A finales de agosto el congreso oaxaqueño aprobó reformas que reconocen el derecho al matrimonio igualitario y a la identidad de género. Hoy el congreso de Oaxaca discute lo que por derecho también nos corresponde: la despenalización del aborto.
Cristina Sol Estudiante de Derecho Internacional, Universidad Autónoma del Estado de México
Sábado 21 de septiembre de 2019
El 28 de agosto pasado, tras horas de sesionar en el Congreso y con 25 votos contra 10, los legisladores en Oaxaca aprobaron las reformas al Código Civil del estado, que reconocen el derecho al matrimonio igualitario y a la identidad de género.
Tres semanas después, diputadas del Morena en el congreso oaxaqueño, presentaron al pleno una propuesta de reforma constitucional para la despenalización del aborto en el estado.
Una de ellas, la diputada del Morena Laura Estrada Mauro, aseguró que su partido ha sido el impulsor de estas reformas en el Congreso, cosa que oculta las movilizaciones de organizaciones de mujeres que la semana pasada exigieron la despenalización del aborto.
Cabe preguntarse, ¿hasta dónde las creencias de López Obrador y sus amistades evangélicas influyen en el avance que han impulsado otras militantes del Morena en torno a este tema?
Nuestras vidas no pueden esperar más a llevar maternidades no deseadas, a padecer o morir en manos de la clandestinidad, ni a ser encarceladas y criminalizadas.
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De acuerdo con información del Servicio de Salud y el INEGI, tan sólo en Oaxaca se realizan más de nueve mil abortos, siendo esta la tercera causa de mortalidad materna.
Se tiene que subrayar que son las mujeres pobres quienes padecen la clandestinidad y arriesgan su salud y sus vidas a condiciones insalubres. Sólo quien cuenta con recursos puede viajar para poder ejercer el derecho a decidir sobre su cuerpo y realizarse un aborto legal sin el menor riesgo.
El reconocimiento pleno de estos derechos, sin duda, representaría una conquista para las mujeres y la comunidad sexodiversa, pero líderes religiosos, como el arzobispo Pedro Vázquez Villalobos, consideran que el poder de una mujer para decidir sobre su cuerpo resulta mucho más "abominable" que los cientos de miles de muertos por la guerra contra el narco.
En una nota para el diario Milenio señaló que: "¿Nos horroriza también que se haga pedacitos un cuerpecito de un ser que tiene derecho a vivir? Decimos que quitarle la vida este señor, señora o joven fruto dizque del crimen organizado, es un asesinato abominable y ¿el aborto no es asesinato? Yo creo que es más abominable, porque es contra un ser que no puede defenderse".
La moral eclesiástica se traduce en el horror por la práctica del aborto, mientras el sumo pontífice de la iglesia católica admite que aún perduran los clérigos que violan niños y mantienen a las monjas como esclavas sexuales.
En la tierra donde dios nunca muere, pero sí matan muxes y personas de la comunidad sexodiversa, logramos arrancarles estos derechos. Pero esta conquista, que hoy les arrancamos con la mano izquierda, si no nos organizamos para defenderla, mañana querrán arrebatarla con la mano derecha. Además, la conquista del movimiento de mujeres, debe ser tan firme que se conquiste ya nacionalmente.
La laicidad ante la ley, no es laicidad ante la vida
No les conocemos las caras, pero deciden sobre nuestras vidas todos los días. No tendríamos que luchar por lo que por derecho nos corresponde. El debate de la legalización del aborto no debe verse aludida por la moral, ni la religión, puesto que su despenalización responde a un problema de salud pública.
De modo que nunca nos han regalado nada: la lucha de nuestras abuelas nos dio el derecho al voto, la jornada laboral de 8 horas y derechos laborales, la organización de nuestras madres nos permitió el derecho al divorcio y uso de anticonceptivos, ahora para que nosotras logremos conquistar el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos plenamente e interrumpir un embarazo de manera legal, libre, segura y gratuita necesitamos organizarnos en nuestras escuelas, en nuestros centros de trabajo y en nuestros barrios.
Es necesario agruparnos de manera independiente al gobierno y las instituciones, para que estudiantes, madres, amas de casa, profesionistas, lesbianas, travestis, indígenas, pueblos originarios, bisexuales, trabajadoras, transexuales y la comunidad sexodiversa junto con nuestros compañeros salgamos a tomar las calles con la fuerza de un solo puño.
Este 28 de septiembre a las 15:00 horas en el Monumento a la Madre. Porque no queremos a #NiUnaMenos por abortos clandestinos y porque merecemos el pan, pero también las rosas.
“No hay que olvidar que cada derecho que hemos conquistado ha sido arrancado uno a uno de este sistema patriarcal.”
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