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Bolivia

Tribuna Abierta. El 8 de marzo entre mitos y realidades, entre socialistas y feministas

Domingo 12 de marzo de 2017

Imagen: Las bolcheviques, las mujeres que sembraron la revolución rusa

Mitos y realidades sobre los orígenes del 8 de marzo

Los orígenes del 8 de marzo han hecho correr mucha tinta. Rara vez puede ser fechado con precisión el comienzo de un día histórico. La historia del 8 de marzo está cruzada por situaciones y hechos que muestran un escenario complejo y rico en acontecimientos marcados por la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la lucha por el sufragio femenino, las pugnas entre socialistas y sufragistas, y el creciente auge del sindicalismo femenino durante las primeras décadas del siglo XX. Esta historia se elaborará durante años con versiones míticas y reales. Incluso con cambios lexicales porque en ese recorrido ha perdido la palabra “trabajadora” de su cabecera que surgió con espíritu y concepción sindicalista.

Una primera versión sitúa el origen en la proposición de la revolucionaria alemana Clara Zetkin de un “Día de las Mujeres” adoptada en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en 1910 en Copenhague- Dinamarca. La propuesta fue aprobada unánimemente, sin fijar fecha alguna por más de 100 mujeres procedentes de 17 países.

En esta conferencia se condenó a las feministas burguesas por luchar por el voto universal restringido, sin tomar en cuenta a las mujeres proletarias y campesinas. Si bien las militantes socialistas reivindicaban el derecho al voto para todas las mujeres, su caballo de batalla se constituía en la lucha de clases. Así nace el “Día de las Mujeres” como una iniciativa socialista en una reunión claramente antifeminista (con relación al feminismo burgués) y no como una idea del movimiento feminista, muy activo en esa época.

Como consecuencia de la resolución adoptada en Copenhague, al año siguiente el 19 de marzo de 1911 un millón de mujeres se manifestaron en Dinamarca, Suiza, Holanda, Alemania y en otros lugares. Ellas lucharon por el derecho al voto y contra la guerra. Exigían el derecho al trabajo, un salario justo para vivir y educar a sus hijos. Rechazaban las guerras, reconocían como derecho inalienable de los pueblos el derecho a su autodeterminación y rechazaban que el Estado o la Iglesia se inmiscuyan en la vida privada de cualquiera. Esta versión echó raíces en una tradición de lucha de la clase obrera y en un marco internacional.

De esta manera, la idea de un “Día para la mujer” fue ganando terreno hasta el 8 de marzo de 1917, día en que las obreras de San Petersburgo sin tener en cuenta las instrucciones de los líderes de los partidos, solicitando el apoyo de los metalurgistas realizaron una manifestación pidiendo pan y el retorno de sus esposos del frente de batalla, este hecho fue el detonante del proceso revolucionario que culminaría en octubre de ese mismo año. La Unión Soviética instauró oficialmente en 1921, el 8 de marzo, como el "Día de las Mujeres” conmemorando el primer día de la revolución.
Otra versión pone en relación el 8 de marzo con el incendio de los talleres de la Triangle Shirtwaist Compagny de Nueva York acaecido un 25 de marzo de 1911, que causó 146 víctimas, todas mujeres y niñas. Este hecho suscitó interés por muchas reformas, entre ellas el sufragio femenino y la creación del Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles.

El mito del 8 de marzo de 1857 en Nueva York

Del partido comunista sale una tercera versión sobre el origen del 8 de marzo; para explicar porqué los países llamados comunistas honran a las mujeres ese día. En 1955 el periódico “La Humanité” de Francia cuenta con muchos detalles que el 8 de marzo de 1857 obreras textiles de Nueva York organizaron una manifestación por la jornada de diez horas, la supresión de las malas condiciones de trabajo y el reconocimiento de la igualdad del trabajo de las mujeres, la manifestación fue duramente reprimida, causando heridas y muertes. Esta versión mítica de los orígenes norteamericanos del día de la mujer se impondrá por más de 20 años sin que nadie se interese en verificar la verdad histórica, hasta que en 1977 las investigaciones realizadas por Liliane Kandel et Françoise Picq (1982) no encontraron ninguna huella del 8 de marzo de 1857 en los periódicos y documentos históricos de la época. En todo caso esta versión dejaba atrás la reunión de la internacional de mujeres socialistas en la antesala de una conferencia de la Segunda Internacional. Se trataba de oponer una lucha de mujeres trabajadoras a una celebración comunista de mujeres aunque se tuviera que anclar esta lucha obrera en un contexto americano.

8 de marzo después de la segunda guerra mundial

Regularmente festejado después de la segunda guerra mundial, el 8 de marzo, día internacional de la mujer se transformaría bajo la presión de la guerra fría. Primero, en “Día de las mujeres por los derechos de las mujeres”, que después se transformó en “Día de las madres por la paz”. Todas las estrategias de los partidos comunistas estuvieron dirigidas a este día conmemorativo: las consignas eran por la maternidad, los llamados a la unión y la lucha de la resistencia contra el nazismo. El 8 de marzo de 1948, fue precedido de incitaciones urgentes en la prensa comunista, “por la construcción para los niños de un futuro luminoso”. A partir de 1949, las consignas del 8 de marzo estuvieron orientadas hacia la preparación del “Congreso Mundial por la Paz” que tuvo lugar el mes siguiente. El 8 de marzo de 1953 se desarrolló enteramente bajo el signo de la muerte de Stalin. Desde entonces y por un tiempo el 8 de marzo quedó como “El Día Internacional de la Lucha por la Paz y la Felicidad de Nuestros Hijos” (Lanérès, 1994).

Por su lado, las mujeres socialistas festejaban igualmente el día internacional de la mujer, dedicado a la defensa de la paz, pero con menos brillo. Ellas se contentaban con recordar ese día en su periódico.

La celebración comunista del día de las mujeres se había vuelto muy tradicional y reaccionaria para la dirigente de la “Confederación General de trabajadores de Francia” Madelaine Colin, que deseaba volver a anclar el 8 de marzo en la historia de las luchas obreras, con sus propias consignas, para lo cual se referenciaban al hecho mítico de las obreras norteamericanas en 1857 y así presentar este día, bajo la nueva consigna de la lucha de las mujeres trabajadoras.

Mientras que el mito fue tomando forma, el día de la mujer se iba internacionalizando. Las feministas americanas en Francia que se habían enterado de los supuestos orígenes americanos, importaron la fecha a los Estados Unidos, siendo adoptada por los movimientos feministas de los años 70.

En América Latina, en 1930 en Uruguay las mujeres pertenecientes a los sindicatos realizaron actividades en solidaridad con los republicanos españoles un 8 de marzo. En Cuba y México se celebra un 8 de marzo de 1931 el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”. En las décadas de los años 30 y 40 diversas organizaciones femeninas de México, Chile, Uruguay y Venezuela conmemoraron también el 8 de marzo como el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”.

En 1975 coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas celebró el Día Internacional de la Mujer por primera vez, el 8 de marzo.

El 8 de marzo integra al movimiento feminista

Es en la década de los 70 que el 8 de marzo se integra al movimiento feminista, una vez mas a través del episodio no probado del 8 de marzo de 1857. Si las feministas adhieren a esa historia, es porque ella les permite distinguir el «Día Internacional de la Mujer» de la influencia soviética.

Emerge un nuevo feminismo con nuevas ideas inspiradas por: las feministas radicales de Estados Unidos del Movimiento de Liberación de la Mujer, conocido también por la abreviatura Women’s Lib, el pensamiento de Simone de Beauvoir en el “Segundo sexo”, una revisión del paradigma psicoanalítico, inspirando a las representantes de “la escritura femenina” y a la nueva izquierda que se interroga sobre las relaciones entre sexualidad y revolución (Schulz, citada por Michel, 2004).

A partir de estas diferentes corrientes el movimiento feminista europeo y norte americano elaboran su propio marco conceptual distinguiéndose del feminismo tradicional y de la izquierda. Esta posición se caracterizaba por la voluntad de inscribirse en una perspectiva revolucionaria que amplíe la reivindicación de la igualdad entre hombres y mujeres a la liberación de las mujeres del sistema patriarcal, a la abolición de las relaciones de poder en todos los ámbitos, comprendido el ámbito privado.

Las americanas lanzan la propuesta de convergencia de los movimientos de mujeres “la política del cuerpo” que transforma un hecho personal y privado en uno político y público a partir de la divisa “lo personal es político”. Esta divisa fue adoptada internacionalmente por los movimientos de mujeres y aún tiene fuerza de interpelación.

Las europeas, convergen alrededor de la lucha contra la criminalización del aborto. Esta lucha logra movilizar a las mujeres, constituyendo un verdadero movimiento social.

En Francia nacen dos movimientos, las feministas marxistas que hacen una interpretación histórico materialista de las estructuras de opresión de las mujeres. El segundo movimiento es el de psicoanálisis y política. Los dos grupos se juntan en 1970 para formar el “Movimiento de Liberación de las Mujeres” (MLF). Estas posiciones buscan ligar la crítica al capitalismo con la del patriarcado (Schulz .op.cit).

De las utopías puño en alto al cambio desmovilizador

En las décadas de los 80 y 90 irrumpen con fuerza en todos los países las teorías de género mas conocidas como “gender studies” (estudios sobre género). En algunos países de América Latina acompañan la aplicación de los ajustes estructurales y de algún modo sirven como colchón de amortiguamiento del costo social de esas políticas económicas.

En esos años el movimiento feminista se academiza y se institucionaliza, llega el tiempo de las políticas sociales de “equidad de género”, de los encuentros y proyectos de mujeres financiados por la ONU y de los programas de micro-crédito del Banco Mundial para las mujeres pobres, programas “oficiales” que conviven con las variadas iniciativas de grupos de mujeres que luchan por la autonomía.

Si bien la solidaridad de las mujeres entre sí, la conciencia de su opresión común, son aspectos que constituyen la fuerza del movimiento, los otros son ciertamente la orientación política, su capacidad de emprender batallas que ataquen a los mismos fundamentos de la opresión y ligar su lucha a la del conjunto de las clases desposeídas. Una parte del movimiento feminista no trata estos temas y se dota de una nueva terminología, así al proyecto político se le llama "agenda", en lugar de hablar de las divergencias políticas fundamentales que existen al interior del movimiento feminista y de confrontarlas en una discusión de principios y de planteamiento político, se habla de la "unidad en la diversidad" en un intento de borrar las diferencias de clase en las mujeres. La nueva terminología vacía de contenido político se vuelve desmovilizadora. Los movimientos de mujeres abandonaron la lucha en las calles y el 8 de marzo se conmemoraba en actos oficiales.

Las mujeres vuelven a estar en pie de lucha

El año 2000 desde Canadá salió una convocatoria internacional, el 8 de marzo de ese año en Ginebra-Suiza se lanza la “Marcha Mundial de Mujeres”, con la presencia de delegaciones de 157 países. La marcha se proclama anti-patriarcal y anti-capitalista. Sus reivindicaciones prioritarias son: a trabajo igual salario igual, legalización del aborto y derecho a la anticoncepción gratuita, respeto y aplicación de derechos para las lesbianas, derechos económicos, sociales y políticos para las inmigrantes “ilegalizadas”, poner fin a la violencia contra las mujeres, y por último anulación de la deuda de todos los países del tercer mundo y lucha contra las privatizaciones.

Hoy día

¿Cual es el valor del 8 de marzo hoy día? entre mitos y realidades los movimientos de mujeres reconocen la utilidad de esta celebración a través del mundo como un día de lucha para las mujeres por sus reivindicaciones y su liberación. Cuando hay movilizaciones fuertes de mujeres, la sociedad toma consciencia de ciertos problemas. Los años de lucha muestran que la perseverancia da frutos. Pero sin movilizaciones, sin movimiento de mujeres fuerte y visible, nuestras reivindicaciones retroceden en la lista de prioridades y las pocas conquistas obtenidas son puestas en tela de juicio o reducidas. Para resistir a una regresión de la situación y para mejorar el estado de las cosas, las mujeres tienen que mantener su compromiso con esperanza y determinación.

Referencias

Bravo Bolshia (2000). De las utopías puño en Alto al cambio desmovilizador.
VIII Encuentro de Feministas Latinoamericanas y del Caribe. Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2000/01/03/encuentro-otro.htm

Kandel Liliane et Picq Françoise (1982). Le mythe des origines, à propos de la journée linternationale des femmes 1ère publication : La Revue d’En face, n° 12, automne 1982 Source : http://www.archivesdufeminisme.fr/ressources-en-ligne/articles-et-comptes-rendus/articles-historiques/kandel-l-journee-des-femmes-le-mythe-des-origines/

Lanérès Catherine (1994). 1869-1994 Les femmes travailleuses dans le mouvement ouvrier. La Verité, supplément au n°8 (nouvelle série, n°614) Février.

Michel Christine, « Kristina Schulz : " Les années 70 ". Le mouvement des femmes en France et en Allemagne », Nouvelles Questions Féministes, 1/2004 (Vol. 23), p. 132-135.