El 80% de desaprobación que carga como lastre Peña retumba en el PRI. Disputa interna, a niveles no vistos en décadas.

Pablo Oprinari Ciudad de México / @POprinari
Miércoles 26 de julio de 2017
Se acerca la XXII Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional, prevista para el próximo 12 de agosto. Y crece la incertidumbre ante el peligro de división.
Su Comité Ejecutivo Nacional retrasó las mesas de discusión; originalmente programadas para el 4 y 5, se pasaron al 9 y 10 de agosto. El argumento fue propiciar “mayor participación”, pero nadie duda que se debe a la intensidad de la confrontación interna. En esas mesas se discutiría, previo a la Asamblea, los estatutos del tricolor y en particular el método de selección de candidato: la manzana de la discordia priista.
La corriente Alianza Generacional, agrupada en torno a la ex presidenta del PRI y ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, reclama que la selección de candidato para el 2018 se base en la “consulta a las bases” del partido. 18 asambleas estatales ya se pronunciaron por modificar en ese sentido los estatutos.
Son animadores de esta partida Manlio Fabio Beltrones y Ulises Ruiz, quien como gobernador fue responsable de la represión contra la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, en el 2006.
Del lado del Comité Ejecutivo Nacional, encabezado por Enrique Ochoa Reza, el incondicional de Enrique Peña Nieto, propusieron suprimir los requisitos de 10 años de militancia y haber ganado un puesto en elecciones, necesarios hasta ahora para ser ungido candidato presidencial.
Quien manifestó esta intención recientemente fue Cesar Camacho, coordinador priista en la Cámara de Diputados y fiel operador del presidente.
Para muchos, el objetivo es claro. Ante la desgracia en que cayeron otros “favoritos” de Peña, quieren despejar el camino de la candidatura para el Secretario de Hacienda y Crédito Publico, José Luis Meade. Esto no será bien visto por los opositores y puede llevar al cisma.
Rescatando al PRI
La desaprobación de Peña Nieto y el desgaste que sufre el PRI, cruzado por escándalos de corrupción que nunca se acaban, es el telón de fondo de esta disputa. Los de Ortega y Beltrones cargan fuerte contra Ochoa Reza.
Esgrimen como argumento la pérdida de gobernaturas y de un considerable caudal de votos en el Edomex. Su preocupación es el escenario catastrófico de una derrota en el 2018 ante el ascenso del Morena y el surgimiento de un frente opositor encabezado por el PRD y el PAN.
Para enfrentar este peligro, exigen un control de daños por los resultados adversos, que incluiría la posterior salida de Ochoa Reza de la presidencia del PRI. Sin duda están aprovechando la debilidad de Peña Nieto como presidente y jefe real del partido.
Detrás de la discusión sobre el método de selección de candidatos, estas corrientes buscan el difícil objetivo de recomponer al PRI mediante un balance “crítico” y cierto distanciamiento de la figura presidencial. Quieren evitar que el barco naufrague. Como planteamos aquí, para encontrar un antecedente cercano de semejante crisis hay que remontarse a 1987.
Hasta el momento, el resultado es una novedosa confrontación entre la autoridad presidencial y un sector que no carece de figuras con peso en el partido. La resolución de las Asambleas estatales muestra la intensidad alcanzada. Está por verse si el enfrentamiento escala aun más; o si prima un consenso interno que tome en consideración las exigencias de Alianza Generacional y la Nueva Corriente Democrática.
Como suele pasar cuando en el horizonte hay tormenta, la incertidumbre y la pugna crecen porque no hay candidato potable para el 2018. Y porque se huele la derrota en el aire.
Los antiguos favoritos de Peña Nieto aparecen sepultados en las encuestas, como Luis Videgaray o incluso Aurelio Nuño. Tampoco despegan Ivonne Ortega o cualquiera de sus aliados en la interna priista. Miguel Ángel Osorio Chong, impulsado por personajes como José Murat, otro nefasto gobernador de Oaxaca ahora crítico del “dedazo”, es el mejor posicionado en los sondeos al interior del tricolor y aparece como probable candidato de “consenso”. Aún así, el secretario de Gobernación no llega al 20% de aprobación entre la población, según las encuestas más favorables.
El PRI llega al 2018 acarreando desprestigio y a los ojos de amplios sectores representa la continuidad de la corrupción y el autoritarismo. Si el PRI escoge un candidato demasiado cercano a Peña Nieto, puede costarle aún más caro en términos electorales. Si se agudiza el peligro de cisma, el escenario no será mejor. Mantenerse en Los Pinos será una meta difícil de alcanzar.

Pablo Oprinari
Sociólogo y latinoamericanista (UNAM), coordinador de México en Llamas. Interpretaciones marxistas de la revolución y coautor de Juventud en las calles. Coordinador de Ideas de Izquierda México, columnista en La Izquierda Diario Mx e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas.