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Red Internacional
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Diversidad Sexual. El ascenso de la derecha y los desafíos de la diversidad sexual

Tras las elecciones en Brasil que pusieron a Bolsonaro como “triunfador” de la primera vuelta, para la diversidad sexual el escenario no es favorable. Los crímenes de odio, por parte de simpatizantes del candidato, se han acrecentado. La necesidad de impulsar un movimiento LGTBI que pelee por sus derechos y enfrente a la derecha está más latente que nunca.

Suely Arancibia

Suely Arancibia Auxiliar Hospital Barros Luco.

Lunes 22 de octubre de 2018

Durante esta semana, las noticias se llenaron de sangre, con el asesinato a puñaladas de dos mujeres trans en Sao Paulo y Aracaju, el ataque a una lesbiana a quien le dibujaron la esvástica en su piel con cuchillos, y así la lista suma y crece. Y es que el candidato ultraderechista representa el machismo, el racismo y el odio a la comunidad LGTBI, alentando a sectores reaccionarios en todo el mundo.

En la misma vereda homofóbica que Bolsonaro, Trump planea eliminar en Estados Unidos el reconocimiento a la comunidad transgénero, señalando que el género está “determinado” por los genitales con los que se nace y es “inmutable”. De esta manera, Trump pretende revertir uno de los derechos conseguidos, al mismo tiempo que le quitaría el reconocimiento a 1,4 millones de personas.

En Uruguay, este viernes se celebró la aprobación de la Ley Integral para Personas Trans, por parte de la Cámara de Diputados, que establece medidas para revertir los mecanismos de discriminación y avanzar en la garantía de derechos para esta población como el acceso al trabajo, vivienda e intervenciones quirúrgicas. Pero este proyecto ya se ve amenazado por la derecha y los sectores más conservadores que buscan hacerlo retroceder.

Bolsonaro y Trump, representan lo más reaccionario en el continente, sin embargo plantean el fortalecimiento de la derecha en toda Latinoamérica. En Chile, la diversidad sexual aún no ha conquistado demandas que se impulsan desde hace años, como la adopción homoparental o el matrimonio igualitario, donde esta última fue reducida al Acuerdo de unión civil en el Gobierno de Bachelet y que, pese a significar un avance, es profundamente insuficiente.

Además, recién este año se aprobó la Ley de Identidad de Género, la cual también tiene varios límites al plantear los 14 años como límite de edad, y parlamentarios de la derecha, como Chile Vamos, continúan buscando que se declare inconstitucional. Hoy, esta misma derecha y la iglesia conservadora están haciendo fila para reunirse con Bolsonaro, como ya lo han hecho José Antonio Kast, Jacqueline Van Rysselbergue y la bancada evangélica.

Piñera y su Gobierno de los empresarios, ya viene atacando a la juventud a través del estatuto laboral juvenil y el proyecto Aula Segura, también a las mujeres negándose al aborto y al derecho a decidir de mujeres y todo cuerpo gestante, mientras miles de trabajadores también vienen sufriendo los ataques de este Gobierno con los cierres de empresas y despidos. Y se pronostican mayores ataques con las reformas a las pensiones y al Código Laboral.

La comunidad LGTBI debe conquistar demandas como el aborto legal, el matrimonio igualitario, la adopción homoparental, una ley de identidad de género sin límite de edad y cupos laborales trans, entendiendo que en su mayoría son relegados al trabajo sexual o aquellos en los que están “ocultos” como los call center. Pero para que esto ocurra no sirve la vieja fórmula de marchas carnavalezcas y por hito del MOVILH o Iguales para luego pactar con la ex Nueva Mayoría o, incluso la derecha. Es necesario organizarse, independiente de los partidos de régimen, para arrebatarle estos derechos al Gobierno, enfrentando a las alas conservadoras que se oponen.

Pero la conquista de estos derechos requiere de la unidad en las calles con el movimiento de mujeres, con la juventud y les trabajadores, para ser una fuerza que haga retroceder los ataques y enfrente a la derecha, así como en todo el mundo, el pasado 20 de octubre, se movilizaron mujeres y diversidad sexual contra Bolsonaro. Por eso, es necesario hacerse parte de las movilizaciones de este 24 de octubre por NO + AFPs y el paro convocado por la CUT este 8 de noviembre, organizándolas activamente en lugares de estudio y trabajo para que sean efectivas, y avanzando a construir en las calles una gran fuerza que se proponga conquistar estas demandas con la lucha de clases y no con el lobby parlamentario.