un reglamento escolar en el Colegio católico Gandarillas de Maipú, es fiel reflejo de lo anterior. Y es que ante el inminente crecimiento de conciencia de las masas que comienza a despertar frente a los abusos del sistema capitalista, éste debe defender su hegemonía siendo la Iglesia uno de sus aliados. Como decimos, “la iglesia es la fortuna del capitalismo”.
El derecho que le dejó la dictadura a la Iglesia para poder lucrar con la educación, para así perpetuar su ideología machista, es lo que se manifiesta hoy en día en la mayoría de Colegios particulares subvencionados. Tanto así, que ante la respuesta del Mineduc y la superintendencia de Educación, el día Viernes 28 de Abril, con la entrega de orientaciones para la inclusión y una circular para resguardar el derecho a la educación de niñas, niños y jóvenes LGBTI a todos los sostenedores del país; La iglesia junto a la Federación de Instituciones de Educación Particular (FIDE) salieron a declarar que no descartan concurrir a tribunales para evitar la aplicación de éstas, interpelando al gobierno de no haberlos incluido en la decisión.
Sin embargo, dicha política emanada del gobierno, no queda más que en una simple respuesta mediática ante la problemática de la identidad de género, la discriminación y la violencia de género. En este contexto, como profesoras, nos cuestionamos cuál debería ser nuestro rol, cuál debería ser el de los estudiantes y apoderados ante estas políticas que nada resuelven.
En la circular del Mineduc, se asevera que: “Asegurar el derecho a la educación de niños, niñas y estudiantes, tanto en el acceso como en la trayectoria educativa, significa atender sus necesidades y diversidades personales y colectivas, creando espacios seguros y respetuosos de su dignidad que favorezcan el desarrollo integral”. ¿Cómo asegurar el derecho a la educación, respetando la dignidad de los jóvenes, o niños con identidades o sexualidades divergentes, si en la sociedad de conjunto, está arraigadísimo el machismo y la heteronormatividad patriarcal? ¿Cómo asegurar este derecho, si las concepciones de la iglesia, de la mano del capitalismo y el Estado, siguen teniendo peso en las políticas educativas? Es claro y seguro, que con simples declaraciones en circulares, no.
Como profesoras organizadas en la comisión de género de la Agrupación Nuestra Clase y en la coordinadora #Niunamenos, levantamos la exigencia de una educación no sexista junto a estudiantes, apoderados y trabajadores de la educación, organizándonos en comisiones de mujeres en los lugares de trabajo y de estudio para cuestionar y hacerle frente a las políticas misóginas, evidenciando toda la violencia machista y acabar con todos los tipos de violencia simbólica hacia las mujeres y la LGBTIfobia que ampara la moral de la iglesia.

Nuestra Clase
Somos la agrupación de trabajadores de la educación Nuestra Clase, de Chile. Quienes conformamos esta agrupación somos compañeras y compañeros independientes y militantes del PTR