El último barómetro del CIS escenifica un PP que se mantiene, un PSOE que se ve en el abismo y a Unidos Podemos saboreando su sorpasso fuera de urnas.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Lunes 7 de noviembre de 2016
Foto: EFE
Ayer lunes se hacía público el informe presentado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que incluye datos de estimación de votos, voto directo y opiniones sobre situación política y económica.
El informe se realizó entre el 1 y el 10 de octubre, es decir, en pleno terremoto en Ferraz tras el "golpe de mano" del sector de Susana Díaz que finalizó con la renuncia de Pedro Sánchez como Secretario General del partido, y antes de la segunda sesión de investidura en la cual de forma ya definitiva el grupo socialista a través de la abstención otorgaba el gobierno a Mariano Rajoy.
El sondeo, hecho público durante la tarde de ayer, arroja tres titulares significativos. Que el Partido Popular mantiene músculo electoral; que el PSOE atisba por primera vez su futuro; y que Podemos alcanza el ansiado sorpasso, por ahora, fuera de urnas.
Si bien la coyuntura de estos últimos meses ha estado marcada por la crisis histórica del Partido Socialista, no han corrido mejores días para el Partido Popular. Sin ir más lejos, las fechas de elaboración del sondeo coinciden con los juicios del caso Gürtel y el relacionado con las tarjetas opacas de Caja Madrid.
La fortaleza electoral del PP no debe disimular las debilidades por las cuales atraviesa la formación conservadora. Desde las elecciones del 2011 han dejado de votarles más de 3 millones de personas. Al mismo tiempo, en el plano institucional ha accedido al gobierno tras dos elecciones, cuatro sesiones de investidura, una mayoría simple y un coste enorme para el Régimen del 78 como es la estocada al PSOE.
De hecho, adentrándonos un poco más en profundidad en la encuesta del CIS, se observa como Rajoy es, con un 2,97 de puntuación, el líder político peor valorado. De igual modo en la intención de voto directa el PP se mantiene, pasando de un 19,4% a un 19,6%.
La profunda crisis de gobernabilidad y representatividad del Régimen le ha tocado "pagarla" en primera instancia al Partido Socialista, pero no hay motivos aparentes para no pensar que a corto plazo, y más con las políticas austericidas que están por llegar, no le llegue su turno al Partido Popular.
Por su parte, el PSOE vuelve a ser protagonista. Por todos es conocido a estas alturas los esfuerzos que el sector de Susana Díaz, con la gestora del partido como mera ejecutora, está llevando a cabo para retrasar lo máximo posible el Congreso del partido.
En su momento no quisieron que la militancia y las bases socialistas votaran sobre la abstención al gobierno de Rajoy. Del mismo modo, actualmente, no quieren que la militancia y las bases socialistas expresen su opinión sobre la abstención definitiva de la sesión de investidura. Al menos no en "caliente".
La hoja de ruta es clara, que pase el tiempo, que la militancia olvide la "cacicada", que el PP vuelva a ser el "malo malísimo", y así la rosa volverá a florecer. Parece algo complicado que los pasos se den así. No hay que olvidar que Rajoy y su gobierno deberán sacar adelante el paquete de recortes más duro hasta el momento, y para ello será necesaria la colaboración, sin titubeos, del partido socialista.
Lo que hasta ayer eran análisis de la debacle del PSOE en términos hipotéticos, hoy se van solidificando. El sondeo del CIS muestra una caída de más de 6 puntos en estimación de voto, respecto a las elecciones del 26J, pasando del 22,7% al 17%. Sería un nuevo suelo histórico y dejaría a la fuerza socio-liberal como la tercera fuerza en el Parlamento. Además, los datos se recopilaron entre el 1 y el 10 de octubre, en pleno terremoto, pero sin la abstención definitiva. Lo cual pronostica un resultado aún peor.
Recuperar el vuelo parece una tarea difícil para los socialistas. No parece haber manos suficientes para achicar agua. La crisis interna se mantiene abierta. Los diputados díscolos (los que votaron "no" a Rajoy en la sesión de investidura) ya saben que recibirán una sanción económica que puede ascender hasta los 600 euros y aún sin descartarse consecuencias políticas, como el abandono del acta de diputado.
Por la "periferia" Sánchez sigue su camino. Con su antiguo gabinete de prensa, mantiene su intención de seguir sumando votos entre la militancia mediante actos con diferentes entidades socialistas, para prepararse de cara al Congreso que elija nueva ejecutiva.
La otra cara de la moneda se la lleva la coalición electoral reformista Unidos Podemos. Según el CIS, la formación liderada por Pablo Iglesias aumentaría en poco más de 2 puntos su estimación de votos, alcanzando un 21,8%, además del segundo puesto como fuerza política en el Congreso y de este modo el ansiado sorpasso.
Este, no obstante, llega en forma de encuesta, no de elecciones, por ahora. De este modo se sitúa virtualmente, como de facto lo es tras la abstención del PSOE, como oposición del gobierno de Mariano Rajoy.
De forma más "fina", el sondeo nos deja otro dato revelador y es que la coalición conservadora tan solo recogería un 5,5% de los votos del Partido Socialista. La mayoría de los votos que los socialistas perderían se reparten entre el "no votaría" con un 12,3% y el 20,1% de "no sabe".
Actualmente, Podemos se bate internamente entre la línea de Pablo Iglesias, asentada en un mayor apoyo de Garzón y Anticapitalistas, que busca un viraje hacia la "calle" y la protesta como mecanismo de presión para seguir conquistando posiciones en "palacio", y la táctica de Errejón y los suyos, que apuesta por una integración aún mayor en el Régimen. En ambos casos se busca enfrentarse a este Régimen corrupto a través de una salida reformista.
Por su parte, Ciudadanos se consolida como ese partido bisagra. Alcanza el 12,8% de estimación de votos, 0,8% puntos por encima que anterior barómetro del CIS, en julio de este mismo año.
Además lo hace con su líder, Albert Rivera, como el segundo líder mejor valorado tras Alberto Garzón, con un 3,69 de nota.
¿Qué alternativa tenemos los sectores oprimidos?
Parece claro que el Régimen del 78 cerró una crisis importante por arriba, pero su coste ha dejado muchas fracturas. Un Gobierno con el apoyo más débil del Congreso desde 1977 y la pata socio-liberal, fundadora y valedora de esta democracia corrupta, en caída libre.
Para la clase trabajadora, las mujeres, la juventud, los inmigrantes y todos los sectores explotados y oprimidos, Unidos Podemos plantea una reforma del Régimen. Acabar con la casta política e iniciar una serie de medidas "democratizantes" del sistema político y económico español.
Pero ¿qué alcance pueden tener estas medidas? Sin un cuestionamiento a la monarquía, al ejército, al propio Congreso, es imposible avanzar en un programa político que realmente apueste por impulsar medidas necesarias para que la crisis la paguen los capitalistas.
Ayuntamientos del cambio, como los de Madrid o Barcelona, han demostrado en numerosos casos (‘manteros’, huelga TMB, Movistar, remunicipalizaciones abandonadas...) que es imposible desarrollar hasta el final las medidas sociales, políticas y económicas necesarias dentro del respeto a la legalidad burguesa. Lejos estuvieron de utilizar los espacios conquistados en las instituciones al servicio de la movilización en las calles, y sí al servicio de pactar y gobernar con el PSOE.
Es por ello que se hace necesaria levantar una alternativa política que luche, no por una reforma de este sistema a través de medidas "democratizantes", sino por un proceso constituyente que pelee hasta el final para que los capitalistas paguen la crisis.
Solo de este modo se podrá avanzar en conquistas como el derecho de autodeterminación, en el fin de la monarquía, del Senado, de la corrupción en la política, de las puertas giratorias, con el pago de la deuda, etcétera.
Es por ello necesario levantar un programa que luche por la nacionalización de los sectores estratégicos, porque los políticos cobren como un maestro, por el reparto de horas para acabar con el paro, por la educación gratuita y pública, que no tenga nada que perder y sí todo por ganar.