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Red Internacional
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Crisis Migratoria. El Aquarius, la xenofobia y la Europa fortaleza

El gobierno xenófobo de Italia prohibió atracar en sus puertos a un barco con 629 inmigrantes a bordo. El Aquarius se dirige ahora hacia el puerto de Valencia. La crisis migratoria y el racismo institucional.

Josefina L. Martínez

Josefina L. Martínez @josefinamar14

Miércoles 13 de junio de 2018

Dentro del buque Aquarius, con más de 600 inmigrantes a bordo -entre ellos 123 menores, 11 bebés y 4 embarazadas-, se vivieron momentos de desesperación cuando el gobierno italiano cerró los puertos, una decisión que replicó Malta. Durante más de dos días el barco de refugiados se mantuvo en medio del Mediterráneo sin poder moverse, mientras las autoridades italianas se negaban a recibirlo. A bordo crecía la incertidumbre y empezaba a escasear la comida, haciendo la situación insostenible.

Con esta medida reaccionaria, el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, busca lanzar una pulseada a la Unión Europea, negándose a abrir los puertos a un barco repleto de inmigrantes, algo sin precedentes. Ante la magnitud de la crisis abierta, el gobierno español de Pedro Sánchez ofreció el puerto de Valencia para dar acogida a los refugiados. Lo que se abre es un nuevo capítulo de la crisis migratoria, que muestra las terribles consecuencias de las políticas racistas de la Europa fortaleza.

El barco de las ONG Médicos sin Fronteras (MSF) y SOS Mediterranée había zarpado desde Sicilia el pasado 8 de junio para responder al llamado de auxilio de botes de migrantes, que se multiplican en esta época del año. Entre la tarde y noche del 9 de junio, el Aquarius realizó varias operaciones de rescate. Un bote inflable había cedido, dejando en el agua a más de 40 personas que fueron salvadas en medio de la oscuridad y el pánico. Después se sumaron otros 200 inmigrantes y 400 personas transferidas por barcos de la guardia Costera italiana y otras embarcaciones. Con más de 600 inmigrantes a bordo, el barco informó que tomaba rumbo a Italia, pero se le prohibió arribar a destino.

Matteo Salvini de la Liga (continuación de la Liga Norte, partido de extrema derecha italiano) había prometido en campaña que iba a cortar drásticamente el ingreso de inmigrantes al país. Sus socios del Movimiento 5 Estrellas también incentivaron la xenofobia. Después de asumir el gobierno el pasado 1 de junio, esta es su primera medida de fuerza, iniciando una escalada con la UE alrededor de las políticas migratorias. El líder racista italiano celebró en su cuenta de Twitter que el barco fuera acogido por el gobierno español: “Victoria, primer objetivo logrado”, dijo Salvini. Ahora se prepara para continuar una pugna en la que está dispuesto a jugar con la vida de miles de personas. “Evidentemente, levantar la voz, algo que Italia no hace desde hace años, vale la pena", sentenció, con un discurso de espíritu ’trumpista’.

Las autoridades europeas se habían mantenido prescindentes durante los días previos, intentando desentenderse de la crisis abierta. El pulso de Salvini llega pocos días antes de la reunión que debatirá el 28 y 29 de junio sobre el reglamento de Dublín, que establece la responsabilidad de los Estados miembros de la UE en la acogida de refugiados. Allí se estipula que el primer país al que lleguen los refugiados y donde se registren sus huellas dactilares será el responsable de darles acogida, algo que afecta especialmente a Grecia, Italia y España.

Las regulaciones de Dublín entraron complemente en crisis durante el período más grave de la crisis migratoria en 2015, tras lo cual la UE estableció “cupos” de refugiados para repartir entre todos los países -cupos que están muy lejos de haberse cumplido, por otra parte-. El grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) rechaza esas propuestas, polarizando por la derecha y estableciendo de hecho el cierre de fronteras, una avanzada xenófoba que generó un dominó de políticas restrictivas a la inmigración en varios países y que ahora es reforzada por el nuevo gobierno de Italia.

Pero ante la exacerbación de lo peor de la xenofobia, representada en este momento por el gobierno de Italia, Austria y los países del Este, no podemos olvidar que las políticas de racismo institucional han sido promovidas todos estos años por el conjunto de la UE. Mientras con una mano da acogida a miles de refugiados, con la otra acelera los mecanismos para expulsar a decenas de miles de inmigrantes sin papeles o encarcelarlos en los CIEs.

En el Estado español, la decisión de Pedro Sánchez de recibir a los refugiados ha sido celebrada como un gesto que lo diferencia de las posiciones sostenidas por el PP, quienes rápidamente salieron a decir que la medida era “peligrosa” por el “efecto llamada” que podía generar. Aún así, la propuesta de Sánchez no cambia el hecho de que los gobiernos del PSOE han implementado gran parte de las medidas xenófobas del Estado español contra los inmigrantes, empezando por la creación de los CIEs, la utilización de concertinas en las vallas y las restrictivas leyes de extranjería, políticas Sánchez no está dispuesto a cambiar.

En el año 2017, 3.115 inmigrantes murieron en la tumba del Mediterráneo, una cifra que ha crecido desde que la UE firmó el pacto xenófobo con Turquía y 785 personas han muerto intentando cruzar el Mediterráneo solo en lo que va de este año. En el Estado español, durante el año pasado ingresaron 28.572 personas sin papeles y hubo 18.794 detenciones. A su vez, se pusieron en marcha 21.834 expedientes de expulsión y 20.672 órdenes de devolución, concretándose 9.326 deportaciones, la mitad de ellas directamente desde los CIEs.

Para terminar con la xenofobia institucional no alcanzan los buenos gestos o políticas parches: hay que derogar las leyes de extranjería, legalizar a todos los inmigrantes sin papeles y cerrar los CIEs, esas verdaderas cárceles para inmigrantes. Solo así se podrán empezar a desarmar los cimientos de los muros y las vallas de la Europa fortaleza.


Josefina L. Martínez

Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.

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