Alberto Fernández habló de su pasado "revolucionario" y los liberales buscan explotar un perfil rebelde. ¿Qué hay detrás de la pelea por el voto joven?

Leo Améndola TW/IG: @aladelos
Martes 10 de agosto de 2021 13:54
🖋️ EDITORIAL | Alberto Fernández y el síndrome del Señor Burns en la pelea por el voto joven - YouTube
Hay dos cuestiones que empiezan a aparecer con más peso que otras en los temas de la campaña electoral que está en curso.
1- El descontento y cierto desinterés que aparece en algunos sondeos que tiene como explicación el impacto social del ajuste que se está viviendo y sobre todo cómo se va a expresar ese humor en la elección
2- La duda respecto de qué va a pasar con el llamado voto joven.
Desde el oficialismo una respuesta general que aparece son algunas medidas “pragmáticas” o anuncios electorales. Es decir, tomar algunas medidas que buscan un efecto inmediato (más allá del alcance real que tenga) con los que buscan dialogar con estos sectores.
En este marco aparece el discurso de AF de ayer.
¿Qué anunció?
Se trata de “Argentina Programa”. La segunda etapa de este plan de unos 60.000 subsidios para jóvenes que hagan los cursos de programación informática que el propio Estado propone.
Primero por el anuncio y los datos:
Son 60.000 subsidios, mientras la situación a la que supuestamente viene a responder es mucho más grave. Según el INDEC la desocupación en la juventud trepa al 19% en los varones y al 26% en las mujeres (cuando el promedio es del 10,2%).
Y el dato de precarización laboral que alarma. Alcanza a más del 70% (y 74% en las mujeres)”
La precariedad laboral, es una de los componentes de un combo más grande que incluye la inseguridad de quedarse sin laburo, momentos de desempleo, y la falta de perspectiva de un plan a largo plazo en la vida, de poder contar con un título universitario, o de irse a vivir solos. Esto en un objetivo cada vez más difícil para las nuevas generaciones que se quiere ocultar como un problema de deseos o “cultural”, pero que tiene un fundamento tan concreto como la imposibilidad de bancar un alquiler.
En una situación difícil para los jóvenes las patronales utilizan la situación para sus propios objetivos quizá con la idea de presionar por mayor precarización.
Es el caso de Toyota la que salió sin problemas a decir que no encontraba jóvenes calificados para tomar en su fábrica.
Después del apriete, consiguió resultados. A través del Ministerio de Trabajo, el gobierno le ofreció beneficiarse de una reducción de las contribuciones patronales del 90% al emplear varones, y del 95% en caso de que sean mujeres. La automotriz está pasando su mejor momento.
El viernes un grupo de jóvenes se juntaron en campana para repudiar los dichos de Daniel Herrero, el gerente de Toyota y de ahí recuperamos algunos planteos de los jóvenes:
"Nos tratan de burros e ignorantes, terminé el secundario hace 3 años para bancar a mi familia. Busco trabajo todos los días y hago changas. Pero necesitamos algo estable para vivir". "A las mujeres nunca nos llaman de la fábrica y es difícil conseguir trabajo de por sí. Las empresas no cumplen con el cupo femenino. Ganamos algunos derechos las mujeres pero faltan muchísimos más"
Dentro de los jóvenes que hablaban había jóvenes militantes del Frente de Izquierda.
Ni a la juventud kirchnerista, ya que la juventud Albertista casi no tiene realmente una identidad política, ni los jóvenes liberales o de Juntos que claramente defienden otros valores.
Cómo ahora aprietan las encuestas, la disputa por el voto joven da escenas graciosas. Algo así como el Síndrome del señor Burns joven que ayer afectó en particular a Alberto Fernández.
¿Se imaginan a un joven protagonista del Mayo francés viendo cómo el revolucionario Alberto Fernández arma su coalición electoral con el extremista Sergio Massa o con el combativo Juan Manzur?
¿A qué responde algo tan forzado? En parte a que el oficialismo está buscando desesperadamente una forma de dirigirse desde afuera a la juventud.
En su momento el Kirchnerismo, apoyado en el aparato del estado había llegado a desarrollar una militancia de una juventud política con cierto peso y capacidad de movilización, pero que los años que estuvo desde el llano mientras gobernó el macrismo implicó un retroceso.
Hoy no hay algo así como una juventud Albertista, y aparecen estos intentos con medidas parciales y discursos coucheados de la búsqueda del voto joven.
Liberales. En esta disputa y en el análisis muy manijeados por varios medios aparecen los liberales queriendo vender un discurso rebelde pero apoyado en valores de derecha y a contramano de las preocupaciones de los más jóvenes donde la defensa del ambiente y las libertades democráticas tienen una extensión importantísima.
¿Dónde hay que mirar entonces para buscar transformar a fondo esa realidad con distintos grados de distopía que propone el capitalismo para las nuevas generaciones?
No necesariamente la onda de cierta resignación que se puede expresar en un sector de jóvenes que ven que esto no camina, tiene que ser combustible para la antipolítica o los mal llamados libertarios. Puede ser motor de aires nuevos también, donde no es esa rebeldía trucha de los liberales lo que aparece o los discursos forzados sino la fuerza de la rebelión callejera y de la movilización.
Es lo que Latinoamérica puso en la agenda con la Rebelión en el Oasis Chileno, o con la primera línea que se bancó los combates callejeros en Colombia. Con los miles de jóvenes norteamericanos que salieron masivamente a repudiar el asesinato de Floyd.
Ahí hay sin duda otro tipo de rebeldía. Por algo los ejemplos de Alberto Fernández sonaron un tanto atemporales. Los hippies, los 70, MANAL, spinetta que bancamos mucho, el mayo del 68 incluso.
Los ejemplos que mencionamos recién. muestran que solo con rebeldía y movilización callejera no alcanza. Que la estructura de los estados, los partidos, el conjunto de instituciones tiene muchas cartas para jugar antes de resignar sus intereses más profundos. Entran la represión, los desvíos, las figuras nuevas en la política que dan cierto aire, las negociaciones con los viejos actores.
Por eso quizás el desafío más grande ahora, es preparar ese futuro. Y eso implica peleas en el presente. Hay algo de esa idea en el lema que difunde el último spot que tiene a la juventud del PTS como protagonista: El futuro que deseamos, es el futuro que peleamos.
Llegar preparados a esos momentos en que lo insostenible del ajuste que estamos viviendo pueda dar esas expresiones de auténtica rebeldía.
Y parte de esa preparación incluye trabajar por una salida común, que una los intereses de las nuevas generaciones al destino más general de los trabajadores y de los sectores populares.
Por eso una de las consignas principales que viene levantando el FITU es la reducción de la jornada laboral, para que todos trabajen con un salario igual a la canasta familiar apunta a unir una demanda que cruza transversalmente, que implica una respuesta para el conjunto de los trabajadores y que a la vez da una solución a esa problemática tan extendida dentro de los jóvenes cómo es la precarización del trabajo y de la vida.
Los dejo con esta idea. Que parte de esa preparación para dar una salida por izquierda a la nada que ofrecen a la juventud implica también dar también una pelea en el terreno electoral. Para fortalecer desde ahora las posiciones de una izquierda rebelde, anticapitalista. Donde el deseo y la batalla por una revolución que termine con este mundo tan gris que nos ofrecen, no sea palabra insertada a la fuerza en un acto de campaña, sino una pelea de todos los días.
Y esa es una pelea que necesariamente tiene a los propios jóvenes trabajadores, precarizados, estudiantes, universitarios y secundarios como protagonistas.
Los dejo también con una frase del mayo francés que quizás el presidente no recuerda o que ni siquiera conoce: “Digo no a la revolución con corbata.”

Leo Améndola
Trabaja en el MTEySS y es delegado de ATE-Trabajo. Miembro de Izquierda Diario y militante del PTS