Edward Gallardo (40) y Simón Bousquet (28) son dirigentes sindicales. Ambos pertenecen a la CUT; el primero como consejero nacional, y el segundo como dirigente de un sindicato base. Pero, a pesar de que son de generaciones distintas y de sectores diferentes, uno del mundo de los subcontratados de Codelco, director del Sindicato SCM, División El Teniente; el otro es presidente del Sindicato GAM, coinciden en que es necesario luchar para que la CUT sea realmente una herramienta de la clase trabajadora.

Juan Valenzuela Profesor de filosofía. PTR.
Miércoles 13 de enero de 2016
Sus experiencias previas también se diferencian: el primero, fue por años militante del Partido Comunista, luego se alejó de esta organización por no compartir el rumbo político que tomó de alinearse con la antigua Concertación formando la Nueva Mayoría y por su separación de los intereses de los trabajadores. Su vinculación al mundo sindical ya es extensa, siendo parte también del directorio de la CTC. Por su parte, Simón, es miembro de la agrupación de trabajadores Alternativa Obrera y parte de una generación de jóvenes dirigentes que ensayan sus primeros pasos en el movimiento sindical, pero que vienen con una energía y un ánimo transformador. Ambos, desde posiciones distintas, dan la pelea por refundar la CUT para que sea realmente una herramienta de los trabajadores y las trabajadoras.
¿Cuál es su relación y visión de la CUT? ¿Por qué son parte de ella y ven que el
Congreso que se inicia el 22 de enero es importante?
Simón: Nosotros estábamos recibiendo una serie de ataques antisindicales, y entendimos que era necesario tener injerencia en el organismo más grande a nivel nacional, y también tener un punto de presión y un punto de fortalecimiento dentro del sindicato que estaba muy aislado. Para nosotros sería muy importante que en el Congreso de la CUT se escuchara una voz de los trabajadores de las artes, en un contexto, por ejemplo, en el que el paro de la Dibam cumple 25 días de paro. Yo trabajo en el GAM. Muchos le dicen “el mall de la cultura”, ahí Bachelet puso muchas fichas, ahí llega “la creme de la creme” de la cultura nacional e internacional también; quienes trabajamos ahí somos muy diversos, tenemos a la gente de mantención, a gente que hace producción, a artistas, en mi caso soy informático. El trabajo allí es un trabajo de muchas caras, que no para nunca, ni siquiera el día domingo, siempre hay mucho que hacer dentro. El trabajo está enmarcado dentro de una gran precariedad laboral. Tenemos lo peor de ambos mundos que rigen las relaciones laborales entre los trabajadores y sus empleadores. Por ejemplo, nosotros tenemos más del 60% de aporte del Estado, razón por la cual no tenemos derecho a huelga. Pero por otro lado, nos rige el Código Laboral, porque se trata de una corporación de derecho privado que administra las platas que el Consejo Nacional de la Cultura, es decir, el Estado, le proporciona. Es precario, con una gran cantidad de trabajadores a honorarios, a los que de un día para otro no se les renueva el contrato. Además hay mucha sobrecarga. Por darte un ejemplo, el mismo equipo de trabajo que hoy maneja el Centro Cultural 1, va a tener que manejar también el 2, cuando se termine la segunda etapa del GAM. Eso ya se respira en el ánimo de la gente. La gente quiere una respuesta y tener algo desde lo cual respaldarse.
Edward: Bueno, nosotros reconocemos a la CUT como una herramienta de los trabajadores, como una herramienta histórica. Hacia finales de los 80, cuando la CUT vuelve a surgir, finalizando la dictadura, había esperanzas entre los trabajadores de que esta CUT iba a retomar la lucha de la anterior Central Única, con Clotario y los dirigentes de aquellos años. Pero eso no sucedió. En la década de 1990 lo que hizo la Concertación fue atomizar la lucha de los trabajadores y el movimiento sindical y de alguna manera eso se ha repetido hasta hoy. Por lo tanto cobra tal relevancia el poder participar en el Congreso Nacional de la CUT, aun más cuando este Congreso va a ser una preinstancia, para lo que se viene en agosto, que son las elecciones nacionales. En ese marco, es importante poder participar, en mi caso como consejero nacional, pero además como dirigente de base, porque tenemos muchas cosas que expresar y decir, nosotros como trabajadores, a propósito de lo que está sucediendo en el país, el descontento, la rabia. Los miles de despidos que ya se han hecho en la minería, los 3.000 que ya se anuncian para este año y que van a tocar a los contratistas. Queremos dar a conocer estas problemáticas a la propia Central como organismo sindical que nos rige, a los propios dirigentes que asisten desde todo Chile. Queremos que sea un eco que se replique a los trabajadores de este país. Vemos que cada día somos explotados, pero como decía Simón a propósito de la huelga de los trabajadores de Dibam, no somos escuchados. La Central tampoco hace eco de esa lucha y del descontento de los trabajadores. Hace unos días hubo un accidente allá en el sur, de unos trabajadores a temporada. Hay sindicatos de temporeros en la Central,pero no se manifiesta la voz de esos trabajadores de base que son tan precarizados. Es importante participar, entrar en la discusión y que hayan voces distintas a las que se expresan hoy en la CUT que son pertenecientes a la Nueva Mayoría, el PS, el nuevo PC y la DC que hoy dirigen la Central.
La CUT, ¿tiene algo que decir ante los grandes problemas del país?
Simón: Sí, es lo que está faltando. Nosotros hemos ido conociendo gente, por ejemplo a este movimiento, “los cabreados” de la ANEF. Los compañeros nos cuentan como dirigentes que llevan 20 años, y que siempre negocian lo mismo, las mismas pautas, vuelven a negociar esta vez, un porcentaje que es menos de la mitad de lo que querían los trabajadores, lo que en los hechos es un aumento de $300, algo realmente ridículo. Por eso nosotros creemos que esta central debería estar enfocada netamente en defender a los trabajadores, pero no sólo eso, también en unificarlos para transformarlos en una fuerza que sea capaz de organizar y garantizar resultados que los trabajadores a través de sus asambleas exijan. En la huelga de Dibam, algo que salía en la asamblea era la pregunta “dónde está Bárbara Figueroa, dónde está Arturo Martínez, dónde están los dirigentes de la gran Central de trabajadores o incluso los de la ANEF, que salen en la televisión y los diarios dando entrevistas, pero que en el momento de llevar una lucha larga de 20 días, contra los parlamentarios que no nos quieren escuchar, no están igual de presentes.” En este mismo contexto está reforma laboral. Los trabajadores sabemos que no representa nuestros intereses pues fue cocinada en el Senado con lobby. Con lobby tampoco vamos a conseguir nuestras demandas, sin salir a la calle y dar luchas. Nosotros en asamblea votamos la afiliación para luchar, para contar con un baluarte desde el cual defender nuestros intereses.”
Edward: Hay un contexto nacional que va desde temas tan relevantes como la reforma laboral, que se cocina por allí en algún pasillo oscuro, entre empresarios gobiernos y donde en cierto modo a participado la misma central. Cuando se me pregunta si es importante que la CUT diga algo, digo que efectivamente. Es importante que diga todo lo que no ha dicho. No ha dicho nada. No ha levantado la voz por los trabajadores. Muere Quichillao, y la CUT no llama ni siquiera a una pequeña movilización, a una jornada de protesta siquiera, y siguen sucediendo cosas, miles de despedidos en la minería, y la CUT no dice nada. Están hoy siendo golpeados los docentes, con despidos a nivel nacional, y la CUT no levanta la voz, por lo tanto, sí, efectivamente, la CUT debe pronunciarse por lo que es, por lo que representa o dice representar. Tiene una representación importante de los trabajadores de este país. Ese es el rol que debe jugar la CUT. No puede jugar un rol de cercanía, sonrisas más o sonrisas menos con los empresarios y con el Gobierno. El rol de la CUT es representar los intereses y las demandas de los propios trabajadores y en ese marco es que a mi modo de ver la CUT se ha quedado muy corta y no ha sabido dar cuenta de las demandas y exigencias que tenemos, incluso no ha propiciado mayor participación y mayor democracia en las decisiones.
¿Por qué entonces permanecer dentro de la CUT?
Edward: Por lo que ya te decía, la CUT es una herramienta de los trabajadores que nace a partir de una necesidad histórica de organizarse, de poder formar y construir un referente, que sea contraparte, que sea una voz que se enfrente al empresariado y a los gobiernos desde la perspectiva de la clase obrera.
Nosotros creemos que es posible recuperar la CUT. No es la CUT el problema, el problema es su dirección, la crisis es de su dirección. En ese marco se hace necesario unificarnos como base.
Acá hay trabajadores que forman alianzas paralelas, que no quieren saber nada de la CUT ni de la lucha que se puede dar dentro. Pero yo creo que ese es un error. Porque en definitiva lo que hacen es disgregarnos de tal manera que le dejan un espacio a las actuales direcciones en el que se pueden mover con mayor facilidad. Pueden hacer y deshacer a espaldas de la gran mayoría de los trabajadores. Nosotros creemos que hay que buscar esa unidad concreta, pero que pueda expresarse en luchas, en movilización y en paros. Pero también en torno a la orgánica propia de la CUT, para que en estas instancias, como el Congreso, los Ampliados Nacionales o como el proceso eleccionario que viene en agosto, en el que se va a elegir la nueva directiva de la CUT para los próximos cuatro años, se exprese la necesidad de querer cambiar las cosas dentro de la Central. O sino despotricamos y decimos muchas cosas por fuera, pero le seguimos entregando en bandeja la dirección a esos dirigentes que no representan fielmente los intereses de los trabajadores.
¿Ustedes ven que es posible impulsar instancias de unidad para enfrentar los
desafíos que tienen los trabajadores, el Código Laboral, los despidos en la minería, la precariedad laboral?
Edward: Mira, el pensar que todo el movimiento obrero y sindical está supeditado a un minúsculo grupo como lo es la Nueva Mayoría que dirige la Central, sería desconocer nuestras propias fuerzas. Hay una gran cantidad de trabajadores que pujan porque se exprese la voz de las bases que no se ven representados en aquellos que dirigen, el PS, el PC y la misma DC. Pero el movimiento sindical es muy diverso. Todos pertenecemos a la misma clase, pero hay tendencias dentro de la misma central tal cual está configurada. Existen tendencias que pueden marcar, sino un rumbo nuevo, al menos una nueva voz o una nueva opción de poder agruparse dentro de la Central para generar una corriente o un frente dentro de ésta, que sea distinto a lo que configura hoy la central. Hoy en día, podrán estar el PC, el PS y la DC, son partidos distintos, pero cuando tienen que actuar en bloque, en consonancia con el gobierno, lo hacen. También habemos sectores que creemos que no se trata de confianza en el parlamento y de ir a presionar a los senadores para que esto salga mejor, sino de confiar en nuestras propias fuerzas como clase obrera organizada. Hay que buscar la unidad de todos quienes pensamos esto.
La lucha de clases nos prueba siempre. Es ella la que nos muestra tal y cual somos. Durante el 2015, las direcciones tomaron un camino, por ejemplo, no yendo al funeral de Nelson Quichillao. No se unió a los trabajadores cuando hizo falta en la calle ante luchas concretas. Ya lo mencionaba Simón: las huelgas en sectores de trabajadores, lo que pasa con los profesores, en la minería. La lucha de los docentes no fue apoyada. Yo creo que ciertos dirigentes de la CUT van a tratar de tener un discurso muy pro-obrero ahora que vienen las elecciones, van a hablar de movilización, pero será la lucha de clases lo que los va a probar y será en aquellos momentos cuando se marque una diferencia entre los que se quedan en el discurso y quienes llevan las demandas hasta el final. Todos podemos discursear y estar incluso con los trabajadores, pero aquel que lleva las demandas hasta el final, pasando por encima de los patrones y el gobierno si hace falta es que podrá transformarse en un representante genuino de la clase obrera. Lo demás podrá quedar en un hito, una situación importante de lucha, pero no pasará de ahí.
Ahora hay que ponerse de lado de los profesores en lucha, por ejemplo la CUT debería sacar una declaración contra los despidos de docentes, a propósito de que también la presidenta de la Central es dirigente de los profesores. Hace falta convocar a una movilización, una lucha concreta, para poder parar aquellos despidos, y frenar los despidos en la minería y poder enfrentar todas estas crisis. Es necesario apoyar con fuerza a los mapuche, que están dando una lucha tremenda contra la represión y la criminalización en el sur del país. Si la CUT toma ese camino, bienvenido sea, junto a la clase obrera, como dije, en la diversidad de tendencias que puedan existir, lo que está bien. Sino se dará la misma situación, damos alguna peleíta, decimos “rompemos con el Gobierno porque nos traicionó, con la reforma laboral”. El presidente del PC podrá decir: “El PC estará con los trabajadores”. Pero la pregunta es ¿hasta dónde vamos a llevar aquella acción? ¿Hasta dónde llevaremos la demanda? ¿Hasta que nos sentemos en una mesa con gobierno y empresarios? ¿Hasta que el parlamento agregue alguna indicación? ¿O yendo hasta el final? ¿Llevaremos adelante, hasta el final, una Asamblea Constituyente pero en base a la movilización?
Simón: Tomando lo que dice Edward, esta central lleva mucho tiempo en una lógica, funcionando con dirigentes entre cuatro paredes, tomando decisiones. Eso es porque estos organismos que representan a los trabajadores, están construidos sobre una base que no permite una amplia participación de trabajadores, de franjas de trabajadores. Hay mecanismos engorrosos. Por ejemplo no es tema que la asamblea de base mande, que tenga delegados y capacidad resolutiva. Los métodos por los cuales se ha construido la Central excluyen a la gente que es de base, que va a la asamblea; le dan demasiada preponderancia a los dirigentes. Se dificulta de ese modo que puedan participar todos los sectores.
Según apareció en el diario La Tercera, el pasado domingo 10, existiría la intención, de bajar el número de consejeros nacionales de la CUT, de 60 a 45. Hasta ahora, nadie ha desmentido esa información. ¿Qué opinan ustedes de esa propuesta?
Simón: Es que la democracia misma que se vive dentro de la Central se parece más bien a la democracia con la que funciona el país: 4 años, un dirigente. No es una democracia propia de la vida sindical. Una vida sindical que para nosotros debería funcionar con delegados, que organicen, luchen y sepan hablarle a la gente y hablarles a los dirigentes. Necesitamos organizarnos en los lugares de trabajo también para parar una reforma que quiere sacar adelante la cocina del Senado y que va a tener injerencia para todos los trabajadores de Chile. Hay que decirle a esos dirigentes: actuemos en común, golpeemos juntos. Ellos tienen que hacerse cargo de que representan a miles de trabajadores en Chile, deberían hacer llamados, fortalecer la democracia y la participación dentro de la CUT. La unidad es necesaria. Recordemos que Chile es un país donde funciona el subcontrato que justamente nos quiere dividir. Todas esas cosas nos mantienen separados, si los dirigentes no unen y sí siguen votando a nombre de la base y las asambleas. La reducción del número de consejeros es coherente con todos estos modos de funcionar. ¿Cómo vamos a unirnos? ¿Cómo vamos a ganar ese 8% que quería el sector público? Hay ejemplos, como el paro del Registro Civil, de 39 días, ellos lucharon, con mucha democracia interna, aislados, con el gobierno y sin apoyo lograron pelear.
Edward: En el Congreso pasado se resolvió por la Central que hubiese 60 consejeros titulares, antes había 45 titulares y 15 suplentes en caso que algún titular fallara o tuviese imprevistos. El Congreso dijo que eran pocos los 45 y que los 60 debían ser titulares. Se votó así. “Faltaban manos”, por decirlo de alguna manera. A mí me parece raro que hoy día estén “sobrando manos”, cuando la demanda es mucho mayor, cuando hay más sindicatos afiliados, cuando se necesita articular más luchas y buscar unidad entre más trabajadores. Me parece que esto es parecido al binominal. Se quiere dividir en muy pocas manos, en muy pocos bloques, la dirección de la Central. Porque si quisieran una apertura y que sea representativa de más trabajadores, tendrían incluso que aumentar el número de consejeros nacionales.
Si se redujeran, me parecería nefasto, para las confianzas en la misma Central. Muchas veces se ha hablado de voto universal, pero en vez de ir avanzando hacia allá, hacia más democracia interna, se retrocede con decisionesque favorecen a los mismo de siempre, que pueden resolver por todo, suplantando a los trabajadores.
¿Qué mensaje dejan a los trabajadores?
Edward: El llamado es a la unidad de los trabajadores, el llamado es a afiliarse a la Central, pues si queremos cambios y que sea representativa, debemos generar un polo antiburocrático. La dirección de la Central no ha tomado las decisiones correctas. Para cambiar aquello, tiene que haber mayor participación. Aquellas voces que hoy día son disidentes, tendrían que afiliarse, participar, para que formemos un bloque que nos permita impulsar una política en directa relación con los intereses de los trabajadores, para no entregarles nuestras demandas a patrones, políticos corruptos y un gobierno que no está de nuestro lado. El llamado es a recuperar la CUT para las bases con independencia y autonomía real de gobiernos y empresarios que nos permita arrebatar todas nuestras demandas.
Simón: Todos los dirigentes y asambleas, los que vean la posibilidad de integrar la CUT, deben hacerlo, pues necesitamos participar con ellos, para tener una fuerza que nos permita detener los más de 20.000 despidos de la minería, los resultados de las negociaciones claudicantes. Hay que afiliarse para luchar porque la CUT sea una central que realmente represente los intereses de los trabajadores, no de los empresarios ni del gobierno. Y hay que exigirle a los dirigentes que lleven adelante la voz de lo que quieren las asambleas.

Juan Valenzuela
Santiago de Chile