Después de 23 años se corrió el GP en la ciudad de México, resultando un gran éxito económico y organizativo en donde Checo Pérez no ganó, pero jugó un rol fundamental

Raúl Dosta @raul_dosta
Jueves 5 de noviembre de 2015
La carrera de la máxima competencia mundial automovilística regresó a nuestro país de la mano de la familia más poderosa del empresariado mexicano. Desde hace un par de décadas Carlos Slim Jr., junto a algunos familiares y amigos cercanos se dedican a impulsar uno de los grandes hobbies que su calidad de niños ricos les permite, dada la ingente cantidad de dinero que este deporte de elite requiere para desarrollarse, y han participado en todos los niveles desde go-karts, turismo, rallis, motociclismo e incluso llegaron a incursionar en motonáutica.
Tener un equipo en la Fórmula Uno requiere de mucha inversión, básicamente con acuerdos publicitarios, para apuntalar a las fábricas automotrices que desarrollan prototipos para competir, entre las que destacan Mercedes Benz, Ferrari, Honda, y a las escuderías de tradición como Williams, McLaren y Lotus.
Así, de la mano de las marcas Telmex y Claro, propiedad de Slim, pasó Sergio Pérez por las escuderías Sauber, McLaren y ahora maneja para Force India. Menos afortunado, Esteban Gutiérrez fue llevado a Sauber y el próximo año reaparecerá con la nueva escudería estadunidense Haas.
Finalmente, este respaldo ha logrado la inserción de dos pilotos en la categoría máxima del automovilismo, que era un ingrediente fundamental para traer el GP a nuestro país aprovechado por un coctel de empresarios encabezado por la empresa CIE, dedicada a la organización de grandes eventos.
Checo Pérez, la gran figura… publicitaria
Tal como declaró previo a la competencia, se trató de la carrera de su vida, no por el previsible octavo lugar, sino por el uso de su imagen por los patrocinadores, los hombres fuertes de la F1 y hasta Miguel Ángel Mancera quienes acudieron a sacarse la foto con el hombre del día, aclamado por los 132 mil asistentes al evento.
Mancera, quien no desaprovecha oportunidad para promoverse mediáticamente, ha sido uno de los principales promotores del regreso del GP de México, no reparando en gastos sin importarle que la delegación Iztacalco, donde se encuentra el autódromo, lleve dos meses sin servicio de agua potable, como denunció un grupo de vecinos y por supuesto, el gobernador del DF acudió a la zona de arrancada a colgarse del cuello de Sergio.
Gobierno Aportador
Por otra parte,Enrique Peña Nieto no quiso arriesgarse a los abucheos de algún sector del púbico que no olvida a los 43 de Ayotzinapa y no apareció públicamente, como sí lo hizo Felipe Calderón quien se tuvo que tragar los gritos de “¡asesino!”, que le endilgaron por los miles de muertos de su “guerra contra el narco”.
Pero el gobierno federal fue un activo facilitador del evento a través de la Secretaria de Turismo, entregando, mediante la figura de coinversión, a la empresa CIE una aportación de 44.2 millones de dólares que es parte de los 213.3 millones de dólares, más de 3 500 millones de pesos, que el gobierno se comprometió a dar durante los cinco años que dura el contrato con los dueños de la Fórmula Uno, para traer el “gran circo” a nuestro país.
Los beneficiados por este negocio, empresas de publicidad, tv, hotelería, atracciones turísticas y de la construcción, se llevarán al final de estos cinco años ganancias netas estimadas por el gobierno en2,000 millones de dólares, creando, según éste, 18 mil nuevos empleos. Los cuales son efímeros, pues la gran mayoría ya fueron liquidados en el año que llevó la remodelación del Autódromo Hermanos Rodríguez y los quince días de la organización del evento en sí.
¿Y la carrera?
En una magnífica pista alabada por pilotos y escuderías, la cual permitía alcanzar 360 Km por hora y al mismo tiempo obligaba a utilizar toda su pericia a los conductores por sus curvas y que provocó despistes y trompos en las prácticas, la escudería Mercedes reafirmó su hegemonía de los dos últimos años.
Lewis Hamilton ya coronado campeón desde la pasada carrera en Austin, EE UU, le cedió la posta a su compañero Nico Rosberg, quien lideró la carrera de principio a fin, asegurándose prácticamente el subcampeonato debido a la mala fortuna de Sebastián Vettel, quien es el único que les hace sombra y que tuvo un roce en la arrancada, un “trompo” a media carrera y se estrelló finalmente contra un muro de contención en su afán por avanzar posiciones.
Los ojos del público estaban en Checo Pérez, cuya escudería, Force India, sólo le pueden dar un auto de media tabla y apenas si pudo avanzar un lugar de la posición en que arrancó. Lo cual es un logro pues en afán de proyectarlo hacia adelante la escudería apostó a su habilidad de manejo del auto y que corriera con una sola parada en pits, y ganar así unos segundos contra la gran mayoría de los que hicieran dos o más paradas. Pero esta táctica no rinde frutos cuando algún accidente obliga a colocar banderas amarillas, como sucedió ayer al impactarse Vettel. A pesar del resultado Pérez sigue confirmando su calidad como piloto, demostrando que el año pasado no era él sino el auto proporcionado por McLaren el factor determinante de la campaña mediocre que tuvieron.
Volvió el GP a nuestro país y los sectores de clase media acomodada y de mayores ingresos pudieron darse el lujo de ser parte de toda esa parafernalia que ponía como tope a la gente de bajos recursos los precios de entrada donde el más barato era de 1 500 pesos y los mejores sitios costaron 18 750 pesitos nada más. La gran mayoría nos tuvimos que conformar con ver la transmisión bastante improvisada de Televisa deportes, desde donde se podía apreciar un escenario imponente con 132 mil espectadores sentados, cifra record entre los Grand Prix del mundo.