A pesar de la ayuda en la recuperación del PSOE, las renuncias programáticas y a sus posiciones sobre Catalunya si llega a vicepresidente, Sánchez mantiene el veto a Iglesias para su nuevo gobierno. Los puntos para una investidura fallida aumentan, incluso para unas nuevas elecciones.

Santiago Lupe @SantiagoLupeBCN
Jueves 18 de julio de 2019 18:42
¿Tanta rebaja del programa de Podemos y entrega para esto? Esta debe ser la pregunta que quita el sueño a Pablo Iglesias. A escasas horas de que se cierre el plebiscito electrónico de agrupamiento en el que el secretario general espera obtener un respaldo a su propuesta de un gobierno de coalición , el presidente del gobierno en funciones Pedro “Sánchez” confirmaba en una entrevista en La Sexta su veto a la participación del mismo Iglesias en el Consejo de Ministros.
Más allá de la retórica y argumentos de cada uno de los dos, este, y no alguna cuestión de programa o gran política de Estado, es lo que les separa y puede hacer fracasar las dos sesiones de investidura previstas para la semana que viene.
Acabar con Iglesias para terminar de reflotar el PSOE
Iglesias no puede aceptar un acuerdo en el que él no esté incluído, de eso depende blindarse internamente contra todo intento de removerle del liderazgo de la formación morada y de evitar que su ex número dos, Íñigo Errejón, aproveche ese ninguneo de Sánchez para querer rivalizar el espacio a la izquierda del PSOE que le ha disputado y ganado nada menos que en Madrid.
Sánchez se siente seguro como para lanzar un órdago a derecha a izquierda. Está convencido de que la recuperación del PSOE, a la que desde Unidos Podemos han contribuido enormemente con su política de suplicar un gobierno en común desde 2015, solo puede culminarse con la casi liquidación de su “socio preferente”. Y eso pasa por descabezar Podemos, fomentar sus divisiones -qué mejor que dar ministerios a otros miembros de la formación que trabajarán para él en Moncloa y la calle Princesa- o, incluso, llevarlos a unas segundas elecciones con el “sanbenito” de ser los responsables de que no haya un nuevo “gobierno de izquierdas”.
También, ya de paso, apura a la derecha del Partido Popular (PP) y Ciudadanos (Cs), exigiéndoles por “responsabilidad de Estado” una abstención que, a pesar de los esfuerzos del IBEX35, el grupo Prisa y sectores de Cs, es muy difícil que se produzca. De esta manera, en caso de repetición electoral, aunque es posible que el PP no se resentirá de un “No” a Sánchez, no está descartado que la jóven promesa de la derecha cool, Albert Rivera, sufra un retroceso considerable. Al final el “sanchismo” puede ser el reconstructor de un extremo centro como el del antiguo bipartidismo, solo que con algunos brotes nuevos, pero menos irrelevantes de lo prometido, en sus extremos.
La ingratitud de Sánchez con las renuncias sin límites de Podemos
Decimos que esta guerra de baja política – o pelea de camarillas - es lo que verdaderamente hay detrás de la posible investidura fallida, e incluso unas nuevas elecciones. No hemos visto en estos días, “ni se le espera”, ninguna diferencia o línea roja sobre el contenido del posible nuevo gobierno. No porque el PSOE se haya avenido a aceptar alguna de las medidas o gestos que enarbolaba en su campaña o lo hacía Podemos en sus mitines de primavera. Sino porque Pablo Iglesias se ha encargado de decir por activa y por pasiva que, en ese terreno, habían cedido todo lo que les pedías y estaban dispuestos a seguir haciéndolo, como le reconoció a Ferreras en su entrevista en La Sexta el pasado martes.
Veamos solo algunos botones de muestra. El PSOE ha dejado claro que no piensa derogar las reforma laboral de Rajoy, Iglesias cede y no lo pide ya como parte de un acuerdo de gobierno. El PSOE se niega a asumir la revalorización automática de las pensione como exigen desde hace meses los pensionistas, Iglesias cede y no lo pide ya como parte de un acuerdo de gobierno. El PSOE mantiene y refuerza la política de extranjería, con construcción de nuevos CIEs anunciados por Marlaska, e Iglesias cede y no lo pide ya como parte de un acuerdo de gobierno. El PSOE confirma su negativa a cualquier medida reguladora del mercado de vivienda para desinflar la burbuja del alquiler, Iglesias cede y no lo pide ya como parte de un acuerdo de gobierno. Y así podríamos seguir hasta rellenar líneas y líneas de este artículo.
Especial resonancia han tenido sus renuncias en la cuestión catalana. Éste es el asunto de Estado que Sánchez ha alegado como línea roja para no dejar entrar e Iglesias en el Consejo de Ministros. Iglesias no solo no es que viera problema alguno para compartir ejecutivo con uno de los partidos del bloque monárquico que impuso el artículo 155 contra el referendum independentista cátalan y que están detrás, mediante la Abogacía del Estado, de la Causa General contra el independentismo, sino que incluso llegaron a declarar que no sacarían los pies del plato en esta cuestión acatando y asumiendo la previsible sentencia condenatoria del Supremo en otoño. Nunca nadie hizo tanta gala a la famosa cita de los hermanos Marx de “estos son mis principios, si le molesta, tengo estos otros”.
Otra izquierda es posible y necesaria
Las negociaciones para la investidura están llegando a su fín en este primer round. Si, como parece ser, acaban fracasando, veremos un segundo round aún más reñido. Las presiones del establisment para que la derecha se abstenga seguirán operando e in crescendo. Podemos puede profundizar en su proceso de cesión sin límites, pero tampoco se puede descartar que de un viraje en exigencia y críticas al PSOE y su carácter de “rehén del IBEX35”. Un consejo, no se crean ni media palabra, será solo el arranque de la larga precampaña electoral de noviembre. Como en las elecciones de esta primavera, cerradas las urnas, las demandas que más simpatía han generado del programa de Unidos Podemos volverán al cajón como ha sucedido en estas semanas.
La integración de Podemos en el Régimen del 78 como un partido más de este nuevo turno a bloques -que no termina de funcionar y que puede ser la antesala de un retorno bipartidista- es cada día más clara. La clase trabajadora, la juventud, las mujeres y los inmigrantes nada podemos esperar de estas negociaciones por arriba con el partido que introdujo la precariedad laboral, ocupa junto al PP asientos en los principales consejos de administración y es uno de los “hombres de Su Majestad”. La necesidad de prepararse para enfrentar al nuevo gobierno desde la movilización y de construir una izquierda anticapitalista y de clase sigue a la orden del día.

Santiago Lupe
Nació en Zaragoza, Estado español, en 1983. Es director de la edición española de Izquierda Diario. Historiador especializado en la guerra civil española, el franquismo y la Transición. Actualmente reside en Barcelona y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.