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T-MEC E IMPERIALISMO. El T-MEC implicará nuevas condiciones laborales y aranceles a discreción de Trump

El nuevo tratado, además de imponer condiciones a la producción en México y poner en cuestión la posibilidad de producir medicamentos genéricos, significará nuevas condiciones en materia laboral y prevé que el gobierno norteamericano pueda restringir la importación de mercancías con aranceles.

Miércoles 8 de julio de 2020

El gobierno de López Obrador ha presentado la entrada en vigor del T-MEC como un acierto que beneficiará a la economía mexicana en el marco de la fuerte crisis económica que enfrenta el país con la pandemia del COVID-19.

No obstante, hay distintos aspectos de este tratado que representan un empeoramiento en las condiciones del intercambio entre ambos países para el beneficio de las empresas y el capital estadounidense.

En otras notas hemos hablado sobre lo que implica la imposición de parte de Estados Unidos de que los productos que se exporten a este país contengan menos componente importado producido por fuera de la región. Esto puede afectar a la industria automotriz, una de las ramas más dinámicas de la manufactura mexicana.

También se ha problematizado el tema de la propiedad intelectual y las patentes, aspectos contenidos en el T-MEC que van a golpear la posibilidad de que en México se produzcan medicamentos genéricos.

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Además hay dos aspectos que también son relevantes y que pueden significar cambios trascendentes en la industria mexicana. Por un lado, el T-MEC plantea que México tendrá que cumplir nuevas reglas laborales vigiladas desde el propio Estados Unidos y por otro el artículo 232 del tratado permite que el gobierno estadounidense pueda imponer aranceles a todas aquellas importaciones que el presidente consideres que son una “amenaza” para la seguridad nacional.

Ahora habrá inspectores que reportarán a Estados Unidos para que se cumplan condiciones laborales específicas; el objetivo sería homologar el mercado laboral entre las industrias que operan en las mismas ramas en Estados Unidos y México. Algunos analistas han señalado que esto puede homologar a la baja las condiciones de trabajo en Norteamérica, mientras otros señalan que habrá una confrontación con los sindicatos “charros” de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), sindicatos que ya han interpuesto amparos buscando conservar sus privilegios en el nuevo periodo.

Lo cierto es que de la mano de los inspectores estadounidenses no es como la poderosa clase obrera mexicana podrá garantizarse mejores condiciones de trabajo, ni sindicatos democráticos. Solamente la organización y la lucha podrán conquistar aumentos salariales y derechos laborales. Las trasnacionales que operan en México buscan justamente aprovechar los bajos “costos salariales” que hay en el país, y el gobierno no va a confrontar con sus intereses.

Por otro lado, uno de los aspectos más nocivos del T-MEC es justamente el artículo 232, con el que el gobierno de Donald Trump o cualquier otro que estuviese en su lugar, podrá aplicar aranceles si considera que lo que se está importando pone en peligro la “seguridad nacional”. Esto es tan ambiguo que bien podría ser utilizado para cobrar aranceles a la industria pesada, al aluminio, al acero, pero también a productos agropecuarios y materias primas.

Es decir, con este artículo, el gobierno estadounidense puede saltarse el propio tratado y proteger ramas o industrias que considere prioritarias o estratégicas. Esto le viene muy bien al gobierno de Trump en el marco de la guerra comercial que mantiene con China, pero significa un salto en el empeoramiento de las condiciones de intercambio entre México y Estados Unidos.

El T-MEC es un tratado que avanza en la subordinación y la dependencia de México con respecto al imperialismo estadounidense. Estados Unidos es una economía 20 veces mayor a la mexicana, un tratado de libre comercio entre estos países, desde una óptica capitalista, solo puede significar beneficios para el capital trasnacional y peores condiciones para la economía nacional.

Como vemos, López Obrador tiene poco que celebrar en realidad con la entrada en vigor del T-MEC, un tratado que bien puede ser calificado como neoliberal.