"Fue intento de violación o sólo lo estás inventando", increpó la policía mujer a joven atacada en Ecatepec.
Martes 24 de octubre de 2017

A propósito de Yndira Sandoval y las declaraciones de la policía de Tlapa, Guerrero, cuento mi historia con una policía de Ecatepec, tierra de feminicidios.
Fui a una fiesta y tuve que regresar a casa con un par de cervezas encima. Tenía aliento alcohólico. Vi sobre la avenida una combi que decía "San Cristobal centro", la abordé y minutos después noté que el chofer estaba borracho. A punto de llegar a mi destino, el penúltimo pasajero se bajó en una calle oscura, el chófer aprovechó la circunstancia y quiso violarme, pero me defendí y sólo logró arrancarme la blusa y manosearme.
No sé cómo pude bajarme de la combi y parar otra unidad a mitad de la calle para pedir ayuda. Los pasajeros me miraban desconcertados, uno de ellos le habló a la policía para que me ayudarán y ahí fue donde comenzó mi segundo calvario: llegó la patrulla con dos policías, una mujer y un hombre que eran los oficiales a cargo esa noche. El chico que espero conmigo tomó su rumbo pensado que quedaba en buenas manos...
Primero me increpó la policía mujer, puso en duda si fue intento de violación o sólo lo estaba inventado. Me juzgó por ser mujer joven y tener aliento alcohólico, mientras su compañero sólo se burlaba de mí y dijo en voz alta: “¡Para esto nos hicieron salir!”.
Yo no sabía qué responder, ella sólo me gritaba, me regañaba y me culpaba por llevar una blusa escotada, tener aliento alcohólico y estar sola a “altas horas de la noche” en viernes.
Decidí irme a mi casa a llorar y hablarle a Ale Toriz (miembro de la agrupación de mujeres Pan y Rosas) para contarle lo que me había pasado. Entonces tenía poco de conocer a las chicas de Pan y rosas y los compañeros del MTS, todos ellos llegaron muy temprano a San Cristóbal, Ecatepec me apoyaron, compartieron mi rabia y fuimos a levantar la denuncia.
Hoy cuento mi historia para decirles que la policía no está para cuidarnos, sean hombres o mujeres. Yo no le creo a la misma policía que desaparece mujeres, a la que está ligada a las redes de trata, que tortura sexualmente a las que se organizan. Jamás me "hermanaré" con una mujer sólo por ser mujer, jamás traicionaría mis principios de clase sólo por "sororarme" con una de mi género.
Claudia Juárez Gómez, la policía que señala Yndira por violencia sexual no es una mujer indígena, pobre e ingenua como el Estado y Televisa la presentan, ella es parte del aparato represor del Estado: el responsable de la tortura sexual a las mujeres de Atenco y a las aguerridas maestras oaxaqueñas, el que desapareció a mis compañeros normalistas, el que nos reprime cada vez que salimos a luchar, en Oaxaca, en Guerrero, en la Ciudad de México.
No sólo es la policía como mujer individual que violó a una defensora de Derechos Humanos, es el Estado con todas sus letras encarnado en ella. Ahora revictimizan a Yndira por encontrarse en estado de ebriedad y ser prepotente, como si fuera justificación de la violencia sexual que ejerció una mujer policía hacia ella.
No me interesa si Yndira estaba borracha, si fue prepotente o si les gritó a los que la intentaban subir a la patrulla, si "alteraba el orden público". No hay ninguna justificación ante lo que sufrió. Lo que rescato es su denuncia contra el Estado, no soy ninguna ingenua y los pocos años que llevo de lucha me han servido para reflexionar e identificar a las que están del otro lado de la barricada. Las que nos agreden, violan e intimidad. No todas somos iguales. La denuncia es hacia el Estado y hoy tiene rostro de mujer.
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