El Ministerio de Interior anunció que desde febrero o principios de marzo comenzaría el proceso de desmantelamiento de las concertinas, sin embargo, todavía no se ha dado ningún paso al respecto más allá del trámite de elaboración del proyecto.
Jaime Castán @JaimeCastanCRT
Martes 2 de abril de 2019
Imagen de archivo
Fernando Grande-Marlaska, ministro de Interior, planteo retirar las concertinas por unos medios "menos cruentos" que garanticen "igual o más seguridad" en la frontera, teniéndose previsto iniciar en la última semana de febrero o la primera de marzo su sustitución. Según han informado fuentes del Ministerio a Europa Press, todavía no se ha empezado el proceso, bajo el argumento de que todavía tienen que estudiar cómo se va a llevar a cabo la sustitución.
Este estudio que tendría el objetivo de modernizar la frontera ha sido encargado a la empresa pública Ingeniería de Sistemas para la Defensa de España (ISDEFE) y al no estar finalizado, ni siquiera está adjudicada todavía la empresa que se encargará de retirar las cuchillas de las vallas. En consecuencia, aunque el proyecto de retirada se prevé que se efectué en 2019, con las elecciones el próximo 28 de abril, el proyecto queda en el aire.
La situación viene a demostrar, una vez más, la impostura de un Gobierno del PSOE que en ningún momento se plantea dar un cambio radical a situaciones que, como en este caso, son de flagrante necesidad. Su discurso “progresista” se apoya en “gestos” que contrastan abiertamente con la realidad. No olvidemos que fue en 2005, durante el gobierno del PSOE de José Luís Rodríguez Zapatero, cuando se colocaron las concertinas en la valla. Las mismas concertinas que han mutilado a miles de personas migrantes que han tratado de cruzar la frontera, priorizando el mantenimiento de la seguridad fronteriza frente a las vidas de las personas.
Grande-Marlaska señala de hecho que tampoco se van a retirar las concertinas de todas las zonas fronterizas (en el caso de que se retiren en algún momento), solo se retirarían las de "las zonas más vulnerables", es decir, las que han sido objeto de mayores intentos de salto. La alternativa será elevar un 30% la altura de la valla precisamente en esos puntos más sensibles a los saltos hasta situarla en los 10 metros, al tiempo que se coronará con elementos que dificultarán el salto, pero supuestamente sin ser "lesivos".
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El tema de las políticas migratorias está en la agenda política doméstica, europea e internacional. Tanto que fue uno de los ejes de la entrevista que Jordi Évole le hizo al Papa Francisco. En la conversación con el periodista Bergoglio se mostró crítico con las concertinas y la política inmigratoria del Gobierno, a lo que desde el PSOE se ha respondido a la defensiva. El secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, incluso ha reivindicado la posición del Gobierno en la cuestión de los rescates de personas en el Mediterráneo, ante las críticas por el caso del barco de rescate de la ONG Proactiva Open Arms, que todavía sigue paralizado en Barcelona. Del mismo modo Grande-Marlaska ha respondido con el tema de las concertinas, comentando el proyecto de su retirada.
El presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Vivas, del PP, ha resaltado en esta polémica la importancia de las concertinas para la “seguridad” y que son “elementos disuasorios”. Está claro que la posibilidad de ser brutalmente mutilado es un elemento disuasorio, pero desde luego, difícilmente justificable.
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El Papa puede criticar la inhumanidad de estos métodos brutales y las políticas migratorias, dentro de su retórica cristiana, pero lo hace sin cuestionar en modo alguno las lógicas sociales, económicas y políticas que están detrás. Esto al mismo tiempo que considera “enfermos” a las personas que no se ajustan a la normativa heterosexual o niega derechos a las mujeres, como el aborto, llamándolas “asesinas”, y podríamos continuar.
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El PSOE por su parte, viene a justificar o a legitimar su política migratoria de una forma parecida, alegando que su política migratoria es mejor que la de otros países europeos (algo que en la “Europa fortaleza” de los Salvini y otros gobiernos xenófobos y reaccionarios, no es muy difícil tampoco). O como ha planteado Grande-Marlaska, "queremos tener una frontera del siglo XXI y no del siglo XVII”, es decir, una frontera que sea más efectiva en su control, más moderna tecnológicamente y que, a poder ser, no esté basada o no tanto al menos en la mutilación y la muerte de las personas. Un discurso que, aunque adornado con algún elemento retórico, sigue siguiendo el de la “seguridad” y el “control migratorio” típico de esta reaccionaria y racista “Europa fortaleza”. Es decir, dentro de las lógicas de un sistema capitalista que no genera más que miseria, violencia y migraciones.
Cuando José Luís Ábalos justifica la política del Gobierno en relación a la migración, diciendo que su “ámbito de responsabilidad no es mundial”, parece olvidar no sólo ámbitos que sí son directamente su responsabilidad, como es la valla de Ceuta y Melilla, pero también la racista Ley de Extranjería, los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) o las situación de opresión y precariedad que viven las personas migrantes en el Estado español; sino también el papel que el propio Estado español y sus multinacionales tienen en el escenario político internacional.
Nada puede esperarse de este Gobierno del PSOE, ni siquiera de un posible futuro Gobierno presidido de nuevo por Pedro Sánchez en coalición con Unidas Podemos o de la manera en que sea, en un escenario de inestabilidad política, como es el que vivimos, y donde la lógica de estos partidos queda subordinada al discurso del “orden” y de la “seguridad” tan típico de la Unión Europea y la emergencia de la extrema derecha.
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