A días de las elecciones , la inflación de septiembre ya superó la previsión del oficialismo para todo el año. Si alcanza el 23 % se puede discutir el uso de las cláusulas gatillo firmadas en los acuerdos paritarios.
Martes 17 de octubre de 2017 10:07

Este mes se conoció la cifra de la inflación de septiembre que fue de 1.9 %, que anualizada podría llegar al 23%, 6 puntos más arriba de lo que esperaba el gobierno.
Este dato preocupó al establishment, que más allá del espaldarazo que le dio al gobierno en el coloquio empresarial Idea, ya está pensando en cómo seguir después de octubre.
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El alza en la inflación no es sólo un problema coyuntural, ya que el gobierno quería mostrar una inflación de un 1 % a días de las elecciones, sino que presenta un problema a futuro. Varios sindicatos firmaron las paritarias de principio de año con una cláusula gatillo que determinaba que si la inflación superaba lo firmado para los salarios, se renegociaría automáticamente un plus.
Si bien el gobierno espera patear la discusión salarial para después del 22, el objetivo más a largo plazo de Cambiemos era negociar paritarias para el año que viene de alrededor del 15%, cifra que no estaría dispuesto a ceder.
El problema radica en que el año que viene no sólo tendrá que negociar la recomposición salarial (ya que desde que asumió Macri los salarios retrocedieron en un 6%) sino todas las reformas laborales que piden los empresarios. Es decir, más precarización laboral, eliminar contratos colectivos de trabajo, cláusulas por productividad, etc.
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Si bien es cierto que la dirigencia sindical, sentada fraternalmente con los empresarios en el coloquio Idea, desde que asumió Cambiemos le garantizó una tregua criminal, quizás se les haga más complicado seguir con la traición abierta firmando paritarias a la baja más toda la reforma laboral en un mismo paquete.
El empresariado entiende este problema por eso ve con el ceño fruncido que el gobierno no pueda controlar la inflación.
El gobierno y los empresarios por ahora respiran tranquilos en la seguridad de un buen resultado el domingo, pero después de las elecciones y del entusiasmo del momento, el país real (y todas sus contradicciones estructurales) puede emerger y estallarle en la cara a un empresariado envalentonado por triunfos momentáneos.
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